¡Querida mamá! El miércoles por fin, después de dos semanas de «preparación» en la clínica, operaron a Nadia. La operación, al parecer, salió bien, pues ayer Nadia ya tenía un aspecto bastante saludable y empezó a beber con ganas. La operación fue, por lo visto, bastante complicada; hicieron sufrir a Nadia cerca de tres horas —sin anestesia—, pero lo soportó con entereza. El jueves estuvo muy mal: fiebre altísima y delirio, de modo que pasé un buen susto. Pero ayer ya mejoró claramente, no tiene fiebre, el pulso está mejor, etc.

De todos modos, Kocher es un cirujano magnífico, y para la enfermedad de Basedow hay que acudir a él: tiene montones de rusos y, sobre todo, de judíos.

Ahora ya pienso en el viaje de vuelta: pensamos salir el 4 de agosto (si Kocher no nos retiene, lo que a veces sucede), haremos paradas para dormir en Zúrich, Múnich y Viena y luego a casa. Aún tendré tiempo de recibir aquí una carta tuya, y luego ya habrá que escribir a Poronin. Si me quedo aquí más tiempo, volveré a escribir.

El cierre del periódico en el que escribía 318 me coloca en una situación muy crítica. Buscaré con más ahínco toda clase de editores y traducciones; es muy difícil encontrar ahora trabajo literario.

Te abrazo fuerte, querida mía, y mando a Mania y a Ania grandísimos saludos.
Nadia os manda muchos saludos.

Tu V. U.