Se publica según el texto del periódico "Pravda", cotejado con el texto de la recopilación "El marxismo y el liquidacionismo", parte II, San Petersburgo, 1914

I. La resolución de 1908

A muchos obreros, la lucha que se desarrolla entre "Pravda" y "Luch" les parece innecesaria y poco comprensible. Es natural que los artículos polémicos en números sueltos del periódico sobre cuestiones aisladas, a veces bastante particulares, no den una idea completa de los temas y el contenido de la lucha. De ahí el legítimo descontento de los obreros.

Entre tanto, la cuestión del liquidacionismo, por la cual se desarrolla la lucha, es en el momento actual una de las cuestiones más importantes y más vitales del movimiento obrero. No se puede ser un obrero consciente sin haberse familiarizado a fondo con esta cuestión, sin haberse formado una opinión definida sobre ella. El obrero que quiere decidir por sí mismo los destinos de su partido, no desechará la polémica, aunque no sea del todo comprensible a primera vista, sino que buscará seriamente y hallará la verdad.

¿Cómo hallar la verdad? ¿Cómo orientarse entre opiniones y afirmaciones que se contradicen unas a otras?

Toda persona razonable comprende que, si se desarrolla una lucha encarnizada por cualquier motivo, para establecer la verdad es necesario no limitarse a las declaraciones de los que discuten, sino comprobar uno mismo los hechos y los documentos, examinar uno mismo si existen testimonios de testigos y si estos testimonios son verídicos.

No cabe duda, esto no siempre es fácil de hacer. Es mucho "más fácil" tomar por fe lo que se encuentra, lo que se oye decir, aquello sobre lo que se grita más "abiertamente", etc. Pero sólo a las personas que se contentan con eso se les llama "ligeritas", personas de poco peso, y nadie las toma en serio. Sin un cierto trabajo independiente, en ninguna cuestión seria se puede hallar la verdad, y quien teme el trabajo, se priva a sí mismo de la posibilidad de encontrar la verdad.

Por eso nos dirigimos sólo a aquellos obreros que no temen este trabajo, que han decidido orientarse por sí mismos y esforzarse por encontrar hechos, documentos, testimonios.

Ante todo, surge la pregunta: ¿qué es el liquidacionismo? ¿De dónde ha salido esta palabra, qué significa?

"Luch" dice que el liquidacionismo del partido, es decir, la disolución, la destrucción del partido, la renuncia al partido, es simplemente una invención malvada. ¡Eso, dicen, lo han inventado los "fraccionalistas" bolcheviques contra los mencheviques!

"Pravda" dice que todo el partido, desde hace más de cuatro años, condena el liquidacionismo y lucha contra él.

¿Quién tiene razón? ¿Cómo encontrar la verdad?

Evidentemente, el único camino: buscar los hechos y los documentos de la historia del partido de los últimos 4 años, desde 1908 hasta 1912, cuando los liquidacionistas se escindieron definitivamente del partido.

Precisamente estos cuatro años, cuando los actuales liquidacionistas aún estaban en el partido, son el período más importante para comprobar de dónde y cómo surgió el concepto del liquidacionismo.

De aquí la primera y principal conclusión: quien habla del liquidacionismo, soslayando los hechos y documentos del partido de los años 1908-1911, oculta la verdad a los obreros.

¿Cuáles son esos hechos y documentos del partido?

Ante todo, la resolución del partido adoptada en diciembre de 1908 {37}. Los obreros, si no quieren que se les trate como a niños, a los que se atiborra de cuentos y patrañas, deben preguntar a sus consejeros, dirigentes o representantes: ¿hubo una resolución del partido sobre la cuestión del liquidacionismo en diciembre de 1908 y en qué consiste?

Esta resolución condena el liquidacionismo y explica en qué consiste.

El liquidacionismo son "los intentos de una parte de la intelectualidad del partido de liquidar" (es decir, disolver, destruir, suprimir, cesar) "la organización existente del partido y sustituirla por una unión amorfa dentro del marco de la legalidad" (es decir, de la legalidad, de la existencia "abierta") "a toda costa, aunque esta última se comprara al precio de una renuncia manifiesta al programa, la táctica y las tradiciones" (es decir, la experiencia anterior) "del partido".

He aquí cómo era la resolución del partido sobre el liquidacionismo hace más de cuatro años.

De esta resolución se ve claramente en qué consiste la esencia del liquidacionismo, por qué se le condena. La esencia está en la renuncia a la "clandestinidad", en su liquidación, en su sustitución por una unión amorfa dentro del marco de la legalidad a toda costa. Por consiguiente, el partido no condena en absoluto el trabajo legal, ni mucho menos el plantear su necesidad. El partido condena —y condena incondicionalmente— la sustitución del viejo partido por algo amorfo, "abierto", que no puede llamarse partido.

El partido no puede existir sin defender su existencia, sin luchar incondicionalmente contra quien lo liquida, lo destruye, no lo reconoce, renuncia a él. Esto es evidente por sí mismo.

A quien renuncia al partido existente en nombre de algún partido nuevo, hay que decirle: intente construir un nuevo partido, pero no puede ser miembro del viejo, del actual, del partido existente. Tal es el sentido de la resolución del partido adoptada en diciembre de 1908, y es evidente que no podía haber otra resolución sobre la cuestión de la existencia del partido.

El liquidacionismo está vinculado, por supuesto, por un nexo ideológico con el renegadismo, la renuncia al programa y la táctica, con el oportunismo. A esto apunta el final de la resolución antes citada. Pero el liquidacionismo no es sólo oportunismo. Los oportunistas llevan al partido por un camino falso, burgués, por el camino de una política obrera liberal, pero no reniegan del partido mismo, no lo liquidan. El liquidacionismo es un oportunismo que llega hasta la renuncia al partido. Se comprende por sí mismo que el partido no puede existir incluyendo a quienes no reconocen su existencia. No es menos comprensible que la renuncia a la clandestinidad, en las condiciones existentes, es una renuncia al viejo partido.

Cabe preguntarse: ¿cuál es la actitud de los liquidacionistas hacia esta resolución del partido de 1908?

Aquí está el quid de la cuestión, aquí está la prueba de la sinceridad y la honradez política de los liquidacionistas.

Ninguno de ellos, a menos que esté loco, negará el hecho de que hubo y no ha sido derogada tal resolución del partido.

Y he aquí que los liquidacionistas se escabullen, ya sea soslayando la cuestión y silenciando ante los obreros la resolución del partido de 1908, ya sea exclamando (acompañado a menudo de insultos) que esta resolución fue aprobada por los bolcheviques.

Pero los insultos sólo delatan la debilidad de los liquidacionistas. Hay resoluciones del partido aprobadas por los mencheviques, por ejemplo, la resolución sobre la municipalización, adoptada en Estocolmo en 1906 {38}. Esto es de todos conocido. Muchos bolcheviques no comparten esta resolución. Pero ninguno de ellos niega que sea una resolución del partido. Exactamente igual, la resolución de 1908 sobre el liquidacionismo es una resolución del partido. Todo tipo de escabullidas en torno a esta cuestión sólo significan el deseo de inducir a error a los obreros.

Quien quiera reconocer al partido no sólo de palabra, no admitirá aquí ninguna escabullida y se hará con la verdad sobre la resolución del partido en la cuestión del liquidacionismo. A esta resolución se adhirieron desde 1909 todos los mencheviques del partido, encabezados por Plejánov, quien tanto en su publicación "Dnevnik" {39} como en toda una serie de otras publicaciones marxistas explicó reiteradamente y de manera muy definida que no puede estar en el partido quien lo liquida.

Plejánov fue y seguirá siendo menchevique. Por lo tanto, las habituales referencias de los liquidacionistas al carácter "bolchevique" de la resolución del partido en 1908 son doblemente falsas.

Cuantos más insultos contra Plejánov encontramos en los liquidacionistas de "Luch" o de "Nasha Zariá" {40}, tanto más claramente demuestra esto la sinrazón de los liquidacionistas, sus intentos de oscurecer la verdad con ruido, gritos y escándalos. A veces se consigue aturdir de buenas a primeras a un novato con tales procedimientos, pero los obreros, de todos modos, se orientarán por sí mismos y pronto desecharán los insultos.

¿Es necesaria la unidad de los obreros? Lo es.

¿Es posible la unidad de los obreros sin la unidad de la organización obrera? Está claro que es imposible.

¿Qué impide la unidad del partido obrero? Las disputas sobre el liquidacionismo.

Por consiguiente, los obreros deben orientarse en estas disputas para decidir por sí mismos el destino de su partido y defenderlo.

El primer paso para ello es conocer la primera resolución del partido sobre el liquidacionismo. Esta resolución los obreros deben conocerla firmemente y reflexionarla con atención, desechando todo tipo de intentos de escabullirse de la cuestión o de desviarla. Tras reflexionar sobre esta resolución, todo obrero empezará a comprender en qué consiste la esencia de la cuestión del liquidacionismo, por qué esta cuestión es tan importante y tan "dolorosa", por qué más de cuatro años de la época de la reacción esta cuestión está planteada ante el partido.

En el siguiente artículo examinaremos otra importante resolución del partido sobre el liquidacionismo, adoptada hace alrededor de tres años y medio, y luego pasaremos a los hechos y documentos que determinan la situación actual de la cuestión.

II. La resolución de 1910

En el primer artículo ("Pravda" núm. 289) citamos el primer y principal documento que es necesario que conozcan los obreros que desean hallar la verdad en las disputas actuales, a saber: la resolución del partido sobre la cuestión del liquidacionismo de diciembre de 1908.

Ahora citaremos y examinaremos otra resolución del partido, no menos importante, sobre la misma cuestión, adoptada hace tres años y medio, en enero de 1910 {41}. Esta resolución tiene una importancia especial porque fue adoptada por unanimidad: todos los bolcheviques sin excepción, luego todos los llamados vperiodistas y, finalmente (esto es lo más importante), todos los mencheviques sin excepción y los actuales liquidacionistas, así como todos los marxistas "nacionales" (es decir, judíos, polacos y letones) adoptaron esta resolución.

Citamos íntegramente el pasaje más importante de esta resolución:

"La situación histórica del movimiento socialdemócrata en la época de la contrarrevolución burguesa engendra inevitablemente, como manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado, por un lado, la negación del partido socialdemócrata ilegal, el menosprecio de su papel y su importancia, los intentos de recortar las tareas y consignas programáticas y tácticas de la socialdemocracia consecuente, etc.; por otro lado, la negación del trabajo en la Duma de la socialdemocracia y de la utilización de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de una y otra cosa, la incapacidad de adaptar la táctica socialdemócrata consecuente a las peculiares condiciones históricas del momento actual, etc.

Un elemento inalienable de la táctica socialdemócrata en estas condiciones es la superación de ambas desviaciones mediante la ampliación y profundización del trabajo socialdemócrata en todas las esferas de la lucha de clases del proletariado y la explicación del peligro de estas desviaciones" {42}.

De esta resolución se ve claramente que hace tres años y medio todos los marxistas, por unanimidad, en la persona de todas las corrientes sin excepción, tuvieron que reconocer dos desviaciones de la táctica marxista. Ambas desviaciones fueron reconocidas como peligrosas. Ambas desviaciones se explicaron no por la casualidad, no por la mala voluntad de individuos aislados, sino por la "situación histórica" del movimiento obrero en la época que atravesamos.

No sólo eso. En la resolución unánime del partido se señala el origen de clase y la significación de estas desviaciones. Porque los marxistas no se limitan a una indicación escueta y vacía de la desorganización y la descomposición. Todos ven que en las cabezas de muchos partidarios de la democracia y el socialismo reinan la descomposición, la falta de fe, el abatimiento, la perplejidad. No basta con reconocer esto. Es necesario comprender cuál es el origen de clase de la dispersión y la descomposición, qué intereses de clase del medio no proletario alimentan la "confusión" entre los amigos del proletariado.

Y la resolución del partido de hace tres años y medio dio respuesta a esta importante cuestión: las desviaciones del marxismo las engendra la "contrarrevolución burguesa", las engendra la "influencia burguesa sobre el proletariado".

¿Cuáles son, pues, estas desviaciones que amenazan con entregar al proletariado bajo la influencia de la burguesía? Una de estas desviaciones, vinculada al "vperiodismo" {43} y que consiste en la negación del trabajo en la Duma de la socialdemocracia y de la utilización de las posibilidades legales, ha desaparecido casi por completo. En Rusia, ningún socialdemócrata predica ya estas opiniones erróneas, no marxistas. Los "vperiodistas" (entre ellos Alexinski y otros) empezaron a trabajar en "Pravda" junto con los mencheviques del partido.

La otra desviación, señalada en la resolución del partido, es precisamente el liquidacionismo. Esto está claro por las indicaciones sobre la "negación" de la clandestinidad y el "menosprecio" de su papel e importancia. Finalmente, tenemos el documento más exacto, publicado hace tres años y no refutado por nadie, un documento que emana de todos los marxistas "nacionales" y de Trotski (testigos mejores que los cuales los liquidacionistas no pueden ni imaginar); este documento declara directamente que "en esencia, sería deseable llamar liquidacionismo a la corriente señalada en la resolución, contra la cual es necesario luchar...".

Así pues, he aquí el hecho fundamental y más importante que debe conocer todo aquel que quiera orientarse en las disputas actuales: hace tres años y medio, el partido reconoció unánimemente el liquidacionismo como una desviación "peligrosa" del marxismo, una desviación contra la cual es necesario luchar, que expresa la "influencia burguesa sobre el proletariado".

Los intereses de la burguesía, que está contra la democracia, que está en general en un estado de ánimo contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo partido del proletariado. La burguesía difunde y apoya por todos los medios todas las ideas dirigidas al liquidacionismo del partido de la clase obrera. La burguesía aspira a sembrar la renuncia a las viejas tareas, a "recortar", amputar, cercenar, castrarlas, a poner la conciliación o el acuerdo con los Purishkévich y Cía. en lugar de la eliminación decidida de las bases de su poder.

El liquidacionismo es precisamente la introducción de estas ideas burguesas de renuncia y renegadismo en el seno del proletariado.

He aquí cuál es la significación de clase del liquidacionismo, señalada por la resolución unánime del partido hace tres años y medio. He aquí en qué ve todo el partido el más profundo daño y peligro del liquidacionismo, su acción destructiva sobre el movimiento obrero, sobre la cohesión del partido independiente (de hecho, no de palabra) de la clase obrera.

El liquidacionismo no es sólo liquidación (es decir, disolución, destrucción) del viejo partido de la clase obrera, es también destrucción de la independencia de clase del proletariado, corrupción de su conciencia con ideas burguesas.

Explicaremos gráficamente esta apreciación del liquidacionismo en el siguiente artículo, en el que se citarán íntegramente los razonamientos más importantes del "Luch" liquidacionista. Y ahora, resumamos brevemente lo dicho. Los intentos de los "luchistas" en general, y de los señores F. Dan y Potrésov en particular, de presentar el asunto como si todo el "liquidacionismo" fuera un invento, constituyen escabullidas asombrosas por su mendacidad, calculadas sobre la total desinformación de los lectores de "Luch". En realidad, además de la resolución del partido de 1908, existe la resolución unánime del partido de 1910, que da una apreciación completa del liquidacionismo como una desviación burguesa del camino proletario, peligrosa y funesta para la clase obrera. Sólo los enemigos de la clase obrera pueden ocultar o soslayar esta apreciación del partido.

III. Actitud de los liquidacionistas ante las resoluciones de 1908 y 1910

En el artículo anterior ("Pravda" núm. 95 (299)) citamos las palabras exactas de la resolución unánime del partido respecto al liquidacionismo, como manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado.

Esta resolución, como indicamos, fue adoptada en enero de 1910. Veamos ahora la conducta de aquellos liquidacionistas que tienen el valor de asegurar hoy que no hubo ni hay ningún liquidacionismo.

En febrero de 1910, en el núm. 2 de la revista "Nasha Zariá", que acababa entonces de empezar a publicarse, el Sr. Potrésov escribía directamente que "no existe el partido como jerarquía íntegra y organizada" (es decir, escalera o sistema de "instituciones"), y que no se puede liquidar aquello "que de hecho ya no existe como un todo organizado" (véase la pág. 61 de "Nasha Zariá" núm. 2 de 1910).

¡Esto se decía un mes, o menos, después de la resolución unánime del partido!

Y en marzo de 1910, otra revista liquidacionista con los mismos colaboradores: Potrésov, Dan, Martínov, Ezhov, Mártov, Levitski y Cía., concretamente la revista "Vozrozhdenie" {44}, subrayaba y explicaba de forma popular las palabras del Sr. Potrésov:

"No hay nada que liquidar, y —añadimos por nuestra cuenta (es decir, la redacción de 'Vozrozhdenie')— el sueño de restaurar esta jerarquía en su vieja forma clandestina es simplemente una utopía nociva, reaccionaria, que significa la pérdida del sentido político en los representantes del que fuera en su día el partido más realista" ("Vozrozhdenie", 1910, núm. 5, pág. 51).

El partido no existe, y restaurarlo es una utopía nociva: he aquí palabras claras y definidas. He aquí una renuncia clara y directa al partido. Renunciaron (e invitaban a los obreros a renunciar) personas que abandonaron la clandestinidad y "soñaban" con un partido abierto.

Esta salida de la clandestinidad la apoyó después de manera muy definida y abierta P. B. Axelrod en 1912, tanto en "Nevski Gólos" {45} (1912, núm. 6) como en "Nasha Zariá" (núm. 6, 1912).

"Hablar en tal estado de cosas de no fraccionalismo —escribía P. B. Axelrod— significa asemejarse al avestruz, significa engañarse a sí mismo y a los demás". "La estructuración y cohesión fraccional es un deber directo y una obligación inaplazable de los partidarios de la reforma del partido o, más exactamente, de la revolución".

Así pues, P. B. Axelrod está directamente por la revolución en el partido, es decir, por la destrucción del viejo partido y por la fundación de un nuevo partido.

En 1913, en el núm. 101 de "Luch", en un editorial sin firma se decía directamente que "en algunos sitios del medio obrero incluso renacen y se fortalecen las simpatías hacia la clandestinidad" y que esto es un "hecho lamentable". El autor de este artículo, L. Sédov, reconoció él mismo que el artículo "provocó descontento" incluso entre los partidarios de la táctica de "Luch" ("Nasha Zariá", 1913, núm. 3, pág. 49). Al mismo tiempo, las explicaciones del propio L. Sédov fueron de tal naturaleza que provocaron un nuevo descontento, esta vez de un partidario de "Luch", concretamente de An, quien en el núm. 181 de "Luch" escribe contra Sédov. An protesta contra la admisión de Sédov de que "la clandestinidad es un obstáculo para la estructuración política de nuestro movimiento, para la construcción del partido obrero socialdemócrata". An se burla de L. Sédov, en quien resulta una "indefinición" acerca de si la clandestinidad es deseable.

La redacción de "Luch" insertó al artículo de An un extenso epílogo, en el que se pronuncia a favor de Sédov, hallando a An "equivocado en su crítica de L. Sédov".

En su momento analizaremos tanto los razonamientos de la redacción de "Luch" como los errores liquidacionistas del propio An. Ahora no se trata de eso. Ahora debemos valorar atentamente la conclusión principal y fundamental de los documentos que hemos citado[7].

Todo el partido, tanto en 1908 como en 1910, condena y rechaza el liquidacionismo, explicando detallada y nítidamente cuál es la fuente de clase y cuál el peligro de esta corriente. Todos los periódicos y revistas liquidacionistas: "Vozrozhdenie" (1909-1910), "Nasha Zariá" (1910-1913), "Nevski Gólos" (1912) y "Luch" (1912-1913)[8], todos repiten, después de las resoluciones más definidas e incluso unánimes del partido, pensamientos y razonamientos que contienen un manifiesto liquidacionismo.

Incluso los partidarios de "Luch" se han visto forzados a expresar su desacuerdo con estos razonamientos, con esta prédica. Es un hecho. Por consiguiente, gritar sobre la "persecución" de los liquidacionistas, como hacen Trotski, Semkovski y muchos otros protectores del liquidacionismo, es sencillamente deshonesto, pues es una tergiversación clamorosa de la verdad.

La verdad, demostrada por los documentos que he citado a lo largo de más de cinco años (1908-1913), consiste en que los liquidacionistas continúan, en burla de todas las resoluciones del partido, denigrando y persiguiendo al partido, es decir, a la "clandestinidad".

Esta verdad, todo obrero que quiera orientarse por sí mismo con toda seriedad en las cuestiones polémicas y candentes del partido, decidir por sí mismo estas cuestiones, esta verdad debe asimilarla ante todo todo obrero, tomando para ello medidas independientes para estudiar y comprobar las citadas resoluciones del partido y los razonamientos de los liquidacionistas. Sólo merece el nombre de miembro del partido y de constructor del partido obrero quien estudia con atención, reflexiona y decide por sí mismo las cuestiones y los destinos de su partido. No se puede ser indiferente a la cuestión de si el partido es "culpable" de la "persecución" (es decir, de ataques demasiado bruscos e injustos) de los liquidacionistas, o si los liquidacionistas son culpables de la violación directa de las disposiciones del partido, de la prédica tenaz de la liquidación, es decir, de la destrucción del partido.

Está claro que el partido no puede existir sin luchar con todas sus fuerzas contra los destructores del partido.

Una vez citados los documentos sobre esta cuestión fundamental, pasaremos en el siguiente artículo a la valoración del contenido ideológico de la prédica del "partido abierto".

IV. Significación de clase del liquidacionismo

Hemos mostrado en los artículos anteriores ("Pravda" núms. 289, 299 y 314) que todos los marxistas, tanto en 1908 como en 1910, condenaron irrevocablemente el liquidacionismo como una renuncia al pasado. Los marxistas explicaron a la clase obrera que el liquidacionismo es la introducción de la influencia burguesa en el proletariado. Y todas las publicaciones liquidacionistas, desde 1909 hasta 1913, violaron y violan de manera clamorosa las resoluciones de los marxistas.

Veamos la consigna: "partido obrero abierto" o "lucha por el partido abierto", que hasta ahora defienden los liquidacionistas en "Luch" y en "Nasha Zariá".

¿Es esta consigna marxista, proletaria, o liberal, burguesa?

La respuesta a esta cuestión hay que buscarla no en los estados de ánimo ni en los planes de los liquidacionistas o de otros grupos, sino en el análisis de la correlación de fuerzas sociales de Rusia en la época que atravesamos. El significado de las consignas no se determina por las intenciones de sus autores, sino precisamente por la correlación de fuerzas de todas las clases del país.

Los terratenientes feudales y su "burocracia" son hostiles a todo cambio en el espíritu de la libertad política. Esto es comprensible. La burguesía, por su situación económica en un país atrasado y semifeudal, no puede no aspirar a la libertad. Pero la burguesía teme la actividad popular más que a la reacción. Esta verdad la demostró de manera especialmente evidente el año cinco; la comprendió perfectamente la clase obrera; no la comprendieron sólo los intelectuales oportunistas y semiliberales.

La burguesía es liberal y contrarrevolucionaria. De ahí su reformismo, ridículamente impotente y lastimoso. Sueños de reformas, y miedo a ajustar cuentas seriamente con los feudales, que no sólo no dan reformas, sino que incluso retiran las ya concedidas. Prédica de reformas, y miedo al movimiento popular. Aspiración a desplazar a los feudales, y miedo a perder su ayuda, miedo a perder sus privilegios. Sobre esta correlación de clases está edificado el sistema del 3 de junio, que otorga la omnipotencia a los feudales y privilegios a la burguesía.

La situación de clase del proletariado excluye completamente para él la posibilidad de "compartir" privilegios o de temer su pérdida por parte de quien sea. Por eso el reformismo egoísta y estrecho, miserable y torpe, es completamente ajeno al proletariado. Y la masa campesina, por un lado, inmensamente oprimida y viendo hambrunas en lugar de privilegios, y por otro lado, incondicionalmente pequeñoburguesa, vacila inevitablemente entre los liberales y los obreros.

Tal es la situación objetiva.

De esta situación se desprende con evidencia que la consigna de un partido obrero abierto, por su origen de clase, es una consigna de los liberales contrarrevolucionarios. No hay en ella nada más que reformismo; no hay ni un indicio de que el proletariado, la única clase plenamente democrática, tome conciencia de su tarea de lucha contra los liberales por la influencia sobre toda la democracia; no hay ni idea de eliminar la base misma de todo tipo de privilegios de los feudales, de la "burocracia", etc.; no hay idea de los fundamentos generales de la libertad política y una constitución democrática; en cambio, hay una renuncia tácita a lo viejo y, por consiguiente, renegadismo y disolución (liquidación) del partido obrero.

Diciéndolo más brevemente: esta consigna lleva al medio obrero, en la época de la contrarrevolución, la prédica precisamente de lo que hace en su medio la burguesía liberal. Por eso, si no hubiera liquidacionistas, ¡los burgueses progresistas inteligentes deberían haber buscado o contratado intelectuales para llevar a la clase obrera tal prédica!

Sólo personas descerebradas pueden comparar las palabras de los liquidacionistas con los motivos de los liquidacionistas. Hay que comparar sus palabras con los hechos de la burguesía liberal y con su situación objetiva.

Miren estos hechos. En 1902, la burguesía está por la clandestinidad. Struve es enviado por ella a editar la revista clandestina "Osvobozhdenie" {46}. Cuando el movimiento obrero conduce al 17 de octubre {47}, los liberales y los kadetes abandonan la clandestinidad, y luego renuncian a ella, la declaran innecesaria, locura, pecado y ateísmo ("Vejí" {48}) [9]. En lugar de la clandestinidad, en la burguesía liberal surge la lucha por un partido abierto. Este es un hecho histórico, confirmado por los incansables intentos de legalización de los kadetes (1905-1907) y de los progresistas (1913).

En los k.-d. vemos "el trabajo abierto y la organización secreta del mismo"; el buenazo, es decir, el liquidacionista inconsciente A. Vlásov no hizo más que contar "con sus propias palabras" los asuntos kadetes.

¿Por qué, pues, los liberales renunciaron a la clandestinidad y adoptaron la consigna de "lucha por el partido abierto"? ¿Acaso porque Struve es un traidor? No. Exactamente al revés. Struve se pasó porque giró toda la burguesía. Y esta giró, 1) porque recibió privilegios el 11 de diciembre de 1905 {49} e incluso el 3 de junio de 1907 recibió la posición de oposición tolerada; 2) porque ella misma se asustó mortalmente del movimiento popular. La consigna "lucha por el partido abierto", traducida de la "alta política" al lenguaje sencillo y gráfico, significa lo siguiente:

- ¡Señores terratenientes! No piensen que queremos echarlos del mundo. No. Háganse un poquito a un lado para que también nosotros, burgueses, podamos sentarnos (partido abierto); entonces los defenderemos a ustedes cinco veces más "inteligentemente", más astutamente, más "científicamente" que Timóshkin y los curitas de Sábler {50}.

Imitando a los kadetes, la consigna de "lucha por el partido abierto" la adoptaron los pequeños burgueses, los populistas. En agosto de 1906, el Sr. Peshejónov y compañía de "Rússkoe Bogatstvo" renuncian a la clandestinidad, proclaman la "lucha por el partido abierto", recortan de su programa las consignas consecuentemente democráticas, "clandestinas".

Como resultado de la charlatanería reformista de estos filisteos sobre un "partido amplio y abierto", se quedaron, patente para todos, sin partido alguno, sin ningún vínculo con las masas, y los kadetes dejaron incluso de soñar con tal vínculo.

Así, y sólo así, a través del análisis de la situación de las clases, a través de la historia general de la contrarrevolución, se puede llegar a la comprensión del liquidacionismo. Los liquidacionistas son intelectuales pequeñoburgueses enviados por la burguesía para llevar la corrupción liberal al medio obrero. Los liquidacionistas son traidores al marxismo y traidores a la democracia. La consigna de "lucha por el partido abierto" en ellos (como en los liberales, como en los populistas) es un encubrimiento de la renuncia al pasado y de la ruptura con la clase obrera. Esto es un hecho, demostrado tanto por las elecciones a la IV Duma por la curia obrera como por la historia del surgimiento del periódico obrero "Pravda". El vínculo con las masas se manifestó patente para todos sólo en las personas que no renunciaron al pasado y supieron utilizar el "trabajo abierto" y toda clase de "posibilidades" exclusivamente en su espíritu, para reforzarlo, consolidarlo y desarrollarlo.

En la época del sistema del 3 de junio, no podía ser de otro modo.

Del "recorte" del programa y la táctica por los liquidacionistas (es decir, los liberales) hablaremos en el siguiente artículo.

V. La consigna de "Lucha por el partido abierto"

En el artículo anterior ("Pravda" núm. 122) examinamos el significado objetivo, es decir, determinado por la relación de clases, de la consigna "partido abierto" o "lucha por el partido abierto". Esta consigna es una repetición servil de la táctica de la burguesía, para la cual es la expresión correcta de su renuncia a la revolución o de su carácter contrarrevolucionario.

Examinemos algunas tentativas, particularmente en boga entre los liquidacionistas, de defender la consigna de "lucha por el partido abierto". Tanto Maevski, como Sédov, como Dan, y todos los "luchistas" se esfuerzan por confundir el partido abierto con el trabajo o la actividad abiertos. Tal confusión es pura sofística, un juego, un engaño al lector.

En primer lugar, la actividad abierta de la socialdemocracia para el período 1904-1913 es un hecho. El partido abierto es una frase de intelectuales que encubre la renuncia al partido. En segundo lugar, el partido condenó reiteradamente el liquidacionismo, es decir, la consigna del partido abierto. Pero el partido no sólo no condenó la actividad abierta, sino que, por el contrario, condenó a quienes la abandonan o renuncian a ella. En tercer lugar, en 1904-1907 la actividad abierta estaba particularmente desarrollada en todos los socialdemócratas. ¡Pero ni una sola corriente, ni una sola fracción socialdemócrata enarbolaba entonces la consigna de "lucha por el partido abierto"!

Esto es un hecho histórico. Sobre él tienen que reflexionar quienes quieran comprender el liquidacionismo.

¿Impedía la actividad abierta en 1904-1907 la ausencia de la consigna de "lucha por el partido abierto"? En absoluto.

¿Por qué no surgía entonces entre los socialdemócratas una consigna semejante? Precisamente porque entonces aún no existía el desenfreno de la contrarrevolución que arrastró a una parte de la socialdemocracia al oportunismo en grado extremo. Entonces estaba demasiado claro que la consigna de "lucha por el partido abierto" es una frase oportunista, es una renuncia a la "clandestinidad".

Ahonden pues, señores, en el sentido de este viraje histórico: en la época de 1905, con un brillante desarrollo de la actividad abierta, no hay consigna de "lucha por el partido abierto"; en la época de la contrarrevolución, con un desarrollo más débil de la actividad abierta, aparece en una parte de la socialdemocracia (a remolque de la burguesía) la consigna de renuncia a la "clandestinidad" y de "lucha por el partido abierto".

¿Acaso el sentido y la significación de clase de semejante viraje pueden no estar claros todavía?

Finalmente, la cuarta y más importante circunstancia. La actividad abierta es posible (y se observa) de dos tipos, en dos direcciones diametralmente opuestas: la que se lleva a cabo en defensa de lo viejo y enteramente en su espíritu, en nombre de sus consignas y su táctica, y la que se lleva a cabo contra lo viejo, en nombre de la renuncia a ello, de la disminución de su papel, de sus consignas, etc.

La existencia de estos dos tipos de actividad abierta, por principio hostiles e irreconciliables, es el hecho histórico más indiscutible para la época comprendida entre 1906 (los kadetes y el Sr. Peshejónov y Cía.) y 1913 ("Luch", "Nasha Zariá"). ¿Se puede, pues, escuchar sin sonreír a un simplón (o a una persona que se hace el simplón por un tiempo) cuando dice: sobre qué discutir, si tanto unos como otros realizan una actividad abierta? ¡Precisamente sobre eso discuten, querido, sobre si esta actividad debe realizarse en defensa de la "clandestinidad" y en su espíritu, o en su menoscabo, contra ella, no en su espíritu! ¡La disputa versa sólo —"sólo"!— sobre si el trabajo abierto dado se realiza en un espíritu liberal o en un espíritu consecuentemente democrático! ¡La disputa versa "sólo" sobre si es posible limitarse al trabajo abierto: recuerde al señor liberal Struve, que no se limitaba a él en 1902 y se "limitó" por completo en 1906-1913!

Nuestros liquidacionistas de "Luch" no pueden comprender de ningún modo que la consigna de "lucha por el partido abierto" es la introducción en el medio obrero de ideas liberales (struvistas), ataviadas con andrajos de frases "casi marxistas".

O bien, tomen el razonamiento de la propia redacción de "Luch" en su respuesta a An (núm. 181):

"...El partido socialdemócrata no se agota en los pocos camaradas a quienes la realidad obliga a trabajar en la clandestinidad. Pues si el partido se agotara en la clandestinidad, ¿cuántos miembros contaría? ¿2 o 3 centenares? ¿Y a dónde irían a parar esos miles, por no decir decenas de miles de obreros, que de hecho llevan sobre sus hombros todo el trabajo socialdemócrata?".

Para una persona que piensa, este solo razonamiento es suficiente para reconocer a sus autores como liberales. En primer lugar, dicen una falsedad manifiesta sobre la "clandestinidad": en ella hay mucho más que "centenares". En segundo lugar, en todo el mundo el número de miembros del partido es "estrecho" en comparación con el número de obreros que realizan trabajo socialdemócrata. Por ejemplo, en Alemania, en el partido socialdemócrata hay solo 1 millón de miembros, mientras que los votos por los socialdemócratas son alrededor de 5 millones, y los proletarios son alrededor de 15 millones. La proporción del número de miembros del partido respecto al número de socialdemócratas se determina en los distintos países por la diferencia de las condiciones históricas. En tercer lugar, no tenemos nada más que sustituya a la "clandestinidad". Por lo tanto, "Luch" se remite contra el partido a los obreros sin partido o apartidistas. Esto es el procedimiento habitual del liberal que se esfuerza por escindir a la masa de su destacamento consciente de vanguardia. "Luch" no comprende la relación del partido con la clase, como no lo comprendían los "economistas" de 1895-1901. En cuarto lugar, "trabajo socialdemócrata", en nuestras condiciones, sólo es realmente trabajo socialdemócrata cuando se lleva a cabo en el espíritu de lo viejo, en nombre de sus consignas.

Los razonamientos de "Luch" son razonamientos de intelectuales liberales que, no queriendo entrar en la organización del partido realmente existente, intentan destruir esta organización azuzando contra ella a la masa sin partido, dispersa, poco consciente. ¡Así actúan también los liberales alemanes, que dicen que los socialdemócratas no son los representantes del proletariado, pues son "sólo" la decimoquinta parte en el "partido"!

Tomen otro razonamiento aún más habitual de "Luch": "nosotros" estamos por un partido abierto, "como en Europa". Los liberales y los liquidacionistas quieren una constitución y un partido abierto, "como en Europa" hoy; pero no quieren el camino por el que Europa llegó a esto hoy.

El liquidacionista y bundista Kosovski en "Luch" nos enseña con el ejemplo de los austríacos. Sólo olvida que los austríacos tienen constitución desde 1867, y esta no podría haber existido sin: 1) el movimiento de 1848, 2) sin la profunda crisis estatal de 1859-1866, cuando la debilidad de la clase obrera permitió a Bismarck y Cía. salir del paso mediante la famosa "revolución desde arriba". ¿Y qué se desprende de las enseñanzas de Kosovski, Dan, Larin y todos los "luchistas"?

¡Sólo que ayudan a la resolución de nuestra crisis en el espíritu obligado de la "revolución desde arriba"! Pero semejante trabajo suyo es el "trabajo" de un partido obrero stolypinista.

Mires por donde mires, vemos en los liquidacionistas la renuncia tanto al marxismo como a la democracia.

En el siguiente artículo examinaremos detalladamente su razonamiento sobre la necesidad de recortar nuestras consignas socialdemócratas.

VI

Nos queda por examinar el recorte de las consignas marxistas por parte de los liquidacionistas. Lo mejor para ello sería tomar las resoluciones de su conferencia de agosto, pero por razones comprensibles, el análisis de estas resoluciones sólo es posible en la prensa extranjera. Aquí tenemos que tomar "Luch", que en el artículo de L. S. (núm. 108 (194)) ofreció una exposición notablemente exacta de toda la esencia, de todo el espíritu del liquidacionismo. El Sr. L. S. escribe:

"...El diputado Muránov reconoce por ahora sólo tres reivindicaciones parciales, las tres ballenas en las que, como es sabido, se basaba la plataforma electoral de los leninistas: la democratización completa del régimen estatal, la jornada laboral de ocho horas y la entrega de la tierra a los campesinos. En este punto de vista continúa manteniéndose también 'Pravda'. Mientras tanto, nosotros, como toda la socialdemocracia europea" (léase: "nosotros, como Miliukov, que asegura que tenemos, gracias a Dios, una constitución"), "vemos en el planteamiento de reivindicaciones parciales un medio de agitación que sólo puede tener éxito cuando tiene en cuenta la lucha cotidiana de las masas obreras. Sólo aquello que, por un lado, tiene significación de principio para el desarrollo ulterior del movimiento obrero y, por otro, puede llegar a ser candente para la masa, consideramos posible plantearlo como precisamente la reivindicación parcial que en el momento actual debe concentrar en sí la atención de la socialdemocracia. De las tres reivindicaciones que plantea 'Pravda', sólo una —la jornada laboral de ocho horas— desempeña y puede desempeñar un papel en la lucha cotidiana de los obreros. Las otras dos reivindicaciones en el momento actual pueden servir de objeto de propaganda, pero no de objeto de agitación. Sobre la diferencia entre propaganda y agitación, véanse las brillantes páginas en el folleto 'La lucha contra el hambre' de G. V. Plejánov" (¡L. S. no ha dado en el clavo: a él le "duele" recordar la polémica de Plejánov en 1899-1902 contra los "economistas", a quienes L. S. copia!).

"Además de la jornada laboral de ocho horas, una reivindicación parcial de este tipo, planteada tanto por las necesidades del movimiento obrero como por toda la marcha de la vida rusa, es la reivindicación de la libertad de coalición, la libertad de toda clase de organización, con la correspondiente libertad de reunión y de expresión, oral e impresa".

He aquí la táctica de los liquidacionistas. ¡No es "candente para la masa", si usted se digna ver; no es planteado por las "necesidades del movimiento obrero" y "toda la marcha de la vida rusa" ni lo que L. S. describe con las palabras "la democratización completa, etc.", ni lo que él llama "la entrega de la tierra a los campesinos"! ¡Qué viejos son estos razonamientos y qué familiares son para quien recuerda la historia de la práctica marxista rusa, su lucha de muchos años contra los "economistas", que renunciaban a las tareas de la democracia! ¡Con qué talento copia "Luch" las opiniones de Prokopóvich y Kúskova, que intentaban entonces arrastrar a los obreros por la vía liberal!

Pero analicemos más atentamente el razonamiento de "Luch". Desde el punto de vista del sentido común, este razonamiento es sencillamente una especie de locura. ¿Acaso es posible, de verdad, sin perder el juicio, afirmar que la señalada reivindicación "campesina" (es decir, dirigida en favor de los campesinos) no es "candente para la masa"? ¿Que no es "planteada por las necesidades del movimiento obrero y toda la marcha de la vida rusa"? Esto no es solo falso, es un absurdo clamoroso. Toda la historia del siglo XIX en Rusia, toda la "marcha de la vida rusa" han planteado esta cuestión, la han convertido en candente y candentísima, esto se ha reflejado también en toda la legislación de Rusia. ¿Cómo pudo "Luch" llegar a una falsedad tan monstruosa?

Debía llegar a ella, porque "Luch" está esclavizado por la política liberal, y los liberales son fieles a sí mismos cuando rechazan (o relegan, al igual que "Luch") la reivindicación campesina. La burguesía liberal hace esto, porque su situación de clase la obliga a amoldarse a los terratenientes y a estar contra el movimiento popular.

"Luch" lleva a los obreros las ideas de los terratenientes liberales y consuma una traición en relación con el campesinado democrático.

Además. ¿Acaso es "candente" sólo la libertad de sindicatos? ¿Y la inviolabilidad de la persona? ¿Y la abolición de la discrecionalidad y la arbitrariedad? ¿Y el sufragio universal, etc.? ¿Y la cámara única? ¿Etc.? Todo obrero alfabetizado, todo aquel que recuerde el pasado reciente, sabe perfectamente que todo esto es candente. En miles de artículos y discursos, todos los liberales reconocen que todo esto es candente. ¿Por qué, entonces, "Luch" declaró candente sólo una, aunque sea la más importante, de las libertades, y tachó, relegó, mandó al archivo de la "propaganda", apartó de la agitación las condiciones fundamentales de la libertad política, la democracia y el régimen constitucional?

Porque, y sólo porque, "Luch" no acepta lo inaceptable para los liberales.

Desde el punto de vista de lo candente para las masas, de las necesidades del movimiento obrero y de la marcha de la vida rusa, no hay diferencia entre las tres reivindicaciones de Muránov y de "Pravda" (digámoslo así para abreviar: las reivindicaciones de los marxistas consecuentes). Tanto las reivindicaciones obreras, como las campesinas, como las políticas generales son igualmente candentes para las masas, igualmente planteadas tanto por las necesidades del movimiento obrero como por "toda la marcha de la vida rusa". Desde el punto de vista del "carácter parcial", tan caro a nuestro admirador de la moderación y el cuidado, las tres reivindicaciones son también iguales: son "parciales" en relación con el objetivo final, pero son muy elevadas en relación, por ejemplo, con "Europa" en general.

¿Por qué, entonces, "Luch" acepta la jornada laboral de ocho horas y rechaza lo demás? ¿Por qué ha decidido por los obreros que la jornada laboral de ocho horas "desempeña un papel" en su lucha cotidiana, mientras que las reivindicaciones políticas generales y campesinas no desempeñan tal papel? Los hechos nos dicen, por un lado, que los obreros en su lucha cotidiana plantean tanto las reivindicaciones políticas generales como las campesinas, y por otro lado, que a menudo luchan por reducciones más modestas de la jornada laboral.

¿De qué se trata, entonces?

Se trata del reformismo de "Luch", que esta su limitación liberal la echa, según la costumbre, sobre las "masas", sobre la "marcha de la historia", etc.

El reformismo en general consiste en que las personas se limitan a la agitación por cambios que no exigen la eliminación de las bases principales del viejo, de la clase dominante; cambios compatibles con la conservación de estas bases. La jornada laboral de ocho horas es compatible con la conservación del poder del capital. Los liberales rusos, para atraer a los obreros, están dispuestos ellos mismos a suscribir ("en lo posible") esta reivindicación. En cambio, las reivindicaciones por las cuales "Luch" no quiere "hacer agitación" son incompatibles con la conservación de las bases de la época precapitalista, feudal.

"Luch" expulsa de la agitación precisamente aquello que es inaceptable para los liberales, que no desean la eliminación del poder de los terratenientes, sino sólo el reparto del poder y los privilegios. "Luch" expulsa precisamente aquello que es incompatible con el punto de vista del reformismo.

He aquí dónde está enterrado el perro.

Ni Muránov, ni "Pravda", ni todos los marxistas rechazan las reivindicaciones parciales. Esto son tonterías. Un ejemplo: los seguros. Nosotros rechazamos el engaño al pueblo mediante la charlatanería sobre las reivindicaciones parciales, mediante el reformismo. Rechazamos, por utópico, egoísta y mendaz, construido sobre ilusiones constitucionales, lleno de espíritu de servilismo ante los terratenientes, el reformismo liberal en la Rusia contemporánea. He aquí la médula que enreda y esconde "Luch" con frases sobre las "reivindicaciones parciales" en general, aunque él mismo reconoce que ni Muránov ni "Pravda" rechazan ciertas "reivindicaciones parciales".

"Luch" recorta las consignas marxistas, las ajusta a una medida estrecha, reformista, liberal, introduciendo así ideas burguesas en el medio obrero.

La lucha de los marxistas contra los liquidacionistas no es otra cosa que la expresión de la lucha de los obreros de vanguardia contra los burgueses liberales por la influencia sobre las masas populares, por su ilustración y educación política.