En los periódicos y revistas populistas encontramos a menudo la afirmación de que los obreros y el campesinado «trabajador» constituyen una sola clase.

La total falsedad de este punto de vista es evidente para cualquiera que comprenda que en todos los Estados modernos domina una producción capitalista más o menos desarrollada, es decir, la gestión en el mercado del capital y la transformación por éste de la masa de trabajadores en obreros asalariados. El llamado campesino «trabajador» es, en realidad, un pequeño propietario o pequeño burgués, que casi siempre — o se emplea en trabajo ajeno, o él mismo contrata obreros. El campesino «trabajador», al ser un pequeño propietario, vacila también en política entre los patronos y los obreros, entre la burguesía y el proletariado.

Una de las confirmaciones más evidentes de esta naturaleza patronal, o burguesa, del campesino «trabajador» son los datos sobre el trabajo asalariado en la agricultura. ¡Los economistas burgueses (incluidos los populistas) habitualmente ensalzan la «vitalidad» de la pequeña producción en la agricultura, entendiendo por pequeña aquella explotación que prescinde del trabajo asalariado. Pero no sienten aprecio por los datos precisos sobre el trabajo asalariado entre los campesinos!

Examinemos, pues, los datos que han recopilado sobre esta cuestión los más recientes censos agrícolas: el austriaco de 1902 y el alemán de 1907.

Cuanto más desarrollado es el país, tanto más extendido está el trabajo asalariado en la agricultura. En Alemania, de un total de 15 millones de trabajadores en la agricultura, se contabilizan 4,5 millones de obreros asalariados, es decir, el 30%; en Austria, de 9 millones — 1,25 millones, es decir, alrededor del 14%. Pero también en Austria, si tomamos las explotaciones habitualmente clasificadas como campesinas (o «trabajadoras»), concretamente aquellas que poseen de 2 a 20 hectáreas (una hectárea equivale a 9/10 de desiatina) de tierra, veremos un desarrollo significativo del trabajo asalariado. Las explotaciones con 5-10 hectáreas suman 383.000; de ellas, 126.000 emplean jornaleros. Las explotaciones con 10-20 hectáreas suman 242.000, de las cuales 142.000 (es decir, alrededor de 3/5) emplean jornaleros.

Por consiguiente, la pequeña agricultura campesina («trabajadora») explota a cientos de miles de obreros asalariados. Cuanto mayor es la explotación campesina, tanto mayor es el número de obreros asalariados, junto con una composición más considerable de fuerza de trabajo familiar. Por ejemplo, en Alemania, por cada 10 explotaciones campesinas hay:

Los campesinos más acomodados, al poseer más tierra y un mayor número de trabajadores «propios» en la familia, contratan, además, un número aún mayor de jornaleros.

En la sociedad capitalista, que depende enteramente del mercado, la producción masiva en pequeña escala (campesina) en la agricultura es imposible sin el empleo masivo de trabajo asalariado. La dulce palabrita: campesino «trabajador» no hace sino engañar al obrero, encubriendo esta explotación del trabajo asalariado.

En Austria, alrededor de 1,5 millones de explotaciones campesinas (de 2 a 20 hectáreas) emplean a medio millón de obreros asalariados. En Alemania, 2 millones de explotaciones campesinas emplean a más de 1,5 millones de obreros asalariados.

¿Y los propietarios más pequeños? ¡Ellos mismos se emplean! Son obreros asalariados con un pedazo de tierra. Por ejemplo, en Alemania, se contabilizan alrededor de 3,3 millones (3.378.509) de explotaciones con menos de 2 hectáreas. ¡¡De ellas, los agricultores independientes son menos de medio millón (474.915), mientras que los obreros asalariados son poco menos de 2 millones (1.822.792)!!

Por tanto, la propia situación de los pequeños agricultores en la sociedad moderna los convierte inevitablemente en pequeños burgueses. Vacilan perpetuamente entre los obreros asalariados y los capitalistas. La mayoría del campesinado padece miseria y se arruina, convirtiéndose en proletarios, mientras que una minoría sigue a los capitalistas y apoya la dependencia respecto a ellos de la masa de la población rural. Por eso, en todos los países capitalistas, el campesinado en su masa permanece hasta ahora al margen del movimiento socialista de los obreros, adhiriéndose a diversos partidos reaccionarios y burgueses. Sólo la organización independiente de los obreros asalariados, que lleve una lucha de clase consecuente, es capaz de arrancar al campesinado de la influencia de la burguesía y explicarle la total falta de salida de la situación de los pequeños productores en la sociedad capitalista.

En Rusia, la situación del campesino respecto al capitalismo es completamente homogénea a lo que vemos en Austria, Alemania, etc. Nuestra «peculiaridad» es nuestro atraso: ante el campesino no se alza aún el gran terrateniente capitalista, sino el latifundista feudal, que es el principal sostén del atraso tanto económico como político de Rusia.

Escrito el 30 de mayo (12 de junio) de 1913.

Publicado el 11 de junio de 1913 en el periódico «Pravda», núm. 132. Firmado: V. I.

Se reproduce según el texto del periódico.