El sábado 11 de octubre (28 de septiembre del calendario antiguo), el ministro liberal inglés Lloyd George inició la “campaña agraria” con dos “brillantes” discursos en la ciudad de Bedford. Así como nuestro Kit Kítych Guchkov prometió “ajustar cuentas” con los privilegiados y todopoderosos terratenientes rusos, el ministro liberal inglés prometió emprender una campaña sobre el problema de la tierra, desenmascarar a los terratenientes –los landlords– y apelar al pueblo con una reforma agraria “radical” (¡Lloyd George es extraordinariamente radical!).

Los periódicos liberales en Inglaterra se esforzaron por dar el mayor realce posible a la intervención de su líder. ¡Propaganda, propaganda a toda costa! El discurso es demasiado largo: publiquemos un breve “resumen”, llamémosle “carta” agraria, adornémoslo de modo que, en lugar de las evasivas diplomáticas del especulador parlamentario, aparezca una larga lista de reformas, un salario mínimo, 100.000 cottages (casitas) para los obreros y la “expropiación forzosa de la tierra por su valor neto (¡¡!!) de propiedad”.

Para mostrar al lector cómo hace agitación entre el pueblo el ministro de la burguesía liberal inglesa, citaremos algunos pasajes de los discursos de Lloyd George en Bedford.

“No hay cuestión más vital, más fundamental que la cuestión de la tierra –exclamaba el orador–. El alimento de que se nutre el pueblo, el agua que bebe, las viviendas en que habita, la industria que le da de ganar, todo depende de la tierra”. ¿Y a quién pertenece la tierra en Inglaterra? ¡A un puñado de ricos! Una tercera parte de toda la tierra en Inglaterra pertenece a miembros de la Cámara Alta. “El landlordismo (la propiedad territorial de los señores) es el mayor de los monopolios en nuestro país”. El poder de los landlords es ilimitado. Pueden expulsar a los arrendatarios, devastar la tierra, peor que el enemigo. ¡Oh, no ataco ni a personas ni a clase –se desgañitaba el ministro–, pero, ¿se puede tolerar esta situación?

La cantidad de población agrícola ha disminuido de más de dos millones a un millón y medio en los últimos decenios, mientras que el número de guardas de caza ha aumentado de 9.000 a 23.000. No hay un solo país en el mundo donde haya tanta tierra sin cultivar, donde los colonos-granjeros sufran tanto por la caza que crían los ricos para su solaz.

Las riquezas de Inglaterra crecen vertiginosamente. ¿Y los trabajadores rurales? Las 9/10 partes de ellos ganan menos de 20 1/2 chelines (unos 10 rublos) por semana, suma que en las workhouses se considera necesaria para que una persona no muera de hambre. El 60% de los obreros agrícolas ganan menos de 18 chelines (unos 9 rublos) por semana.

Los conservadores proponen la compra de tierra en pequeñas parcelas. Pero al que habla de compra –tronaba el Rodichev inglés– yo le preguntaré: ¿a qué precio? (risa general).

¿No aplastará al pequeño comprador el alto precio? ¿No lo aplastarán los elevados impuestos? Tenemos una ley sobre asignación de tierra a los obreros. He aquí algunos ejemplos. En una parcela de tierra todos los impuestos y gravámenes suman 30 libras esterlinas (unos 270 rublos). La compran y, dividida en pequeñas parcelas, la revenden a los pobres a plazos. ¡Los pagos resultan ser de 60 libras!

Y la despoblación de las aldeas inglesas amenaza con dejar a nuestro país indefenso: sin un campesinado fuerte no hay ejército fuerte. Jugar con el nacionalismo y el chovinismo groseros, ¿acaso puede un liberal ruso o inglés prescindir de ello?

La tierra no la crearon los latifundistas –exclamaba Lloyd George–. El país debe elegir entre el poder de los terratenientes y el bienestar de los obreros. Hay que actuar con firmeza, con decisión contra los monopolios, y la propiedad de la tierra es el mayor monopolio. Hay que dar garantías al granjero-arrendatario de que no lo echarán, de que no lo privarán de los frutos de su energía y de su arte (una voz desde la concurrencia: ¿y qué medidas proponen ustedes?). Hay que actuar. Basta de intentos tímidos y de medias tintas. Hay que actuar de forma radical, como procede la gente de negocios. No se trata de remiendos, sino de eliminar el monopolio.

¡Asegurar un salario mínimo al obrero, reducir la jornada laboral, darle una casita digna y cómoda, darle un pedazo de tierra para que pueda cultivar algunos productos para su familia! Hay que crear una escalera de progreso para que los obreros “emprendedores” puedan ascender por ella, desde la pequeña parcela, el huerto, hasta una pequeña hacienda independiente. Y los más emprendedores deben ir más lejos y convertirse en grandes granjeros en nuestro país. Los seducís con los encantos de la emigración a América, a Australia. Pero nosotros queremos que aquí en Inglaterra, en su propia tierra natal, el obrero británico encuentre su sustento, encuentre una vida libre, encuentre comodidades para sí y para sus hijos.

Tronar de aplausos... Y se siente que algunas voces solitarias de oyentes no embaucados (como aquella que gritó: ¡pero ustedes qué proponen!) parecen observar: bien canta, pero ¿dónde irá a parar?...

Bien canta el ministro liberal inglés, favorito de la masa pequeño-burguesa, grandísimo maestro en frustrar huelgas mediante el engaño irresponsable de los obreros, el mejor servidor del capital inglés, que esclaviza tanto a los obreros británicos como a los 300 millones de habitantes de la India. Pero, ¿qué fuerza ha obligado a este especulador redomado, lacayo del talego de dinero, a pronunciar discursos tan “radicales”?

La fuerza del movimiento obrero.

En Inglaterra no hay ejército permanente. Al pueblo no se le puede contener mediante la violencia: sólo se le puede contener mediante el engaño. El movimiento obrero crece inconteniblemente. Hay que distraer la atención, hay que “entretener” a las masas con proyectos de reformas a bombo y platillo, hay que fingir una guerra contra los conservadores, hay que prometer limosnas, con tal de que las masas no pierdan la fe en los liberales, con tal de que sigan como ovejas tras los pastores: los capitalistas industriales y financieros.

Y las promesas de reformas... ¿acaso no dice el proverbio inglés que las promesas son como la corteza de un pastel: que se hacen para romperla? Lloyd George promete, y todo el ministerio liberal las llevará a la práctica, reduciendo sus promesas a la quinta parte. Y los conservadores las reducirán aún más: resultará una reducción a la décima parte.

El reformismo de la burguesía inglesa señala, más claro que claro, el crecimiento de un profundo movimiento revolucionario en la clase obrera de Inglaterra. No son los charlatanes, no son los charlatanes liberales quienes detendrán este movimiento.

“Za Právdu” núm. 8, 12 de octubre de 1913. Firma: V. I.

Se publica según el texto del periódico “Za Právdu”.