La redacción de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta*{7} defendía la agitación sin partido a favor del reparto equitativo de las colectas entre liquidadores, populistas y marxistas.

Cuando se desenmascaró a esta redacción, mostrando que tal reparto es un procedimiento completamente falto de principios y que destruye las bases de la actitud marxista ante las corrientes pequeñoburguesas[2], la redacción, no sabiendo qué responder, intentó desentenderse con bromas. Que no conocemos —dijeron— un «sistema marxista de colectas».

Los renegados quieren «desentenderse con gracia» de la cuestión de nuestras viejas resoluciones.

Pero los obreros no permitirán que se bromee con semejante cuestión.

El mismo número 23 de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* nos informa de que la agitación liquidadora ha ganado a dos grupos obreros en Rusia, a saber: el grupo de obreros de artes gráficas de la ciudad de Dvinsk y el grupo de obreros de la fábrica Nemírov-Kolodkin de Moscú. Estos grupos efectuaron colectas a partes iguales para los periódicos liquidacionista, populista y marxista.

Que los intelectuales renegados se desentiendan de la cuestión con bromas, pero los obreros deben resolverla, y la resolverán.

Predicar el reparto equitativo de las colectas significa predicar la ausencia de partido y la mezcolanza (o la igualdad de derechos) de un periódico que se sitúa en el punto de vista de clase del proletariado con uno pequeñoburgués: el de los populistas. Contra esta verdad elemental, los «graciosos bromistas» literatos del periódico liquidador no pueden objetar nada, aunque sus chanzas y risitas, seguramente, entusiasmen al público burgués. Quien ha sufrido una derrota completa entre los obreros, muy a menudo se recompensa con los entusiasmos de la burguesía por el hecho de ridiculizar la idea misma de una solución marxista consecuente de los problemas de la práctica cotidiana.

Los liquidadores se consolaron: en la asamblea de obreros metalúrgicos sufrieron una derrota total. En cualquier reunión de señores burgueses les sonríen con gracia por sus graciosas bromas dirigidas contra la posición del periódico obrero.

A cada cual lo suyo. Que los liquidadores se consuelen con sus éxitos ante la burguesía. Y los obreros explicarán a las masas la verdad indiscutible de que la prédica del reparto equitativo de las colectas obreras es la prédica de la ausencia de partido, la prédica de la mezcolanza o de la igualdad de derechos del periódico marxista del proletariado con el periódico intelectual y pequeñoburgués, como el populista.

# II. La ceguera liberal

El procedimiento habitual de los oportunistas de Europa occidental, comenzando por Eduard Bernstein, cuyas concepciones rechazó tan resueltamente la socialdemocracia alemana{8}, consiste en lo siguiente:

Mirad lo que hay —decía Bernstein y otros oportunistas—, tened el valor de expresar lo que hay: en Alemania todos nos ocupamos de la lucha por las reformas, todos somos en esencia reformistas, somos un partido de reformas. Y la abolición de la esclavitud asalariada en una serie de crisis no son más que palabras, una utopía vacía.

Hasta ahora, este procedimiento de los oportunistas se repite por ellos centenares de veces, y toda la prensa burguesa (nuestra *Rech*{9} kadete en primer lugar) utiliza constantemente este razonamiento de los oportunistas contra el marxismo. Quien se interesa seriamente por los destinos del movimiento obrero debe conocer bien esta manida maniobra de los enemigos directos y de los falsos amigos del proletariado.

Muy recientemente (el 4 de septiembre), en el periódico liquidador de Petersburgo, el conocido liquidador D. repitió esta maniobra burguesa paneuropea con un descaro o una desfachatez digna de atención.

En efecto, que juzgue el lector.

«Abramos una hoja de un periódico obrero, aunque sea *Sévernaya Pravda* —escribía D.—, ¿qué veremos? Leeremos sobre la actividad de las organizaciones obreras: sindicatos, clubes, cooperativas; sobre las reuniones de los miembros de estas organizaciones, de sus directivas, de los delegados de seguros, etc.; sobre las conferencias y charlas organizadas por los obreros; sobre las huelgas y los comités de huelga; sobre la organización de diversas colectas; sobre los intentos de manifestación política de diversos grupos de obreros, ya sea en defensa de la prensa obrera, para honrar la memoria de Bebel o para cualquier otro fin inmediato».

Esto es lo que «ha visto» y «ve» D. y sus semejantes en *Sévernaya Pravda*. Y él, naturalmente, al igual que Bernstein, exclama: «no está de más, ante todo, mirar lo que hay» (cursiva del propio D.). Saca la conclusión de que todo esto es precisamente la lucha por la libertad de coalición. «La consigna de la lucha por la libertad de coalición, como la reivindicación más perentoria del momento», «generaliza lo que hay» (cursiva de D.).

Bernstein aseguraba que él sólo «generalizaba lo que hay» cuando declaraba la lucha de la clase obrera como lucha por reformas.

D. asegura que él «generaliza lo que hay» cuando declara reformista el movimiento de la clase obrera en Rusia.

Bernstein atribuía subrepticiamente un contenido liberal a la lucha obrera por las reformas, una lucha impregnada de un contenido nada reformista. Literalmente, D. hace lo mismo. No ve nada más que el reformismo liberal y hace pasar su ceguera por realidad.

Por supuesto, *Sévernaya Pravda* luchaba por la más mínima mejora de la vida obrera y de las condiciones de la lucha obrera, ¡pero lo hacía no a la manera liberal, como esos señores D.! En *Sévernaya Pravda* había mucho que ellos omitieron, había lucha contra el reformismo, había defensa de nuestro «viejo», defensa de las consignas no mutiladas, etc. Según la opinión del Sr. D., eso no es importante. Ellos «no ven» eso, no quieren verlo, precisamente porque son liberales. Como para todos los liberales, para ellos no está claro el vínculo, el vínculo estrecho, indisoluble, que existe para los marxistas entre la defensa de la más mínima mejora y la defensa de las consignas de su organización, etc. Para ellos no está claro que es precisamente este vínculo lo que determina la diferencia radical entre la concepción del mundo del liberal (él también está por la libertad de asociación) y la del demócrata obrero.

Separen la lucha por las reformas de la lucha por el objetivo final: he aquí a qué se reduce en la práctica la prédica de Bernstein. Separen la lucha por las mejoras, por la libertad de asociación, etc., de la lucha contra el reformismo, de la defensa del marxismo, de su espíritu y orientación: he aquí a qué se reduce en la práctica la prédica de D. y de los demás liquidadores.

Su ceguera liberal (no ver el vínculo con el pasado, no ver su orientación, no ver la lucha contra el reformismo) quieren imponerla a la clase obrera. Pero los obreros de vanguardia, como lo demostró una y otra vez la asamblea de metalúrgicos del 25 de agosto{10}, ya han desenmascarado la naturaleza liberal de D. y de su grupito.

# III. Una aclaración necesaria

En el número 24 de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* nos encontramos con una ocurrencia cómica a propósito de nuestra descripción de los sucesos de Dublín[3]. Sobre lo cómico no valdría tal vez la pena responder, si el periódico liquidador no hubiera llegado, al hacerlo, a una aclaración sumamente importante e instructiva para los obreros. Juzguen ustedes mismos. Nosotros establecíamos una diferencia entre Inglaterra, donde, gracias a la existencia de bases generales de libertad política, la exigencia obrera de una reforma de la legislación de coaliciones (leyes sobre la libertad de coalición) tiene un significado completamente serio y real, y Rusia, donde semejante exigencia es una frase liberal no seria, vacía, pero donde son realizables en serio, dadas las bases existentes, reformas como la de seguros.

El liquidador no comprende esta diferencia. Aclarémosela con dos preguntas: 1) ¿Por qué en Inglaterra es imposible una revolución democrático-burguesa, una revolución por la libertad política? 2) ¿Por qué en Rusia, a finales del siglo pasado, por ejemplo, en 1897, eran totalmente posibles las reformas parciales de las leyes fabriles y nadie impugnaba las reivindicaciones parciales de los obreros en este terreno, mientras que todos los marxistas de entonces consideraban un engaño liberal las reivindicaciones de reformas políticas parciales?

Pensando sobre estas cuestiones, el liquidador puede hacerse una idea de las causas de la diferente actitud ante distintas reformas en Rusia y en Inglaterra.

Y ahora pasemos a la importante aclaración del periódico liquidador:

«Pero —escribe (núm. 24, pág. 2, col. 1)—, si para una modificación parcial de la legislación de seguros no se necesitan estas bases» (es decir, las bases generales de la libertad política), «entonces, ¿por qué son necesarias para una modificación parcial de la ley del 4 de marzo de 1906 y de artículos particulares del decreto del 2 de diciembre de 1905 sobre las huelgas?»

¡Felicidades y gracias por la franqueza! ¡Han dado justo en el blanco: «la modificación parcial de las leyes del 4 de marzo de 1906 y del 2 de diciembre de 1905»{11} es totalmente posible sin nada general! Excelente.

Sólo que… ¿saben qué?…, sólo que semejante «modificación parcial de las leyes del 4 de marzo de 1906 y del 2 de diciembre de 1905» no se llama «libertad de coaliciones», sino engaño octubrista al pueblo.

Los escritores de *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* han reconocido precisamente lo que se trataba de demostrar.

Bajo la «libertad de coaliciones» con que los obsequian los liberales y liquidadores, hay que entender:

«La modificación parcial de las leyes del 4 de marzo de 1906 y del 2 de diciembre de 1905».

Una vez más, gracias por la franqueza. Dejemos constancia, pues, de que la consigna fundamental, central, principal, primordial, etc., etc., de los liquidadores consiste, por su propia confesión, en la exigencia de la modificación parcial de las leyes del 4 de marzo de 1906 y del 2 de diciembre de 1905.

¿No es cierto qué brillantemente ha refutado *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* su pertenencia a los liberales?

¡No en vano se ha apodado a los liquidadores socialdemócratas octubristas!

*Pravda Trudá*, núm. 3, 13 de septiembre de 1913. Firmado: Η—к

Se imprime según el texto del periódico *Pravda Trudá*