«Tenemos, gracias a Dios, una constitución», exclamaba el señor Miliukov después del 3 de junio de 1907. Con tan divertidas afirmaciones se consolaba el jefe de la burguesía liberal, encubriendo su desconfianza hacia el pueblo, su falta de voluntad, su temor a apartarse de la vía «constitucional».

Es sumamente característico que precisamente ahora, cuando el mismo señor Miliukov o su remilgado y oficialista-liberal *Rech* reconocen «el inicio de un ascenso social» (núm. 26), se hace patente el desplome de estas ilusiones constitucionales. El deseo de apartar de sí la realidad desagradable (y la desagradable necesidad de una vía que no se parece a la «constitucional»), el deseo de arrullarse a sí mismo y a los demás con frasecillas «constitucionales»: he ahí la base de estas ilusiones.

¡Y miren ustedes los comentarios de los liberales sobre el momento actual!

«En la Duma reina el aburrimiento, porque no hay lucha» (núm. 25).

¡Pues han sido ustedes muy dueños, señores, de declarar que tenemos una constitución!

«Todas las palabras están dichas. Ahora hacen falta hechos, pero no hay fe en ellos. De ahí la apatía» (ídem).

Ustedes se arrullaban con la fe en las palabras, dirigiéndolas preferentemente a los octubristas. Ahora confiesan que encubrían con esas palabras la falta de fe en los hechos.

Ustedes mismos se han condenado, señores liberales.

En la democracia en general, y en los obreros en particular, la fe en las palabras (sobre la constitución) no exi-…[49]

Escrito a finales de enero – principios de febrero de 1913.

Publicado por primera vez en 1948 en la 4ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 18.

Se publica según el manuscrito.