El miércoles 17 de septiembre (4 de septiembre según el calendario juliano) falleció en Londres el camarada Harry Quelch, dirigente de los socialdemócratas ingleses. La organización de los socialdemócratas ingleses fue fundada en 1884 con el nombre de «Federación Socialdemócrata». A partir de 1909 pasó a denominarse «Partido Socialdemócrata», y desde 1911, tras la incorporación de algunos grupos socialistas independientes, «Partido Socialista Británico».

Harry Quelch fue uno de los trabajadores más enérgicos y abnegados de la socialdemocracia inglesa. Fue un militante no solo de la organización partidista socialdemócrata, sino también de la organización sindical de la clase obrera. La sección londinense del sindicato de tipógrafos le eligió en repetidas ocasiones su presidente. También fue presidente del «Consejo de Oficios» («Trades Council») de Londres, la oficina sindical de la capital.

Quelch fue redactor del órgano central de los socialdemócratas ingleses, el semanario «Justicia» («Justice»), así como de la revista mensual del partido «El Socialdemócrata».

Participó de manera muy directa en toda la labor de la socialdemocracia inglesa, interviniendo constantemente como orador en mítines del partido y en asambleas populares. En los congresos internacionales y en la Oficina Socialista Internacional, Quelch representó en repetidas ocasiones a la socialdemocracia inglesa. A propósito, en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart, Quelch sufrió una represión por parte del gobierno de Wurtemberg, que lo expulsó de Stuttgart (sin juicio, por orden policial, en su condición de extranjero) por haber calificado en un mitin popular la Conferencia de La Haya como «a thief's supper» (literalmente: banquete de ladrones). Al día siguiente de la expulsión de Quelch, al abrirse la sesión del congreso, los delegados ingleses dejaron vacía la silla que él ocupaba y colgaron en ella un cartel con la inscripción: «Aquí se sentaba Harry Quelch, expulsado ayer por el gobierno de Wurtemberg».

Los alemanes del sur se jactan a menudo de su odio a los prusianos con su formalismo burocrático, su burocratismo y su arbitrariedad policial; pero ellos mismos actúan como los peores prusianos cuando se trata de un proletario socialista.

Las condiciones históricas de la actividad de la socialdemocracia inglesa, cuyo dirigente fue Quelch, son sumamente peculiares. En el país más avanzado del capitalismo y de la libertad política, la burguesía inglesa (que ya en el siglo XVII ajustó cuentas con la monarquía absoluta de un modo bastante democrático) logró, en el siglo XIX, dividir el movimiento obrero inglés. A mediados del siglo XIX, Inglaterra gozaba de un monopolio casi completo en el mercado mundial. Gracias a ese monopolio, las ganancias del capital inglés eran increíblemente elevadas: se podía compartir una minúscula parte de esas ganancias con la aristocracia obrera, los obreros fabriles calificados.

Esa aristocracia obrera, que tenía entonces salarios aceptables, se encerró en sindicatos estrechos, egoístas y gremialistas, separándose de la masa del proletariado y alineándose en política junto a la burguesía liberal. Hasta hoy mismo, quizá en ningún otro lugar del mundo haya tantos liberales entre los obreros avanzados como en Inglaterra.

Pero en el último cuarto del siglo XIX las cosas empezaron a cambiar. El monopolio de Inglaterra fue socavado por América, Alemania, etc. La base económica del estrecho sindicalismo profesional y del liberalismo pequeñoburgués entre los obreros ingleses se ha derrumbado. El socialismo vuelve a levantar cabeza en Inglaterra, penetra en las masas y crece incontenible a pesar del desesperado oportunismo de la intelectualidad pseudosocialista inglesa.

Quelch estuvo en las primeras filas de quienes lucharon con firmeza y convicción contra el oportunismo y la política obrera liberal en el movimiento obrero inglés. Es cierto que el aislamiento de las masas imprimió a veces a los socialdemócratas ingleses un cierto carácter sectario. El dirigente y fundador de la socialdemocracia inglesa, Hyndman, llegó incluso a caer en el chovinismo. Pero el partido socialdemócrata lo rechazó, y en toda Inglaterra solo los socialdemócratas británicos llevaron a cabo durante decenios una propaganda y una agitación sistemáticas en el espíritu del marxismo. Este es el grandísimo mérito histórico de Quelch y de sus camaradas. Los frutos de la actividad del marxista Quelch se manifestarán con toda su fuerza en los próximos años del movimiento obrero inglés.

No se puede dejar de señalar, para concluir, la simpatía de Quelch hacia los socialdemócratas rusos y la ayuda que les prestó. Hace once años, un periódico socialdemócrata ruso tuvo que imprimirse en Londres. Los socialdemócratas ingleses, con Quelch al frente, pusieron a disposición su imprenta con toda solicitud. El propio Quelch tuvo que «apretarse» para ello: en la imprenta le separaron con un delgado tabique de madera un rinconcillo en lugar de la sala de redacción. En ese rincón apenas cabían una mesita de escritorio, un estante con libros encima y una silla. Cuando quien esto escribe visitaba a Quelch en ese «gabinete de redacción», ya no quedaba sitio para otra silla…

*Pravda Trudá*, núm. 1, 11 de septiembre de 1913.  
*Nash Put*, núm. 16, 12 de septiembre de 1913.  
Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico *Pravda Trudá*.