1. § de nuestro programa (sobre la autodeterminación de las naciones) no puede interpretarse de ninguna otra manera que en el sentido de autodeterminación política, es decir, el derecho de separación y de constitución de un Estado independiente.

2. Para la socialdemocracia de Rusia este punto del programa socialdemócrata es absolutamente necesario

(a) en virtud de los principios fundamentales de la democracia en general,

(b) así como por el hecho de que dentro de las fronteras de Rusia, y precisamente en sus periferias, existe una serie de naciones con condiciones económicas, de vida cotidiana, etc., marcadamente distintas, siendo estas naciones (como todas las naciones de Rusia excepto los grandes rusos) increíblemente oprimidas por la monarquía zarista;

(c) finalmente, también en virtud de que en toda Europa oriental (Austria y los Balcanes) y en Asia –es decir, en los países limítrofes con Rusia– la transformación democrático-burguesa de los Estados o bien no ha terminado o bien apenas acaba de comenzar, la cual en todo el mundo ha conducido, en mayor o menor grado, a la creación de Estados nacionales independientes o de Estados con la composición nacional más afín y mutuamente emparentada.

(d) Rusia representa actualmente un país con el régimen estatal más atrasado y reaccionario en comparación con todos los países que la rodean, empezando –en el Oeste– por Austria, donde desde 1867 se han consolidado las bases de la libertad política y del régimen constitucional, y ahora se ha introducido también el sufragio universal, y terminando –en el Este– con la China republicana. Por ello, los socialdemócratas de Rusia deben insistir en toda su propaganda en el derecho de todas las nacionalidades a formar un Estado separado o a elegir libremente el Estado en cuya composición desean estar.

3. El reconocimiento por la socialdemocracia del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación exige de los socialdemócratas que

(a) sean incondicionalmente hostiles a toda aplicación de violencia, en cualquiera de sus formas, por parte de la nación dominante (o que constituye la mayoría de la población) contra la nación que desee separarse en el plano estatal;

(b) exijan que la solución de la cuestión de dicha separación se tome exclusivamente sobre la base del voto universal, directo, igual y secreto de la población del territorio en cuestión;

(c) libren una lucha incansable tanto contra los partidos de las Centurias Negras y octubristas, como contra los partidos liberal-burgueses («progresistas», kadetes, etc.) a propósito de toda defensa o tolerancia por su parte de la opresión nacional en general o de la negación del derecho de las naciones a la autodeterminación en particular.

4. El reconocimiento por la socialdemocracia del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación no significa en modo alguno que los socialdemócratas renuncien a la evaluación independiente de la conveniencia de la separación estatal de una u otra nación en cada caso concreto. Al contrario, los socialdemócratas deben dar precisamente una evaluación independiente, teniendo en cuenta tanto las condiciones del desarrollo del capitalismo y de la opresión de los proletarios de las distintas naciones por la burguesía unida de todas las nacionalidades, como las tareas generales de la democracia y, en primer término y ante todo, los intereses de la lucha de clases del proletariado por el socialismo.

Desde este punto de vista hay que tener en cuenta en especial la siguiente circunstancia. En Rusia hay dos naciones, las más cultas y las más diferenciadas en virtud de toda una serie de condiciones históricas y de vida cotidiana, que más fácil y «naturalmente» podrían ejercer su derecho a la separación. Estas son Finlandia y Polonia. La experiencia de la revolución de 1905 mostró que incluso en estas dos naciones las clases dominantes, los terratenientes y la burguesía, renuncian a la lucha revolucionaria por la libertad y buscan el acercamiento con las clases dominantes de Rusia y con la monarquía zarista por temor ante el proletariado revolucionario de Finlandia y Polonia.

Por eso, la socialdemocracia debe advertir con toda energía al proletariado y a las clases trabajadoras de todas las nacionalidades contra el engaño directo de que son objeto mediante las consignas nacionalistas de «su propia» burguesía, la cual, con discursos melosos o ardientes sobre la «patria», intenta dividir al proletariado y desviar su atención de las artimañas de la burguesía, que entra en alianza económica y política con la burguesía de otras naciones y con la monarquía zarista.

El proletariado no puede librar la lucha por el socialismo ni defender sus intereses económicos cotidianos sin la más estrecha y plena alianza de los obreros de todas las naciones en todas las organizaciones obreras sin excepción.

El proletariado no puede conquistar la libertad más que mediante la lucha revolucionaria por el derrocamiento de la monarquía zarista y su sustitución por la república democrática. La monarquía zarista excluye la libertad y la igualdad de derechos de las nacionalidades, siendo además el principal baluarte de la barbarie, la brutalidad y la reacción tanto en Europa como en Asia. Y derrocar esta monarquía solo puede hacerlo el proletariado unido de todas las naciones de Rusia, que arrastre tras de sí a los elementos consecuentemente democráticos y capaces de lucha revolucionaria de las masas trabajadoras de todas las nacionalidades.

Por tanto, el obrero que antepone la unidad política con la burguesía de «su» nación a la plena unidad con los proletarios de todas las naciones, actúa en contra de sus intereses, en contra de los intereses del socialismo y en contra de los intereses de la democracia.

5. Defendiendo de manera consecuente un régimen estatal democrático, la socialdemocracia exige la igualdad incondicional de derechos de las nacionalidades y lucha contra cualesquiera privilegios en favor de una o de varias nacionalidades.

En particular, la socialdemocracia rechaza la lengua «estatal». En Rusia esta es especialmente superflua, pues más de siete décimas partes de la población de Rusia pertenece a tribus eslavas afines, las cuales, con una escuela libre en un Estado libre, alcanzarían fácilmente, en virtud de las exigencias del intercambio económico, la posibilidad de entenderse sin necesidad de privilegios «estatales» para una de las lenguas.

La socialdemocracia exige la sustitución de las viejas divisiones administrativas de Rusia, establecidas por los terratenientes feudales y los funcionarios del Estado autocrático-feudal, por divisiones basadas en las exigencias de la vida económica moderna y, en la medida de lo posible, coordinadas con la composición nacional de la población.

Todas las regiones del Estado que se distingan por peculiaridades de vida cotidiana o por la composición nacional de la población, deben gozar de un amplio autogobierno y autonomía, con instituciones construidas sobre la base del voto universal, igual y secreto.

6. La socialdemocracia exige la promulgación de una ley estatal general que proteja los derechos de toda minoría nacional en cualquier localidad del Estado. Según esta ley, toda medida mediante la cual la mayoría nacional intente crearse un privilegio nacional o menoscabar los derechos de la minoría nacional (en materia de enseñanza, del uso de una u otra lengua, en cuestiones presupuestarias, etc.) debe ser declarada nula y sin efecto, y la adopción de tal medida prohibida bajo pena de sanción.

7. La socialdemocracia mantiene una actitud negativa hacia la consigna de la «autonomía cultural-nacional» (o simplemente «nacional») y hacia los proyectos para llevarla a la práctica, porque esta consigna (1) contradice incondicionalmente el internacionalismo de la lucha de clases del proletariado, – (2) facilita el arrastre del proletariado y de las masas trabajadoras a la esfera de influencia de las ideas del nacionalismo burgués, – (3) es capaz de desviar de la tarea de las transformaciones consecuentemente democráticas del Estado en su conjunto, transformaciones que son las únicas que garantizan (en la medida en que esto sea posible en general bajo el capitalismo) la paz nacional.

Dado el particular agravamiento de la cuestión de la autonomía cultural-nacional entre los socialdemócratas, ofrecemos algunas aclaraciones de esta tesis.

(a) Desde el punto de vista de la socialdemocracia, es inadmisible lanzar, ni directa ni indirectamente, la consigna de la cultura nacional. Esta consigna es falsa, pues toda la vida económica, política y espiritual de la humanidad se internacionaliza cada vez más ya bajo el capitalismo. El socialismo la internacionaliza por completo. La cultura internacional, que ya ahora está siendo creada sistemáticamente por el proletariado de todos los países, no absorbe la «cultura nacional» (de cualquier conglomerado nacional) en su conjunto, sino que toma de cada cultura nacional exclusivamente sus elementos consecuentemente democráticos y socialistas.

(b) El único, probablemente, ejemplo de aproximación, aunque tímida, a la consigna de la cultura nacional en los programas socialdemócratas lo ofrece el § 3 del programa de Brünn de los socialdemócratas austríacos. Este § 3 dice: «Todas las regiones autónomas de una misma nación forman una unión nacional única, que resuelve sus asuntos nacionales de manera plenamente autónoma».

Es una consigna de compromiso, pues no hay aquí ni sombra de la autonomía nacional extraterritorial (personal). Pero también esta consigna es errónea y nociva, pues de ningún modo es tarea de los socialdemócratas rusos unir en una sola nación a los alemanes de Lódz, Riga, Petersburgo, Sarátov. Nuestra tarea es luchar por la democracia plena y la abolición de todos los privilegios nacionales para unir a los obreros alemanes de Rusia con los obreros de todas las demás naciones en la defensa y el desarrollo de la cultura internacional del socialismo.

Tanto más errónea es la consigna de la autonomía nacional extraterritorial (personal) con parlamentos nacionales y secretarios de Estado nacionales (según el plan de los partidarios consecuentes de esta consigna: O. Bauer y K. Renner). Contradictorias con todas las condiciones económicas de los países capitalistas, no ensayadas en ningún Estado democrático del mundo, semejantes instituciones son una ensoñación oportunista de hombres que han perdido la esperanza en la creación de instituciones consecuentemente democráticas y buscan la salvación de las rencillas nacionales de la burguesía en la separación artificial tanto del proletariado como de la burguesía de cada nación en algunas cuestiones («culturales»).

Las circunstancias obligan a veces a los socialdemócratas a someterse temporalmente a una u otra solución de compromiso, pero lo que debemos tomar de otros países no son las soluciones de compromiso, sino las consecuentemente socialdemócratas. Y tomar el fracasado intento austríaco de compromiso es tanto más insensato ahora cuando también en Austria ha sufrido un completo fracaso, conduciendo al separatismo y a la escisión de los socialdemócratas checos.

(c) La historia de la consigna de la «autonomía nacional-cultural» en Rusia muestra que fue adoptada por todos, sin excepción, los partidos burgueses judíos, y solo por los judíos, a los que el Bund seguía sin crítica, rechazando de manera inconsecuente el parlamento nacional judío (Sejm) y los secretarios de Estado nacionales judíos. Mientras tanto, incluso aquellos socialdemócratas europeos que admiten o defienden la consigna de compromiso de la autonomía nacional-cultural reconocen su completa irrealizabilidad para los judíos (O. Bauer y K. Kautsky). «Los judíos en Galitzia y en Rusia son más una casta que una nación, y los intentos de constituir a los judíos como nación son intentos de conservar la casta» (K. Kautsky).

(d) En los países civilizados observamos una aproximación relativamente completa (en términos comparativos) a la paz nacional bajo el capitalismo solo en las condiciones de la máxima realización del democratismo en toda la estructura y administración estatales (Suiza). Las consignas del democratismo consecuente (república, milicia, elección de los funcionarios por el pueblo, etc.) unen al proletariado y a las masas trabajadoras y, en general, a todo lo avanzado de cada nación en la lucha por condiciones que excluyan la posibilidad del más mínimo privilegio nacional, mientras que la consigna de la «autonomía nacional-cultural» predica la separación de las naciones en el ámbito escolar (o cultural en general), separación que es plenamente compatible con el mantenimiento de las bases de toda clase de privilegios (incluidos los nacionales).

Las consignas del democratismo consecuente fusionan en uno al proletariado y a la democracia avanzada de todas las naciones (elementos a los que no se requiere separar, sino unir en todos los asuntos, incluido el escolar), mientras que la consigna de la autonomía nacional-cultural divide al proletariado de las distintas naciones, vinculándolo con los elementos reaccionarios y burgueses de naciones particulares.

Las consignas del democratismo consecuente son irreconciliablemente hostiles a los reaccionarios y a la burguesía contrarrevolucionaria de todas las naciones, mientras que la consigna de la autonomía nacional-cultural es plenamente aceptable para los reaccionarios y la burguesía contrarrevolucionaria de algunas naciones.

8. Toda la totalidad de las condiciones económicas y políticas de Rusia exige, por tanto, de manera incondicional de la socialdemocracia la realización de la fusión de los obreros de todas las nacionalidades en todas, sin excepción, las organizaciones proletarias (políticas, sindicales, cooperativas, educativas, etc., etc.). No la federación en la estructura del partido, ni la formación de grupos socialdemócratas nacionales, sino la unidad de los proletarios de todas las nacionalidades de una localidad dada, con la propaganda y agitación en todos los idiomas del proletariado local, con la lucha conjunta de los obreros de todas las naciones contra cualquier privilegio nacional, con la autonomía de las organizaciones locales y regionales del partido.

9. La experiencia de más de diez años de historia del POSDR confirma las tesis arriba expuestas. El partido surge en 1898 como partido «ruso», es decir, partido del proletariado de todas las nacionalidades de Rusia. El partido sigue siendo «ruso» cuando el Bund, en 1903, abandona el partido, tras no haber aceptado el congreso del partido la exigencia de considerar al Bund como único representante del proletariado judío. En 1906-1907, la vida pone plenamente de manifiesto la inconsistencia de esta exigencia; toda una serie de proletarios judíos continúa unánimemente la labor socialdemócrata común en varias organizaciones locales, y el Bund regresa al partido. El congreso de Estocolmo (1906) une también a los socialdemócratas polacos y letones, que se sitúan en el terreno de la autonomía territorial, y el congreso no adopta el principio de la federación y exige la unión sobre el terreno de los socialdemócratas de todas las nacionalidades. Este principio se aplica durante muchos años en el Cáucaso, se aplica en Varsovia (obreros polacos y soldados rusos), en Vilna (obreros polacos, letones, judíos, lituanos), en Riga; en estos tres últimos centros se aplica contra el Bund, que se había separado de manera separatista. En diciembre de 1908, el POSDR, en la persona de su conferencia, adopta una resolución especial, confirmando la exigencia de la unidad de los obreros de todas las nacionalidades sin basarse en el principio de la federación. El incumplimiento escisionista de la decisión del partido por parte de los separatistas bundistas conduce al fracaso de toda esta «federación del peor tipo»{99}, acerca a los separatistas bundistas a los checos y viceversa (véase a Kosovski en «Nuestra Zariá» y el órgano de los separatistas checos, «Der cechoslavische Sozialdemokrat», 1913, n.º 3, sobre Kosovski) y, finalmente, en la conferencia de agosto (1912) de los liquida cionistas provoca el intento de los separatistas bundistas y liquida cionistas, junto con una parte de los liquida cionistas caucásicos, de introducir subrepticiamente en el programa del partido la «autonomía nacional-cultural», ¡sin defenderla en esencia!

Los obreros socialdemócratas revolucionarios tanto de Polonia y la Región de Letonia como del Cáucaso siguen manteniéndose en el punto de vista de la autonomía territorial y la unidad de los obreros socialdemócratas de todas las naciones. La escisión bundista-liquida cionista y la alianza del Bund con los no socialdemócratas en Varsovia coloca a la orden del día, ante todos los socialdemócratas, toda la cuestión nacional, tanto en su significado teórico como en la labor de construcción del partido.

Las soluciones de compromiso han sido destruidas precisamente por quienes las aplicaban contra la voluntad del partido, y la exigencia de la unidad de los obreros socialdemócratas de todas las nacionalidades suena más fuerte que nunca.

10. El nacionalismo groseramente beligerante y centurinegro de la monarquía zarista, y después el resurgimiento del nacionalismo burgués –tanto del gran ruso (Struve, «Rússkaya Molvá», los «progresistas», etc.), como del ucraniano, el polaco (el antisemitismo de la «democracia» del partido Narodowa{100}), el georgiano, el armenio, etc.–, todo esto exige con particular urgencia de las organizaciones socialdemócratas en todos los confines de Rusia que presten una atención mayor que antes a la cuestión nacional y que elaboren soluciones consecuentemente marxistas de la misma en el espíritu del internacionalismo firme y de la unidad de los proletarios de todas las naciones.

(α) La consigna de la cultura nacional es incorrecta y expresa solo la limitación burguesa en la comprensión de la cuestión nacional. La cultura internacional.

(β) Perpetuación de la división nacional e implementación de un nacionalismo refinado — unión, acercamiento, mezcla de las naciones y expresión de los principios de otra cultura, la internacional.

(γ) La desesperación del pequeño burgués (la lucha sin esperanza contra las discordias nacionales) y el miedo a las transformaciones radical-democráticas y al movimiento socialista: solo las transformaciones radical-democráticas pueden crear la paz nacional en los Estados capitalistas, y solo el socialismo es capaz de poner fin a las discordias nacionales.

(δ) Las curias nacionales en la enseñanza escolar{101}.

(ε) La judería.

Escrito en junio, antes del 26 (9 de julio), de 1913.

Publicado por primera vez en 1925 en el Recopilador Leninista III

Se imprime según el manuscrito