Un acontecimiento en el partido socialista alemán es la intervención del conocido socialdemócrata de Baden, Frank, uno de los más destacados representantes del ala oportunista, en favor de la huelga de masas como medio de lucha por la reforma electoral en Prusia.

La organización socialdemócrata del partido en Wilmersdorf, un suburbio de Berlín, invitó a Frank a presentar una ponencia sobre este tema. Los periódicos burgueses, esperando que «desde Baden» se escucharan discursos pacíficos y moderados, armaron un gran revuelo en torno a la reunión. La publicidad gratuita resultó magnífica. La reunión fue enorme y particularmente imponente.

Pero Frank –ya fuera porque hablaba ante los obreros berlineses de ánimo radical, o porque él, un meridional acostumbrado al régimen más libre del sur de Alemania, se indignó ante el descarado dominio de los «junkers» (los nobles alemanes de las Centurias Negras) que empezó a observar de cerca en Berlín–, se pronunció con un ardiente discurso a favor de la huelga de masas.

El orador comenzó describiendo la política interior en Prusia. Frank flageló sin piedad el dominio de los junkers, la ley electoral reaccionaria para el Landtag prusiano (una ley similar a nuestra ley de la tercera Duma), la ausencia de garantías democráticas elementales. Cuando el orador señaló que, según la ley electoral prusiana, el dueño de un burdel goza de derechos electorales en la primera curia, mientras que el primer ministro solo en la tercera, y que eso era característico del «orden» prusiano, la reunión subrayó su apreciación con una carcajada unánime.

Los obreros berlineses, bromeó Frank, demostraron con su lucha contra Jagow (el alcalde, que en vano intentó prohibir las manifestaciones en 1910) que poseen talentos en el arte de las maniobras callejeras.

El orador recordó ejemplos de huelgas de masas en la historia: entre los cartistas{83} en Inglaterra, los belgas en 1893, 1902 y 1912, los suecos en 1903, los italianos en 1904, los rusos en 1905; el orador se detuvo más detalladamente en este último ejemplo, subrayando la ayuda que los obreros rusos prestaron entonces a sus vecinos y hermanos, los obreros austríacos. La sola amenaza de una huelga política bastó entonces a los austríacos para conquistar el sufragio universal.

¡En Prusia y en Alemania –exclamó Frank– tenemos el mejor movimiento obrero del mundo, la prensa obrera más difundida! ¡Aprendamos, pues, del proletariado de todo el mundo la lucha de masas! (Calurosas aclamaciones y aplausos de la reunión.)

Por supuesto, la nueva forma de lucha conlleva sacrificios y peligros –continuó Frank–, pero ¿dónde se han visto batallas políticas sin sacrificios ni peligros? Una vez conscientes de la necesidad de la lucha, debemos llevarla hasta el fin, debemos hacer avanzar nuestro navío, a pesar de que en el camino haya escollos. Quien les teme y permanece en el puerto, nada puede sucederle, pero jamás llegará a la otra orilla, a la meta de nuestras aspiraciones.

Recibido entusiastamente por la reunión, el discurso de Frank demostró una y otra vez hasta qué grado de indignación ha llevado a los obreros alemanes la reacción. Lenta pero firmemente madura una poderosa protesta en el seno del proletariado alemán.

Escrito el 5 (18) de junio de 1913.

Publicado el 11 de junio de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 132. Firma: Karich

Se imprime según el texto del periódico.