En el congreso agrícola panruso celebrado en Kiev, el 3 de septiembre, el agrónomo de Chernígov, Minin, presentó un informe sobre este importantísimo tema.

El señor Minin, al parecer, es un naródnik (que, por cierto, coincidía con el profesor burgués Kosinski en cuanto a la viabilidad de la economía «laboral»), y demostraba, con toda razón, que la agronomía ayuda a los campesinos acomodados. La ordenación de la tierra ayuda solo a los fuertes, y arruina a los desposeídos. La ordenación de la tierra es un carro en el que se sienta el fuerte y aplasta a los derrotados.

No cabe duda de que todo esto es una verdad absoluta. Solo pueden negarla personas carentes de escrúpulos. Pero, ¿en qué ve la «salvación» el señor Minin?

Decía (según la crónica de *Kíevskaya Mysl*{4}, n.º 244):

«Lo único que podrá salvar a las haciendas más pequeñas después del reparto será la formación de agrupaciones voluntarias entre ellas para el aprovechamiento conjunto (laboreo colectivo) de la propia tierra».

Es evidente que esta receta naródnikista es una pura chiquillada. Los terratenientes y los kuláks expulsan de la tierra a millones de campesinos, arruinando a otros millones. Todo el capitalismo mundial, toda la fuerza del intercambio internacional, todo el poderío de los capitales multimillonarios de la burguesía de todos los países arrastran a Rusia, alimentan y sostienen a su burguesía tanto en la ciudad como en el campo, incluyendo el interior de la comuna rural. ¡Y he aquí que nos dicen que el laboreo común, por parte de estos campesinos arruinados, de una parcela de su «propia tierra» es la «salvación»!! Es como intentar adelantar a un tren en velocidad y volumen de transporte con una carretilla de mano.

¡No, señores naródniks! Tenéis razón, por supuesto, cuando decís que este tren aplasta a la población pobre. Pero aquí no hay que pensar en la carretilla de mano.

No hacia atrás —del tren a la carretilla—, sino hacia adelante: del tren capitalista al tren de los proletarios unidos.

La inocente fantasía de los naródniks no solo es infantilmente ingenua, sino que es directamente perjudicial porque desvía el pensamiento de la población pobre de la lucha de clases. Fuera de la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, para rehacer todo el régimen capitalista, no hay salvación para la población rural pobre. Y cualesquiera uniones, cooperativas, arteles, etc., solo pueden ser útiles si participan conscientemente en esta lucha de clases.

Pero si es absolutamente indiscutible que el desarrollo del capitalismo y la proletarización del campo avanzan inevitablemente en Rusia, como en todo el mundo, sería un gravísimo error limitarse a esta verdad.

Hay diferentes capitalismos: el terrateniente, semifeudal, con una infinidad de residuos de todo tipo de privilegios, el más reaccionario y el más penoso para la masa, —y también el capitalismo de los granjeros libres, el más democrático, el menos penoso para la masa, con el mínimo de residuos de privilegios.

¿Qué influencia tendría, por ejemplo, en el desarrollo del capitalismo el paso en Rusia de todas las tierras a los campesinos, sin rescate alguno? Eso no sería socialismo. Sería también capitalismo, solo que democrático, no al estilo Purishkévich-Guchkov, sino al estilo naródnik-campesino. El desarrollo del capitalismo avanzaría entonces aún más rápido, más amplio, más libre y menos penoso para la masa.

He aquí la esencia de la actual, de la presente y verdadera cuestión agraria en Rusia. He aquí sobre qué (sin comprender la esencia del asunto) discutían en Kiev, por un lado, los defensores de la ordenación terrateniente de la tierra y de la agronomía burguesa, y por el otro, los naródniks y los demócratas constitucionalistas de izquierda{5} (como Shajovskói). Discutían sobre si la democracia burguesa debe dejar en manos de los Purishkévich la construcción de la nueva Rusia según el tipo feudal-capitalista, o si debe tomar la construcción en sus propias manos, en manos de la masa, en manos del campesinado, y llevar a cabo la construcción sin los Purishkévich, en dirección al capitalismo libre y democrático.

No es difícil comprender la posición del obrero consciente en esta disputa. Sabemos firmemente que tanto la vía de Stolypin como la naródnik significan el desarrollo del capitalismo, que en todo caso conduce al triunfo del proletariado. No nos desanimaremos ante ningún giro de la historia. Pero no permitiremos que ningún giro de la historia transcurra sin nuestra participación, sin la intervención real de la clase avanzada. La clase obrera no se muestra indiferente hacia las colisiones entre los Purishkévich y la democracia campesina, sino que defiende con el mayor ardor, con la mayor entrega, los intereses de la democracia campesina y de todo el pueblo en su expresión más consecuente.

Ni la menor concesión al socialismo, supuestamente tal, pero en realidad putrefacto (y de hecho, fantasía pequeñoburguesa) de los naródniks —y la máxima atención a la democracia campesina, a su ilustración, despertar y unificación, a su liberación de todos y cada uno de los rancios prejuicios—: he aquí la línea del obrero consciente.

¿Queréis soñar con la victoria de la carretilla de mano sobre el tren? —no vamos por el mismo camino, somos enemigos de la vulgar manilovschina. ¿Queréis luchar contra los Purishkévich? —vamos por el mismo camino, pero sabed que los obreros no perdonarán ni la más mínima vacilación.

Y hacia esas personas que con lacayuna precipitación se apresuran a refrendar el éxito «definitivo» de la ordenación de la tierra stolypiniana{6}, la clase obrera sentirá el desprecio con que las clases avanzadas, fuertes y hostiles al reformismo, tratan siempre a los oportunistas y a los paladines del éxito momentáneo.

*Pravda Truda*, n.º 3, 13 de septiembre de 1913. Firmado: V. Ilín

Publicado según el texto del periódico *Pravda Truda*.