El millonario Salazkin intervino en nombre de los comerciantes de toda Rusia durante la Feria de Nizhni Nóvgorod con una petición de amplias reformas políticas. En la asamblea de tres mil obreros metalúrgicos de Petersburgo, los reformistas sufrieron una derrota decisiva, al reunir hasta 150 votos para su lista de candidatos a la junta directiva{119}.

Estos dos hechos, cuya comparación surge por sí sola, empujan incluso a las personas más carentes de principios a plantearse las cuestiones de principio de la política rusa contemporánea. Masas de gente de todas las clases se interesan por la política en Rusia, pero pocos tienen conciencia de la importancia de un planteamiento basado en principios de las cuestiones políticas. Pocos tienen conciencia de la importancia de los partidos, que siempre ofrecen respuestas meditadas, precisas y formuladas a estas cuestiones. Y cuando los partidos están vinculados a clases determinadas, tales respuestas se dan sobre la base de la experiencia del trabajo entre las masas y se verifican a lo largo de años de ese trabajo.

Precisamente así son las respuestas de los marxistas, que hace más de cuatro años y medio[39] evaluaron el sistema del 3 de junio y sus tareas frente a él. Un abismo entero separa a los obreros que, en todos y cada uno de los terrenos, actúan año tras año de manera consecuente con el espíritu de estas respuestas, de los intelectuales desconcertados que temen toda respuesta definida y resbalan a cada paso hacia el reformismo y el liquidacionismo.

No se puede sino sentir lástima por quienes, al observar la lucha de los marxistas contra los liquidadores, se despachan con palabras lastimeras sobre el perjuicio de las discusiones, las discordias, las querellas intestinas, el faccionalismo… ¡Y entre esas personas se cuentan muchos «también-marxistas» y todos los populistas «de izquierda»!

Los partidarios de principio de la burguesía y enemigos del marxismo, los liberales del periódico _Rech_, no pudieron pasar por alto los hechos antes señalados. En un artículo editorial (núm. 234) repiten todas las manidas y lastimeras palabras, pero no se limitan a ellas.

Los liberales se ven obligados a reconocer que «la lucha de los bolcheviques contra los liquidadores se libra en todas partes», que «ha penetrado en todos los poros del organismo obrero».

¿Acaso, entonces, podía esto ser casual?

No…

«Desde hace tiempo se perfilan ya profundas divergencias de principio que, en última instancia, se reducen a la cuestión del rumbo del desarrollo ulterior del país».

¡Por fin lo han comprendido! Los marxistas lo explicaron en diciembre de 1908, y los liberales empiezan a entenderlo en agosto de 1913. Más vale tarde que nunca.

«¿Es concebible —continúa el periódico liberal— la vía de las reformas, o bien “las reformas sólo son posibles como resultado colateral de un movimiento completamente libre de toda estrechez reformista” (cita de _Sévernaya Pravda_)? Así es como se plantea la cuestión».

¡Exactamente! La cuestión del liquidacionismo no es más que una parte del problema de los reformistas sin partido que se apartan del marxismo.

Pero es interesante ver cómo los liberales, partidarios de principio del reformismo, lo defienden.

«Desde luego, en la opinión de que las reformas son posibles sólo como “resultado colateral” hay mucha metafísica y fatalismo. Sin reformistas y sin reformismo no puede haber reformas, ni siquiera como “resultado colateral”…»

¡He ahí de nuevo una muestra de palabras airadas e intentos de esquivar la respuesta! ¿A qué viene la metafísica cuando la experiencia histórica —la experiencia de Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, la experiencia de toda la historia moderna de la humanidad en Europa y en Asia— demuestra que las reformas serias sólo han sido resultado colateral de un movimiento completamente libre de la estrechez del reformismo?

¿A qué viene el fatalismo cuando esa misma experiencia dice con claridad que la mayor efectividad la han demostrado precisamente las clases hostiles al reformismo?

¿O acaso el comportamiento de la clase obrera rusa en los primeros años del siglo XX trasluce más «fatalismo» que el comportamiento de los liberales del _zemstvo_ y la burguesía del último tercio del siglo XIX? ¡Se hacen ustedes ridículos, señores liberales!

¿Acaso son tan ignorantes que no ven la conexión entre los intereses de la burguesía como clase y su afán de limitarse al reformismo…, y entre la posición de la clase obrera y su impulso contrario?

¡No, señores, son malos defensores del reformismo en general! ¿Pero acaso defienden mejor el reformismo en la Rusia contemporánea?

«…Hay que reconocer —prosigue _Rech_— que la situación actual, que ha demostrado reiteradamente a los reformistas más modestos toda la vanidad de sus esfuerzos, empuja el pensamiento, y en especial los sentimientos de la gente, hacia la negación del reformismo».

¡De repente! Resulta que incluso ustedes, partidarios de principio del reformismo, no pueden apelar ni a la experiencia de la historia ni a la «situación actual» de Rusia. ¡Incluso ustedes se ven obligados a reconocer que esa situación está en contra de ustedes!

¿Qué clase de metafísicos y fatalistas son ustedes, señores —o qué clase de esclavos ciegos de la estrecha, egoísta y cobarde bolsa del dinero—, cuando, a pesar de la experiencia histórica y de la «situación actual», siguen manteniendo la posición sin principios del reformismo? Si no creen ustedes mismos en las reformas, ¿no defienden en la práctica a esa burguesía que intenta lucrar a costa ajena?

Es comprensible que el destacamento de vanguardia de la clase obrera de Rusia, los obreros metalúrgicos de Petersburgo, haya infligido una derrota demoledora a los reformistas y liquidadores en su propio seno. Según los datos del liberal y reformista _Rech_, los reformistas liquidadores reunieron 150 votos de un total de 2000, es decir, 7½ de cada cien. ¿No prueba esto una vez más —después de las elecciones obreras a la IV Duma, después de la historia del surgimiento de la prensa obrera en San Petersburgo y Moscú— que los liquidadores representan sólo a intelectuales desconcertados y semiliberales, y que la masa de obreros conscientes los ha condenado y rechazado firme y resueltamente?

_Sévernaya Pravda_, núm. 28, 4 de septiembre de 1913.  
_Nash Put_, núm. 9, 4 de septiembre de 1913.  
Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico _Sévernaya Pravda_, cotejado con el del periódico _Nash Put_.