Ha pasado al dominio del pasado la época histórica, la época de la “acumulación originaria”, cuando el noble terrateniente refunfuñaba y solicitaba “confianza”, y el comerciante se inclinaba y agradecía.

También ha pasado la primera fase de la época del Tres de Junio, contrarrevolucionaria, cuando el comerciante, mortalmente asustado por el movimiento de masas, miraba a Stolypin con entusiasmo y enternecimiento. Ha comenzado la segunda fase, la fase del ascenso obrero, de la animación “social” y del liberalismo de los comerciantes.

La valoración correcta de este liberalismo, intermedio entre el octubrismo y el partido de los kadetes, se impone cada vez más (en virtud del curso de los acontecimientos) incluso a la democracia pequeñoburguesa. *Sévernaia Pravda* citaba recientemente el justo razonamiento de *Kíevskaia Mysl* (véase *Sévernaia Pravda* nº 9 del 11 de agosto[37]) acerca de la separación del liberalismo respecto a la democracia, del acercamiento del liberalismo de los kadetes —por no hablar ya de los “progresistas”— al nacionalismo reaccionario.

Pero algunos escritores se quedan rezagados incluso respecto a la democracia pequeñoburguesa, cautivos de su doctrina oportunista. A la cabeza de estos escritores se sitúa, naturalmente, el liquidador F. D.

Al evaluar la intervención de Salazkin, F. D. escribía (*Nóvaya Rabóchaya Gazeta* del 23 de agosto) que tienen razón los centurias negras que claman contra Salazkin, «pero también tiene razón la prensa de izquierda (léase: liberal), que señala la incapacidad orgánica de la burocracia para satisfacer las necesidades maduras del país. Sólo está equivocada “Rossía”».

«No es por amor a los programas radicales —escribía F. D.—, sino por la falta de orden y legalidad que se explica la intervención de Salazkin. El comerciante se ha sublevado… Y siendo esto así, por muy hostil que sea el comerciante a los programas radicales, se verá obligado, si no hoy, mañana, a combinar sus esfuerzos con los esfuerzos de las capas más radicales del país».

Tal es la valoración de F. D. No va más allá de la combinación del liberalismo con los obreros.

¡Cosa original! F. D. no advierte la combinación de los esfuerzos del comerciante con los esfuerzos del terrateniente centurionegrista. No advierte que Salazkin está a favor de las “bases” del régimen del Tres de Junio, deseando desplazar a Purishkévich dentro de los límites de esas bases.

No advierte, por otro lado, la diferencia entre la posición reformista de los liberales y de Salazkin, y la posición de la clase obrera, ajena a la mezquina estrechez del reformismo. Aquello esencial que distingue hoy a la democracia del liberalismo ha sido pasado por alto por el escritor F. D.

A F. D. solo le interesa una cosa: la “combinación” de los liberales con los obreros. ¡Interesante… especialidad!

Mirad el artículo de F. D. como un documento político, desde el punto de vista “paneuropeo” (a F. D. y sus amigos tanto les gusta hablar de su europeísmo…). Veréis que F. D. comparte plenamente la posición de Lloyd George y de los oportunistas extremos del “partido laborista” (en la escala inglesa); o la posición de Combes y Jaurès (en la escala francesa); o la posición del *Berliner Tageblatt*{117}, órgano de los liberales de izquierda en Berlín, y de Bernstein, Kolb y Vollmar.

En el artículo de F. D. no hay nada inaceptable para un kadete de izquierda, que se afana por la “combinación” de los “esfuerzos de los Salazkin con los esfuerzos de las capas más radicales del país”.

El marxista dice a los obreros: utilizad las discrepancias entre los Salazkin y los Purishkévich, neutralizando las vacilaciones de los Salazkin, quienes se han “combinado” con los Purishkévich de manera mucho más estrecha que con la oposición. El liberal dice a los obreros: los Salazkin se verán obligados a combinar sus esfuerzos con los vuestros.

¿Por qué, pues, el escritor F. D. olvidó explicar las raíces de clase del reformismo de los liberales en general, y de Salazkin en particular? ¿Por qué F. D. olvidó incluso señalar todo el absurdo, lo ridículo, la monstruosa estrechez del reformismo de los comerciantes Salazkin en las condiciones rusas?

¿No será acaso porque el escritor, pese a su “rótulo” marxista, se sitúa en el mismo punto de vista del reformismo en que se sitúa el comerciante Salazkin, de acuerdo con los intereses de su clase y con su rótulo “progresista”, es decir, semioctubrista?

*Sévernaia Pravda* nº 26, 1 de septiembre de 1913.  
Firmado: *Casi Conciliador*

Publicado según el texto del periódico *Sévernaia Pravda*