El problema de las colectas obreras para la prensa obrera de Petersburgo ha sido objeto en los últimos tiempos de un animado debate en la prensa. Y hay que reconocer que un examen del problema a fondo y con toda seriedad es en absoluto necesario, pues se trata de una cuestión de enorme importancia política y de principio.

¿En qué términos se plantea el problema? Los liquidadores (*Nóvaya Rabóchaya Gazeta*) defienden que las colectas se dividan a partes iguales. Los marxistas (*Sévernaya Pravda*) exigen que las colectas se repartan según la voluntad de los obreros que aportan su óbolo. Discutiendo cuál es la orientación de uno u otro periódico, los propios obreros deben decidir para quién destinan sus colectas.

En el primer documento sobre este problema, en la resolución de los 22 electores, partidarios del liquidacionismo, se decía (véase *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* nº 2 del 9 de agosto) simplemente: «realizar las colectas a favor de los periódicos obreros en condiciones de igualdad». Después, en las resoluciones de una parte de los obreros de las fábricas Nobel y Putílov (allí mismo, nº 6, 8, 9, 10) se defendía y se llevaba a la práctica la división de las colectas a partes iguales en tres: para los marxistas, los liquidadores y los populistas. La redacción de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* aprobaba esto tácitamente y lo defendía en un artículo de G. R. (nº 9).

Por el contrario, *Sévernaya Pravda* demostraba que la división a partes iguales es un procedimiento incorrecto, que no responde a las tareas ni a los objetivos del marxismo.

Repetimos: todo obrero consciente debe analizar este problema con atención y con plena independencia.

¿Qué argumentos se esgrimen a favor de la división a partes iguales? Se apela a la «sacrosanta consigna de los obreros marxistas: ¡Proletarios de todos los países, uníos!».

Cabe preguntarse: ¿exige esta consigna la unión de los obreros marxistas, miembros, pongamos por caso, del partido marxista, con obreros que siguen a los partidos burgueses? Si reflexiona un poco, todo obrero convendrá en que no.

En todos los países, incluso en los más avanzados, hay obreros que siguen a partidos burgueses: a los liberales en Inglaterra, a los «radicales-socialistas» en Francia, a los católicos y al «partido popular» liberal en Alemania, al partido reformista (pequeñoburgués) en Italia, etc., hasta llegar al pequeño burgués PPS (*Partido Socialista Polaco*) en la vecina Polonia.

La gran consigna llama a los obreros a unirse en un partido proletario, independiente, de clase, y todos los partidos enumerados no son partidos proletarios.

Tomemos el principio fundamental de nuestros populistas. La idea populista de que la abolición de la propiedad privada de la tierra y la división a partes iguales es socialismo o «socialización», no es más que una concepción errónea y burguesa. Hace ya mucho tiempo que Marx demostró que los audaces economistas burgueses pueden exigir y, de hecho, han exigido la abolición de la propiedad privada sobre la tierra{118}. Se trata de una transformación burguesa que amplía el campo del capitalismo. Nosotros apoyamos a los campesinos, como democracia burguesa, en su lucha por la tierra y por la libertad contra los terratenientes feudales.

Pero la unidad de la organización proletaria de los obreros asalariados con la democracia pequeñoburguesa campesina constituye la mayor de las violaciones de la gran consigna del marxismo. Las tentativas de semejante unidad acarrearían un enorme perjuicio al movimiento obrero y siempre terminarían en un rápido fracaso.

La historia de Rusia (los años 1905-1906-1907) ha demostrado que los populistas no tienen ni pueden tener ninguna base masiva de clase, excepto el campesinado de izquierda.

Esto significa que los liquidadores y los obreros que les han seguido han renegado del marxismo, se han apartado del camino de clase, han emprendido la senda de la unidad sin partido de los obreros asalariados con un partido pequeñoburgués. Pues esto es precisamente una unificación sin partido, cuando al obrero se le dice: ¡no distingas dónde está el partido proletario y dónde el pequeñoburgués, y dale a todo por igual![38]

Las masas «no distinguen en qué consiste la esencia del asunto», escribía G. R. en el nº 9 de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta*. Precisamente por eso necesitamos el viejo, probado periódico marxista, para desarrollar la conciencia de las masas que «no distinguen», para ayudarlas a distinguir y a llegar a distinguir.

Y cuando G. R. y los publicistas como él apelan (sin plantear en absoluto la cuestión de la unificación de los dos partidos), apelan a las «masas que no distinguen en qué consiste la esencia del asunto», eso es una prédica del apoliticismo, es una apostasía del marxismo, es introducir subrepticiamente concepciones pequeñoburguesas y una política pequeñoburguesa.

Con semejante política, los liquidadores justifican que se les denomine liquidadores, es decir, renegados de la organización marxista y destructores de la misma.

Otro argumento (véase el artículo de G. R. y las reflexiones de la propia redacción de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* en el nº 6) consiste en que las colectas por orientaciones destruyen el «rechazo unánime a la reacción» que persigue a los periódicos obreros.

Reflexionando, todo obrero consciente verá que éste es el viejo argumento liberal sobre la destrucción de la «unanimidad frente a la reacción» que supone la separación de la democracia respecto a los liberales. Es un argumento burgués, un argumento profundamente erróneo.

La masa sin partido, que «no distingue —según la afirmación del liquidador G. R.— en qué consiste la esencia del asunto», aprende perfectamente a través de los ejemplos. Quien todavía es muy ignorante y poco consciente, no sabe pensar y «distinguir» o le da pereza, hace un gesto con la mano y dice: «yo también protesto, que se dé a todos por igual». Pero quien empieza a pensar y a «distinguir», irá además a escuchar la discusión sobre las plataformas, es decir, la defensa de los puntos de vista de cada orientación, y, escuchando a los más conscientes, poco a poco aprenderá por sí mismo y pasará de la indiferencia y de una vaga simpatía hacia todos a una actitud definida y meditada respecto a los periódicos.

Todas estas verdades elementales, que «todo obrero debe conocer y tener presentes», han sido olvidadas por los liquidadores. Los liquidadores han demostrado con su plan de «dar a todos por igual» que se les considera con razón como predicadores del apoliticismo, apóstatas del marxismo y defensores de la «influencia burguesa sobre el proletariado» (véase la resolución unánime de los marxistas de enero de 1910).

La organización marxista une a los obreros conscientes mediante un programa común, una táctica común, unas decisiones comunes sobre la actitud ante la reacción, ante los capitalistas, ante la burguesía democrática (populistas), etc. Todas estas decisiones comunes –entre otras, las resoluciones de 1908, 1912 y 1913 sobre la inconsistencia y el carácter funesto del reformismo– son defendidas y aplicadas sin descanso por los marxistas.

Las discusiones (conversaciones, debates, polémicas) acerca de los partidos y de la táctica común son imprescindibles; sin ellas la masa se disgrega; sin ellas es imposible una decisión común y, por consiguiente, tampoco es posible la unidad de acción. Sin ellas se descompone la organización marxista de los obreros que «distinguen en qué consiste la esencia del asunto» y se facilita la influencia de la burguesía sobre los atrasados.

Defendiendo las colectas por orientaciones, las colectas con discusión de plataformas, los mejores obreros de Petersburgo luchan por el marxismo contra los partidarios del apoliticismo.

Y nosotros confiamos en que los obreros defenderán siempre y en todas partes, con todas sus fuerzas, únicamente el sistema marxista de colectas y discusiones que instruyen a la masa.

*Sévernaya Pravda* nº 27, 3 de septiembre de 1913. Firmado: V. Iliín

Se publica según el texto del periódico *Sévernaya Pravda*