El gobierno ha elaborado un nuevo proyecto de ley relativo a la propiedad campesina de la tierra. Se propone «limitar urgentemente la parcelación» de las parcelas de granjas y de lotes separados (otrub). Los terratenientes quieren «proteger la pequeña propiedad agraria» de la dispersión, el desmembramiento y la pulverización.

La esencia de la ley consiste en que se prohíbe dividir las parcelas campesinas medianas, sean de granjas o de lotes separados. Tanto en caso de venta como de herencia, dichas parcelas deben permanecer en manos de un propietario individual. Los demás coherederos reciben «indemnizaciones» en dinero según la valoración de las comisiones terratenientes de ordenación agraria.

El dinero para las indemnizaciones se concede bajo hipoteca de la tierra en condiciones especialmente ventajosas a través del Banco Campesino. La extensión de las parcelas medianas (indivisibles) se determina sobre la base de las leyes feudales de 1861 sobre la asignación obligatoria (ukazni nadel).

La significación de este proyecto de ley es evidente. Los terratenientes quieren crear una propiedad agraria privilegiada y protegida del capitalismo para la burguesía campesina. Los terratenientes, sintiendo que sus privilegios y su propiedad agraria feudal se tambalean, intentan atraer a su lado a la capa más rica, aunque numéricamente insignificante, de la burguesía campesina. Compartiré con vosotros una pequeña parte de mis privilegios —dice el terrateniente a los kulaks y a los ricos—: os ayudaré a enriqueceros a costa de la masa de campesinos que se arruinan, y vosotros me defenderéis de esa masa, sed el sostén del orden. Tal es el sentido de clase del nuevo proyecto de ley.

La correspondencia con la orientación general de la política agraria del 3 de junio, la llamada política de Stolypin, es aquí completísima. Es una misma política terrateniente, y otra política no pueden llevar a cabo los terratenientes como clase en Rusia después del año cinco. De otro modo no pueden defender sus privilegios e incluso su propia existencia.

La democracia —tanto la obrera como la burguesa (es decir, el campesinado en masa)— debe tomar conciencia de esta verdad indiscutible de las relaciones de clase y sacar de ella las conclusiones inevitables. Nada hay más estúpido y reaccionario que el punto de vista burocrático en que se sitúan los liberales y los populistas, temerosos de la movilización de las tierras campesinas, es decir, de su libre compraventa. Por ejemplo, en dos editoriales sobre el nuevo proyecto de ley, «Rech» declara que «la protección de la pequeña propiedad agraria es un fenómeno necesario». Lo malo, según ellos, es que la política agraria del 3 de junio se adoptó «de improviso, como un instrumento político tajante».

¡El sapientísimo liberal en el papel de funcionario «por encima de las clases», censurando a Stolypin, jefe de los terratenientes, por emplear un instrumento político en provecho de los terratenientes! El cobarde afán de eludir la inevitable lucha de clases se encubre con lamentaciones acerca de la vinculación de los intereses de clase con la política de clase. No es de extrañar que Stolypin se limitara a reírse de semejantes adversarios.

«La protección de la pequeña propiedad agraria», esa fórmula predilecta de los liberales (rusos) y de los populistas, es una frase reaccionaria. La clase obrera apoya al campesinado (y lo dirige) sólo entonces y en la medida en que éste actúa democráticamente, es decir, en interés del desarrollo social y del desarrollo del capitalismo, en interés de liberar al país de la opresión de los señores feudales y de sus privilegios. En cambio, toda restricción de la movilización de las tierras campesinas es una medida, en primer lugar, absurda, incapaz de detener el capitalismo y que sólo empeora la situación de la masa, le dificulta la vida y la obliga a recurrir a subterfugios de la ley. Y, en segundo lugar, es una medida que en realidad crea una pequeña capa de pequeños burgueses privilegiados, los enemigos más anquilosados y torpes del progreso.

A la política de clase de los terratenientes feudales la clase obrera no opone frases en un espíritu «supraclasista», sino los intereses de otras clases que constituyen nueve décimas partes de la población. El campesinado, como masa pequeñoburguesa, vacilará largo tiempo entre el democratismo consecuente del proletariado y las esperanzas de obtener limosnas de los terratenientes, de compartir privilegios con ellos.

Pero las condiciones de los terratenientes rusos son tan duras para los campesinos, las hambrunas de millones bajo estas condiciones son tan frecuentes, que no cabe duda de a quién seguirá todo lo vivo, lo viable y lo consciente.

«Nash Put» núm. 4, 29 de agosto de 1913. «Severnaya Pravda» núm. 34, 30 de agosto de 1913. Firmado: V. Ilin

Se imprime según el texto del periódico «Severnaya Pravda»