Hay discusiones y luchas de opiniones en la prensa que ayudan a los lectores a comprender con mayor claridad las cuestiones políticas, a darse cuenta más a fondo de su significado y a resolverlas con mayor firmeza.

Hay discusiones que degeneran en altercados, chismes y querellas.

Los obreros de vanguardia, que conocen su responsabilidad por la marcha del trabajo que ilustra y organiza al proletariado, deben vigilar con la mayor atención para que las inevitables disputas, la inevitable lucha de opiniones, no degeneren en altercados, chismes, querellas, calumnias.

Es una cuestión de la causa obrera, de la organización obrera. Es la cuestión más seria y más importante de la lucha contra los más mínimos intentos desorganizadores. Aquí no se puede hacer a un lado: quien no ha aprendido a cortar de raíz el desorganizaje no sirve para organizador. Y sin organización, la clase obrera no es nada. Sin debates, disputas y lucha de opiniones, ningún movimiento, incluido el movimiento obrero, es posible. Sin una lucha implacable contra la degeneración de las disputas en altercados y querellas, ninguna organización es posible.

Invitamos a los obreros conscientes a examinar desde este punto de vista la lucha de los seis y los siete en la fracción socialdemócrata.

Los seis reconocieron como su deber acatar la voluntad y la decisión de la conferencia de marxistas. Los representantes del proletariado en la Duma están obligados a subordinarse a la voluntad de la mayoría extraparlamentaria de los obreros marxistas conscientes y organizados.

Este es un principio general. Esta es la base común de todas nuestras concepciones sobre las tareas del movimiento obrero.

Si esta concepción es errónea, hay que refutarla y rechazarla. Si es acertada y constituye el abecé sin el cual no se puede abordar la política, si sin ese abecé es inconcebible organización alguna, entonces es necesario adoptar esta concepción y defenderla firmemente, pese a todos los gritos, alaridos, embestidas y calumnias.

¡Camaradas obreros! Discutid acerca de esto. Lograd por medio de discusiones, diálogos, debates el total esclarecimiento de esta cuestión, pero apartad de vosotros a quienes sustituyen las disputas con altercados.

Ved lo que respondieron los liquidacionistas al primer y fundamental argumento de los seis.

¡En su respuesta no hay más que insultos! Insultaron la conferencia, insultaron por enésima vez la clandestinidad, y nada más.

¿Es acaso esto una respuesta? ¿No es un simple intento de desorganizar, de destruir la organización?

Se ha llegado al colmo de que F. D. en el número 70 ha escrito literalmente la siguiente frase: «¿dónde están los colectivos responsables que presentaron su candidatura y les dieron mandatos?»

Reflexionad, camaradas obreros, sobre el significado de esta pregunta y veréis que es una pregunta digna… ¡de quienes… interrogan!... Comprended, señores F. D. y demás liquidacionistas, que no podemos discutir con vosotros, cuando formuláis semejantes preguntas.

Examinad el fondo del asunto: ¿es acertada la decisión de la conferencia, ha expresado correctamente los intereses y las opiniones de la mayoría de los obreros? Los pravdistas responden a esto con toda una serie de cifras exactas (número de "Za Pravdu" del martes 29 de octubre de 1913)[29]. Estas cifras demuestran que detrás de los pravdistas está la mayoría absoluta e indiscutible de los obreros conscientes, es decir, de los que participan en la vida política.

Estas cifras se referían tanto a la comparación de las elecciones por la curia obrera en la II, III y IV Duma, como al número de obreros representados por los seis y los siete, al número de grupos obreros que abiertamente ayudaron con colectas a uno u otro periódico, etc.

¿Dónde está la respuesta de los liquidacionistas a este argumento sobre el fondo de la cuestión de la mayoría?

En lugar de respuesta, insultos. ¡Ni una sola, literalmente ni una sola cifra refutan los liquidacionistas, ni siquiera intentan corregirlas, sustituirlas por otras cifras!

La cuestión es más clara que clara: quien elude los datos precisos sobre la mayoría está saboteando la voluntad de la mayoría, es un desorganizador.

Los siete en la Duma vacilan hacia el liquidacionismo, porque permiten que se insulte a la clandestinidad, porque participan en el sabotaje de la voluntad de la mayoría. Ese es precisamente el indicio de la falta de partidismo de los siete. Y ninguna persona en el mundo, a no ser que haya perdido el juicio, permitirá que siete sin partido aplasten, con un solo voto, las decisiones del Partido y a sus partidarios.

Ningún insulto de los liquidacionistas refutará este hecho simple y claro.

Los seis cumplieron con su deber. Y cuanto más gritan e insultan los liquidacionistas, tanto más pronto comprenderán todos los obreros y todos los marxistas lo acertado del acto de los seis, la inevitabilidad de la igualdad de derechos y del acuerdo con los diputados socialdemócratas sin partido en la Duma de Estado.

«Za Pravdu» № 36, 15 de noviembre de 1913.

Se imprime según el texto del periódico «Za Pravdu».