Bajo ese título publicó hace días un artículo de fondo el órgano de nuestros sátrapas del capital industrial, “Industria y Comercio”. La cuestión planteada por él es la cuestión fundamental sobre las causas del atraso económico (y de todo tipo) de Rusia. Merece la más seria atención.

Los sátrapas de nuestro comercio e industria declaran “paradójico a primera vista” el hecho de que Rusia, por el volumen de producción de hierro fundido, petróleo y toda una serie de otros productos, ocupe un lugar entre las grandes y avanzadas potencias, mientras que por el nivel de consumo per cápita (es decir, por la suma de la producción de artículos importantes correspondiente a 1 habitante) “pasa a ser vecina de España”, uno de los países más atrasados.

Por ejemplo, en 1911 se consumía hierro fundido por habitante: en los Estados Unidos de América 233 kilogramos, en Alemania 136, en Bélgica 173, en Inglaterra 105, y en Rusia apenas 25 kilogramos (= 1½ puds). En medio siglo después de la emancipación de los campesinos, el consumo de hierro en Rusia se ha quintuplicado, y sin embargo Rusia sigue siendo un país increíblemente, inusitadamente atrasado, mísero y semisalvaje, equipado con instrumentos modernos de producción cuatro veces peor que Inglaterra, cinco veces peor que Alemania, diez veces peor que América.

¿Dónde está el quid? “Industria y Comercio” se ve obligada a reconocer que todo está en las condiciones de vida del campo. En nuestro país el campo consume solo alrededor de ¼ de pud de hierro por habitante, y “la población campesina rural constituye 5/6 de la población de Rusia”.

“Cierto estadístico ha calculado que si los chinos alargaran su traje nacional tan solo en el ancho de un dedo, ello garantizaría trabajo a todas las fábricas de tejidos de algodón de Inglaterra durante todo un año”.

¡Una observación certera y elocuente!

¿Qué se necesita, pues, para que decenas de millones de campesinos rusos “alarguen su traje nacional”, es decir, hablando sin metáforas, aumenten su consumo, dejen de ser indigentes, se conviertan al fin, aunque sea un poco, en personas?

Los sátrapas de nuestra industria responden con una frase vacía: “el desarrollo cultural general del país”, el crecimiento de la industria, de las ciudades, etc., “el aumento de la productividad del trabajo campesino”, etc., etc.

¡Palabrería vacía, excusas lastimosas! Desde hace más de medio siglo se produce en Rusia ese desarrollo, ese “aumento”, se produce indudablemente. Por la “cultura” se desviven todas las clases. Incluso los centurianegristas y los populistas se colocan en el terreno del capitalismo. La cuestión ha sido planteada hace tiempo de otro modo: ¿por qué ese desarrollo del capitalismo y de la cultura avanza en nuestro país con lentitud de tortuga? ¿Por qué nos atrasamos cada vez más? ¿Por qué esa creciente atrasa hace necesarios una rapidez extraordinaria y las “huelgas”?

A esta pregunta, perfectamente clara para cualquier obrero consciente, los sátrapas de nuestra industria temen responder precisamente porque son sátrapas. No representan al capital libre y fuerte, parecido al norteamericano, sino a una pandilla de monopolistas, protegidos por la ayuda estatal y por miles de artimañas y componendas precisamente con los terratenientes centurianegristas, los cuales, con su propiedad medieval de la tierra (unos 70 millones de desiatinas de las mejores tierras) y con su opresión, condenan a 5/6 de la población a la miseria, y a todo el país al estancamiento y la putrefacción.

“Trabajar para que por el nivel de consumo per cápita nos aproximemos no a España, sino a los Estados Unidos de Norteamérica”, exclama el Sr. I. B-n en la revista de los sátrapas. El plumífero a sueldo de los sátrapas no quiere ver que la “complacencia” hacia los terratenientes centurianegristas inevitablemente “aproxima a España”, y que para aproximarse a América es necesaria una lucha despiadada y abnegada contra esa clase en toda la línea.

“Pravda del Norte” nº 3, 3 de agosto de 1913. Firmado: V. Frey

Se publica según el texto del periódico “Pravda del Norte”.