Ha pasado ya más de una semana desde la disolución de la IV Duma, y en los periódicos no cesan aún los comentarios sobre ella y las valoraciones de su actividad. El descontento general con la IV Duma es reconocido por todos. Están descontentos no sólo los liberales, no sólo la oposición “responsable” (ante los terratenientes). También los octubristas están descontentos. La derecha está descontenta.

Es indudable que este descontento con la Duma negra por parte de los terratenientes reaccionarios y de la burguesía reaccionaria es sumamente característico y significativo. Estas clases han hecho todo lo posible por asegurar el llamado desarrollo “pacífico” y “constitucional”.

Lo han hecho todo, ¡y han tenido que convencerse de que no ha resultado nada! De ahí el descontento general en el campo de los propios terratenientes y de la propia burguesía. No existe, ni en la derecha ni en los octubristas, el entusiasmo y la admiración por el sistema del 3 de junio, propios de la época de la tercera Duma.

Nuestras clases llamadas “superiores”, las “cumbres” sociopolíticas, no pueden gobernar Rusia como antes, a pesar de que todas las bases de la organización y administración de Rusia están enteramente determinadas por ellos y ajustadas a sus intereses. Y las “capas inferiores” están llenas del deseo de cambiar esta administración.

La coincidencia de esta imposibilidad de las “cumbres” para llevar los asuntos del Estado a la manera antigua y de esta agudizada falta de voluntad de las “capas inferiores” para resignarse a semejante manera de llevarlos constituye precisamente lo que se llama (de manera algo inexacta, digamos) una crisis política de escala nacional.

El aumento de esta crisis ante nuestros ojos es un hecho, y un hecho casi indiscutible.

De aquí debería resultar claro para los demócratas e incluso para los liberales sensatos que el centro de gravedad de las aspiraciones a algo mejor no está en absoluto en la Duma, que la Duma, a este respecto, no es más que un indicador inexacto.

Pero nuestros liberales hace tiempo que se han relajado. “Tanto la III como la IV Duma son una parodia de la representación popular”, escribía el editorialista de *Rech*, “precisamente por eso existen, y *hic Rhodus, hic salta*” (locución latina que significa literalmente: “aquí está Rodas, baila aquí”, es decir, aquí está lo principal, la esencia, aquí demuéstralo, aquí lucha).

¡Se equivocan, señores! No está aquí “Rodas” y no será aquí la “danza”, como tampoco comenzó aquí.

Sólo los lacayos de los terratenientes y del dinero pueden tomar a la IV Duma por “Rodas” para la democracia, pueden olvidar que “existe”, además de la Duma, por ejemplo, el movimiento obrero en su significación popular general, por más que los liberales callen esta significación, por más que la tergiversen, por más que la mutilen los políticos obreros liberales, los liquidacionistas.

“¿Hemos hecho todo lo que está en nuestras fuerzas —exclama *Rech*— para influir sobre la Duma, para obligarla a seguir y cumplir nuestras exigencias?”

Esto no es muy correcto gramaticalmente, pero es bastante claro. “Nosotros” son los terratenientes y la burguesía. Es esta “sociedad” la que ve *Rech*, sólo esta opinión “pública”, sólo ella le interesa.

Obligar a los terratenientes más reaccionarios a “cumplir las exigencias” de los terratenientes liberales y de la burguesía liberal, que no saben ellos mismos qué “exigir”, qué desear: ¿el cambio hacia algo mejor o el debilitamiento del movimiento obrero, que realiza este cambio, con su envergadura popular general?

¡Pobres liberales!

*Pravda* núm. 151, 5 de julio de 1913.  
Se imprime según el texto del periódico *Pravda*.