La cuestión de la actitud de la Duma de Estado hacia el gobierno y el país se discute cada vez más en la prensa y despierta no poco interés. La ley electoral del 3 de junio creó dos mayorías: la derechista-octubrista y la octubrista-kadete. Esta última mayoría, «liberal» si se quiere, se formó en repetidas ocasiones también en la III Duma.

Ahora, en la IV Duma, la mayoría octubrista-kadete se da aún con mayor frecuencia. No se puede olvidar, sin embargo, que ello se ha producido no sólo por el «giro a la izquierda» de los octubristas, sino también por el giro a la derecha de los kadetes, expresado, por un lado, en el paso de una parte de los kadetes a los progresistas, y por otro, en constantes componentes de los octubristas con los kadetes mediante la mediación de los progresistas.

Es indudable que la creciente frecuencia de resoluciones opositoras en la IV Duma, adoptadas por la mayoría octubrista-kadete, demuestra el incremento de la crisis política en Rusia, demuestra que el sistema del 3 de junio ha llegado a un callejón sin salida, sin haber satisfecho siquiera a la burguesía, dispuesta a sacrificar en aras de este sistema, en aras del fortalecimiento de la contrarrevolución, tanto el dinero como el honor y la conciencia.

Es sintomático que hasta un reaccionario tan empedernido e irreductible como el historiador alemán Schiemann, que sabe ruso y escribe en el órgano de los Purishkévich alemanes, llegue a la conclusión de que en Rusia está madurando una crisis, ya sea en forma de un sistema de espíritu ya puramente plevenskiano (parece que ya hemos entrado en ese «sistema», ¿no es cierto?), ya sea en forma de lo que el historiador alemán denomina sacudidas.

Cabe preguntar: ¿qué conclusiones en la política práctica se derivan de esta creciente frecuencia de resoluciones liberales de la Duma?

Los kadetes ya han sacado su conclusión a raíz de la condena por los octubristas de la política del Ministerio del Interior. Esta conclusión es: exigir para la IV Duma «apoyo popular y social», el llamamiento a la «opinión pública» a que «vea en la Duma su propia fuerza, la manifestación directa de la voluntad social», etc. (véase *Pravda*, núm. 128).

Ya hemos señalado la completa inutilidad de tal conclusión. La votación sobre el presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública ha confirmado de manera extraordinariamente elocuente nuestra valoración.

La Duma adoptó tres fórmulas: 1) la fórmula nacionalista, archirreaccionaria, que fue aprobada con los votos de los derechistas y los octubristas; 2) la fórmula octubrista, aprobada con los votos de los kadetes (contiene un deseo escandalosamente hipócrita y absolutamente inadmisible para los demócratas, e incluso para los liberales honestos, de que el Ministerio de Instrucción Pública «no se distraiga con consideraciones políticas ajenas al asunto»); y por último, 3) la propuesta del grupo campesino, aprobada, probablemente, con la ayuda no sólo de los k.–d., sino también de los demócratas, incluidos los socialdemócratas. La propuesta campesina obtuvo 137 votos a favor, 134 en contra y 4 abstenciones.

Apenas cabe dudar de que el error de los socialdemócratas, si votaron a favor de la fórmula campesina, consistió en no presentar su propia declaración o manifiesto. Se debía votar a favor, pero era imprescindible señalar sus discrepancias, por ejemplo, con el punto 5 de la fórmula campesina. En ese punto se habla de la lengua materna en las escuelas primarias. La democracia no podría limitarse a las escuelas primarias. Y, en general, las demandas de los campesinos no pueden considerarse consecuentemente democráticas.

Se debía votar a favor, porque en la fórmula campesina no hay puntos a favor del gobierno, no hay hipocresía, pero era obligatorio señalar la discrepancia con la inconsecuencia y la timidez del democratismo campesino. Por ejemplo, para los socialdemócratas es del todo inadmisible silenciar la actitud de la escuela hacia la Iglesia, etc.

Pero esto es de paso.

Lo principal es que la IV Duma, después de los llamamientos de los k.–d. a que se la apoye, ¡aprobó la fórmula de los nacionalistas!

Sólo un ciego puede no ver que el apoyo a la IV Duma es apoyo a los octubristas vacilantes.

Los kadetes se jactan de que con su apoyo empujan a los octubristas a la oposición. Admitamos por un momento que así sea. Pero ¿sobre qué terreno se sostiene esta oposición octubrista? En el mejor de los casos, cuando es opositora, se sitúa incondicionalmente en el punto de vista del liberalismo contrarrevolucionario. Que sigue dependiendo de los ministros y complaciéndolos lo demostró incluso el «progresista» N. Lvov, quien, sin duda, llevó a cabo una política de complacencia al expulsar a Schepkin por dos sesiones a causa de una expresión cien veces más suave que las expresiones habituales de los derechistas.

Al llamar al pueblo a apoyar a los octubristas vacilantes, los kadetes pretenden llevar a la democracia a remolque de los peores liberales.

Pero la democracia ha visto cientos de veces, en ejemplos más serios, lo que valen nuestros liberales. La democracia quedaría debilitada y descabezada si volviera a marchar a la zaga de los liberales.

Los choques de la burguesía con el gobierno no son una casualidad, sino un indicador de una profunda crisis que madura por todos lados. Por eso, es obligatorio seguir atentamente estos choques. Pero la democracia sólo podrá lograr algo mejor para Rusia si no olvida ni por un minuto su deber: velar por el desarrollo en la población de la conciencia de la independencia de las tareas de la democracia, a diferencia del liberalismo, en contraposición a él, a pesar de sus vacilaciones.

*Pravda*, núm. 139, 20 de junio de 1913.  
Firmado: V. I.