La cuestión de la separación del liberalismo de la democracia en Rusia es uno de los problemas fundamentales de todo el movimiento de liberación.

¿Cuál es la causa de su debilidad? ¿Acaso la democracia no se ha separado del liberalismo con suficiente conciencia y nitidez, dejándose contagiar por su impotencia y sus vacilaciones? ¿O acaso la democracia se separó demasiado pronto (o de un modo demasiado brusco, etc.) del liberalismo, debilitando con ello «la fuerza del empuje común»?

Difícilmente habrá una sola persona interesada en la causa de la libertad que ponga en duda que éste es un problema de importancia fundamental. No se puede ser un partidario consciente de la libertad sin haber resuelto con toda nitidez este problema. Y para resolverlo, es preciso comprender qué fuerzas sociales, qué clases están detrás del liberalismo y detrás de la democracia, qué aspiraciones políticas son inherentes a la naturaleza de estas clases.

En el presente artículo, quisiéramos enfocar este problema fundamental desde el punto de vista de los candentes acontecimientos de la política exterior. El más candente hoy, por supuesto, es la segunda guerra balcánica, la derrota de Bulgaria, la paz de Bucarest, humillante para ella, la desafortunada tentativa de Rusia de culpar a Francia por no habernos «apoyado» y de conseguir la revisión de las condiciones de paz.

En estas acusaciones contra Francia, en esta tentativa de reanudar la política «activa» de Rusia en los Balcanes, coincidieron, como se sabe, *Nóvoe Vremia* y *Rech*. Lo cual significa que coincidieron los terratenientes feudales y los círculos gobernantes reaccionario-nacionalistas, por un lado, y, por el otro, los círculos más conscientes y más organizados de la burguesía liberal, que desde hace tiempo gravitan hacia una política imperialista.

A propósito de esto, uno de los periódicos de provincia más difundidos, que expresa las opiniones de conocidos sectores de la democracia pequeñoburguesa, *Kíevskaia Mysl*, escribe en un editorial del 1 de agosto, muy instructivo:

«No es que la oposición y el nacionalismo hayan cambiado sus puestos» (como afirmó el señor Miliukov en su conocido discurso sobre política exterior en la Duma), «sino que el liberalismo se ha separado (cursiva de *Kíevskaia Mysl*) de la democracia y, primero con timidez, mirando atrás, y después ya con la cabeza alta, ha tomado el mismo camino, el camino de las aventuras políticas, por el que, delante de él y también bajo la bandera eslavófila, avanza el nacionalismo».

Y el periódico recuerda con razón hechos de todos conocidos, como el «ardor chovinista» que manifestó *Rech*, el modo en que llamaba a avanzar hacia Armenia, hacia el Bósforo, impregnada como está en general de «tendencias imperialistas».

«Al apoyar —escribe *Kíevskaia Mysl*—, por su cuenta y riesgo, la política exterior rusa, que no puede dejar de ser una política reaccionario-nacionalista mientras el curso interior siga siendo el mismo, el liberalismo ha asumido también la responsabilidad política por este apoyo».

Verdad indiscutible. Sólo hay que pensarla hasta el final. Si es cierto que el curso de la política exterior rusa está determinado por el curso de la política interior (y esto es indiscutiblemente cierto), ¿acaso esto se refiere únicamente a la reacción? Evidentemente que no. Evidentemente, se refiere también al liberalismo.

El liberalismo no habría podido «separarse de la democracia» en política exterior si no estuviera separado de la democracia en política interior. La propia *Kíevskaia Mysl* se ve obligada a reconocerlo, al decir que «el carácter del error político del liberalismo» «testimonia un profundo vicio orgánico».

¡Exacto! Nosotros diríamos solamente, sin emplear esa expresión un tanto ampulosa y que oscurece el asunto: los profundos intereses de clase de la burguesía. Fueron esos intereses de clase del liberalismo los que le hicieron asustarse (sobre todo en 1905) del movimiento democrático y girar a la derecha, tanto en política interior como exterior.

Sería sencillamente ridículo quien pretendiera negar la conexión entre el imperialismo y chovinismo kadetes de hoy y la consigna kadete-octubrista de «salvaguardar la Duma» en la primavera de 1907, entre la votación kadete contra los comités agrarios locales en la primavera de 1906 y la decisión kadete de concurrir a la Duma de Bulyguin en el otoño de 1905. Es una sola política de una misma clase, que teme más a la revolución que a la reacción.

Una de las causas principales de la debilidad del movimiento de liberación ruso reside en que las amplias capas de la pequeña burguesía en general, y en particular los políticos, publicistas y guías ideológicos pequeñoburgueses, no comprenden esta verdad.

Contra las fábulas de los liberales, que señalaban la «intransigencia» de la izquierda para encubrir sus propios pasos hacia la conciliación con la derecha, la democracia obrera jamás echó a los liberales y a los derechistas en «un mismo saco reaccionario», jamás renunció a utilizar sus discrepancias (por ejemplo, en la segunda fase de las elecciones a la Duma) en interés del movimiento de liberación. Pero sí planteó —y debe plantear siempre— como tarea suya neutralizar la inestabilidad del liberalismo, capaz de «dejarse arrastrar» por el imperialismo en tiempos de Stolypin o de Maklakov.

Sin haber tomado conciencia de las profundas raíces de clase que separan al liberalismo de la democracia, sin haber difundido esta conciencia entre las masas, sin haber aprendido a neutralizar de este modo las traiciones y vacilaciones del liberalismo a la causa de la «libertad del pueblo», la democracia rusa no puede dar un solo paso serio hacia adelante. Sin esto, no vale la pena hablar en vano de los éxitos del movimiento de liberación.

*Sévernaia Pravda* núm. 9, 11 de agosto de 1913. Firmado: V. I.