El auge revolucionario del movimiento obrero en Rusia, la agudización de la crisis política en el país, la próxima llegada, en un futuro más o menos cercano, de la crisis económica, las vacilaciones y la dispersión entre muchos grupos y círculos socialdemócratas, todo ello obliga a los obreros letones conscientes a dirigirse a sus camaradas con el llamamiento a prepararse intensamente para el IV Congreso de la socialdemocracia de la Región Letona, que está por convocarse, y a discutir a fondo las tareas que hoy se le plantean a la socialdemocracia revolucionaria.

Un grupo de miembros de diferentes organizaciones de la socialdemocracia letona propone a todas las organizaciones socialdemócratas, como material de discusión, la siguiente plataforma de opiniones sobre las cuestiones de principio más importantes que atañen a la existencia misma y a toda la orientación de la actividad de nuestro partido obrero socialdemócrata, y en particular sobre aquellas cuestiones que el actual CC de la socialdemocracia letona ignora tenazmente o, a nuestro juicio, resuelve de manera incorrecta.

Valoración de la situación política y de las tareas tácticas generales de la socialdemocracia

No es un secreto para nadie que el dominio de la contrarrevolución ha provocado en el seno de la socialdemocracia una profunda descomposición ideológica y vacilaciones de pensamiento. Por doquier encontramos socialdemócratas que, según la acertada expresión del camarada An (en el número 95 de *Luch*), andan «unos por el monte y otros por la leña». En la prensa socialdemócrata se expresan opiniones tales como que los obreros no deben prepararse para la revolución ni a la espera de la revolución, que la revolución democrática ha terminado, etcétera. En semejantes opiniones, que ningún grupo u organización responsable del POSDR ha expuesto de manera suficientemente definida, precisa y formal, se basan sin embargo constantemente todos los razonamientos tácticos de los llamados liquidacionistas (*Nasha Zariá* y *Luch*), apoyados por el actual CC de la socialdemocracia de la Región Letona.

En la prensa de esta corriente encontramos a cada paso ora alusiones a la diferencia de principio entre el actual régimen estatal de Rusia y el anterior a Octubre (¡como si ya no necesitáramos una revolución para conquistar las bases de la libertad política!), ora comparaciones de la táctica actual de los socialdemócratas rusos con la táctica de los socialdemócratas europeos; con la constitución, por ejemplo, de los austríacos y alemanes en los años 70 del siglo XIX (¡como si en Rusia ya existiera una constitución, según la opinión de Miliukov!), ora la proclamación de la consigna de un partido obrero abierto y de la libertad de coaliciones (una consigna comprensible sólo si existen las bases y los fundamentos generales de la libertad política y de una constitución burguesa en el país), etcétera, etcétera.

En semejantes condiciones, negarse a definir con precisión las tareas tácticas de la socialdemocracia y a valorar la situación política, o aplazar dicha definición y dicha valoración, significa no sólo no luchar contra la falta de ideas, la descomposición, el desaliento y la falta de fe, sino ayudar directamente a la descomposición, significa participar indirectamente en el apoyo de las opiniones que liquidan las viejas resoluciones revolucionarias, partidistas, de la socialdemocracia.

Sin embargo, el POSDR tiene una respuesta partidista precisa a estas cuestiones acuciantes y de fondo. Esta respuesta fue dada por la resolución de diciembre de 1908, que es una resolución obligatoria para el partido y que no ha sido anulada por nadie.

Los años transcurridos desde la adopción de esta resolución han confirmado plenamente su justeza (sus indicaciones sobre los cambios en la naturaleza de la autocracia, sobre el carácter contrarrevolucionario del liberalismo, etc.) y su conclusión de que la autocracia, aunque remozada, sigue existiendo, de que las condiciones que provocaron la revolución de 1905 siguen actuando, de que el partido socialdemócrata tiene ante sí las viejas tareas que exigen una solución revolucionaria y una táctica revolucionaria. La utilización de la tribuna de la Duma y de todas las posibilidades legales, exigida incondicionalmente por las resoluciones de esa misma conferencia (diciembre de 1908) del POSDR, debe realizarse enteramente en el espíritu de esta táctica revolucionaria y en nombre de las viejas tareas revolucionarias del POSDR.

Por eso proponemos a todas las organizaciones socialdemócratas que discutan una vez más atentamente esta resolución, confirmada, entre otras, por la conferencia de enero de 1912 del POSDR, y que propongan al congreso de la socialdemocracia de la Región Letona que confirme de manera expresa esta resolución.

Llamamos seriamente la atención de todos los camaradas sobre el procedimiento antipartidista de la conferencia de agosto de 1912 (liquidacionista) de las «organizaciones socialdemócratas»{75}, que retiró de la orden del día la cuestión de la valoración del momento y de la definición de las tareas tácticas generales, abriendo así de par en par las puertas a todo tipo de renuncia a las tareas revolucionarias (bajo el pretexto de la falta de demostración del «pronóstico» sobre la revolución, etc.).

Protestamos especialmente contra el Bund, que desempeñó un papel tan importante en la conferencia de agosto y que en su IX conferencia llegó en esta renuncia a las tareas revolucionarias hasta eliminar la consigna de la república democrática y de la confiscación de las tierras de los terratenientes.

La cuestión de la unidad del POSDR

Cuanto más ampliamente se desarrolla la lucha económica y política de los obreros, con mayor urgencia sienten éstos la necesidad de la unidad. Sin la unidad de la clase obrera, es imposible el éxito de su lucha.

¿En qué consiste la unidad? Evidentemente, en la unidad del partido socialdemócrata. Todos los obreros socialdemócratas letones pertenecen al partido socialdemócrata y saben perfectamente que este partido es ilegal, clandestino, y que no existe ni puede existir otro.

Por eso, no se puede ni imaginar una realización de la unidad en la práctica (y no de palabra) que no sea su realización desde abajo, por los propios obreros, en sus organizaciones partidistas clandestinas.

El congreso de la socialdemocracia de la Región Letona debe reconocer de manera definida precisamente esta exigencia de unidad, planteada, entre otros, por la reunión de febrero de 1913 adjunta al CC del POSDR.

Si *Luch* acogió este llamamiento a la unidad con burlas hacia el «partido leninista», y si el Bund (en la persona de «los activistas judíos del movimiento obrero») rechazó este llamamiento, con ello tanto los «luchistas» como los bundistas han demostrado su pertenencia a los liquidacionistas.

Los obreros socialdemócratas letones, que reconocen de hecho y no de palabra el partido ilegal, no se dejarán engañar por declamaciones legalistas a favor de la unidad. ¡Quien quiera la unidad, que entre en el partido ilegal!

Actitud ante el liquidacionismo

La cuestión del liquidacionismo, planteada primero por las resoluciones del partido y la prensa en el extranjero, ha sido sometida ahora al juicio de todos los obreros conscientes de Rusia. Los obreros socialdemócratas letones también deben conseguir que no haya subterfugios ni evasivas sobre esta cuestión, que sea claramente planteada, discutida en todos sus aspectos y resuelta de manera definida.

Basta ya de cuentos de que los liquidacionistas son activistas del movimiento abierto. Estos cuentos han sido refutados por los hechos, que han demostrado que los partidarios del partido, los antiliquidacionistas, los partidarios incondicionales de la clandestinidad, son incomparablemente más fuertes que los liquidacionistas en todas las esferas del movimiento abierto.

El liquidacionismo es la negación o la minusvaloración de la clandestinidad, es decir, del partido ilegal (el único existente). Sólo la clandestinidad elabora la táctica revolucionaria y la lleva a las masas tanto a través de la prensa ilegal como de la legal.

Las resoluciones no anuladas por nadie y obligatorias para todo miembro del partido, adoptadas por el POSDR en diciembre de 1908 y en enero de 1910, reconocieron con toda claridad y precisión precisamente este contenido del liquidacionismo y lo condenaron incondicionalmente.

A pesar de ello, *Nasha Zariá* y *Luch* siguen predicando el liquidacionismo. En el número 15 (101) de *Luch* calificaron de lamentable el crecimiento de las simpatías de los obreros hacia la clandestinidad. En el número 3 de *Nasha Zariá* (marzo de 1913), el autor de este artículo (L. Sédov) subrayó aún más su liquidacionismo. ¡Esto fue reconocido incluso por An en *Luch* (número 95)! Y la redacción de *Luch*, en su respuesta a An, defiende al liquidacionista Sédov.

Los obreros socialdemócratas letones deben conseguir a toda costa que el congreso de la socialdemocracia de la Región Letona condene resueltamente el liquidacionismo de *Nasha Zariá* y de *Luch*. La conducta de estos órganos ha confirmado plenamente y sigue confirmando cada día la resolución sobre el liquidacionismo adoptada por la reunión de febrero de 1913 adjunta al CC del POSDR.

Cuestión del apoyo del CC de la socialdemocracia de la Región Letona a la conferencia liquidacionista y al Comité Organizador liquidacionista

El actual CC de la socialdemocracia de la Región Letona afirma que apoya la conferencia de agosto y al Comité Organizador no como instituciones liquidacionistas, sino en aras de la unidad del POSDR.

Pero semejante respuesta puede satisfacer sólo a niños, y los obreros socialdemócratas letones no son niños.

Los propios organizadores de la conferencia de agosto invitaron a ella tanto a Plejánov como al grupo "Vperiod". Ni el primero ni el segundo participaron en la conferencia de enero, es decir, demostraron con hechos, no con palabras, su neutralidad en la lucha de corrientes.

¿Y qué dijeron estos socialdemócratas neutrales? Plejánov y Alexinski reconocieron categóricamente que la conferencia de agosto era liquidacionista. Las resoluciones de esta conferencia prueban plenamente su carácter liquidacionista. "Luch", que declaró adherirse a las decisiones de la conferencia de agosto, lleva a cabo una prédica liquidacionista.

¿A quién siguen los obreros socialdemócratas de Rusia?

Esto lo demostraron las elecciones a la Duma por la curia obrera y los datos sobre la prensa obrera.

En la II Duma, los bolcheviques obtuvieron el 47% de la curia obrera (11 diputados de 23), en la III, el 50% (4 de 8), y en la IV, el 67% (6 de 9). La prensa obrera antiliquidacionista ("Pravda" y el periódico de Moscú) fue apoyada por 1199 grupos obreros, frente a 256 grupos obreros que apoyaron a "Luch".

Así pues, ¡el actual CC socialdemócrata de la Región de Letonia apoya —en nombre de los obreros socialdemócratas revolucionarios letones— a los liquidacionistas, en contra de la indudable mayoría de los obreros socialdemócratas de Rusia!

Es necesario poner fin a esto. Todos nosotros reconocemos la clandestinidad y la táctica revolucionaria. Debemos apoyar al CC del POSDR que aplica esta táctica, detrás del cual está la abrumadora mayoría de los obreros socialdemócratas de Rusia, tanto en la clandestinidad como en el movimiento abierto.

La cuestión nacional

Esta cuestión, tanto en su planteamiento de principio general desde el punto de vista del socialismo, como en el aspecto práctico-organizativo (construcción de nuestro propio partido), exige imperiosamente ser discutida y resuelta por todas las organizaciones socialdemócratas.

La conferencia de agosto de los liquidacionistas de 1912 —según el reconocimiento incluso del menchevique neutral Plejánov— infringió el programa del POSDR en el sentido de una "adaptación del socialismo al nacionalismo".

En efecto, dicha conferencia, a propuesta de los bundistas, consideró admisible la consigna de la "autonomía cultural-nacional", en contra de la decisión del II Congreso del partido.

Esta consigna (defendida en Rusia por todos los partidos burgueses del nacionalismo judío) es contraria al internacionalismo de la socialdemocracia. Como demócratas, somos incondicionalmente hostiles a toda opresión, por mínima que sea, de cualquier nacionalidad, a todo privilegio de una u otra nacionalidad. Exigimos, como demócratas, la libertad de autodeterminación de las naciones en el sentido político de esta palabra (véase el programa del POSDR), es decir, la libertad de separación. Exigimos la igualdad de derechos incondicional para todas las naciones en el Estado y la salvaguarda incondicional de los derechos de toda minoría nacional. Exigimos un amplio autogobierno y autonomía de las regiones, las cuales deben ser delimitadas, entre otras cosas, también según el criterio nacional.

Todas estas exigencias son obligatorias para todo demócrata consecuente, y con mayor razón para un socialista.

Pero los socialistas no se limitan a las exigencias democráticas generales. Los socialistas luchan contra todas y cada una de las manifestaciones, groseras y sutiles, del nacionalismo burgués. Precisamente una manifestación así es la consigna de la "autonomía nacional-cultural", que une al proletariado y a la burguesía de una nación, y divide al proletariado de las distintas naciones.

Los socialdemócratas siempre se han mantenido y se mantienen en el punto de vista del internacionalismo. Protegiendo la igualdad de derechos de todas las nacionalidades frente a los señores feudales y el Estado policial, nosotros no estamos por la "cultura nacional", sino por la cultura internacional, de la cual cada cultura nacional incorpora solo una parte, a saber: únicamente el contenido consecuentemente democrático y socialista de cada cultura nacional.

La consigna de la "autonomía nacional-cultural" engaña a los obreros con el espejismo de la unidad cultural de las naciones, cuando en realidad en cada nación predomina actualmente la "cultura" terrateniente, burguesa o pequeñoburguesa.

Estamos contra la cultura nacional, como una de las consignas del nacionalismo burgués. Estamos por la cultura internacional del proletariado consecuentemente democrático y socialista.

La unidad de los obreros de todas las nacionalidades, con la más plena igualdad de derechos de las nacionalidades y el democratismo más consecuente del Estado: esta es nuestra consigna, como lo es la consigna de toda la socialdemocracia revolucionaria internacional. Esta consigna, verdaderamente proletaria, no crea el falso espejismo y la ilusión de la unidad "nacional" del proletariado y la burguesía, mientras que la consigna de la "autonomía nacional-cultural" crea incondicionalmente tal espejismo y siembra tal ilusión entre los trabajadores.

A nosotros, socialdemócratas letones, que vivimos en una región con una población nacional particularmente mezclada, a nosotros, rodeados de representantes del nacionalismo burgués letón, ruso, estonio, alemán, etc., nos resulta particularmente clara la falsedad burguesa de la consigna de la "autonomía cultural-nacional". A nosotros nos es particularmente cara la consigna, prácticamente probada ya en nuestra organización socialdemócrata, de la unidad de todas y cada una de las organizaciones de obreros de todas las nacionalidades.

A menudo se justifica la consigna de la "autonomía nacional-cultural" con la referencia a Austria. En relación con esta referencia hay que tener presente, en primer lugar, que el punto de vista del principal teórico austríaco sobre la cuestión nacional, Otto Bauer (en su libro: "La cuestión nacional y la socialdemocracia"), ha sido reconocido incluso por un escritor tan cauto como K. Kautsky como una exageración del momento nacional y una terrible subestimación del momento internacional (véase K. Kautsky: "Nationalität u. Internationalität"[21]. Hay traducción rusa); en segundo lugar, que hasta ahora solo los bundistas, junto con todos los partidos burgueses judíos, han defendido entre nosotros la "autonomía cultural-nacional", mientras que ni Bauer ni Kautsky reconocen la autonomía nacional para los judíos, y Kautsky (ibídem) declara directamente que los judíos de Europa oriental (Galitzia y Rusia) son una casta, no una nación; en tercer lugar, que tampoco el programa nacional de Brünn (1899) de los socialdemócratas austríacos reconoce plenamente la autonomía nacional extraterritorial (personal), limitándose a exigir la unión de todas las regiones nacionales de una misma nacionalidad en todo el Estado (§ 3 del programa de Brünn); en cuarto lugar, que incluso este programa, claramente de compromiso (e insatisfactorio desde el punto de vista del internacionalismo), sufrió un completo fiasco en la propia Austria, pues el compromiso no dio paz, sino que condujo a la escisión de los separatistas checos; en quinto lugar, que estos separatistas checos, condenados unánimemente en el Congreso de Copenhague por toda la Internacional, declaran su afinidad con el separatismo bundista (véase "Der čechoslavische Sozialdemokrat" Nº 3, órgano de los separatistas, que se puede obtener gratis de Praga, Prag, Hybernska 7); en sexto lugar, que el propio Bauer exige la unidad de las organizaciones políticas socialdemócratas de las diferentes nacionalidades en el ámbito local. El propio Bauer considera contradictoria e inestable esa "estructura nacional" del partido austríaco que ahora la ha llevado a la escisión total.

En una palabra, la referencia a Austria habla contra los bundistas, no a su favor.

Unidad desde abajo, plena unidad y fusión en el ámbito local de los obreros socialdemócratas de todas las nacionalidades en todas las organizaciones obreras: he aquí nuestra consigna. ¡Abajo la consigna burguesa-engañosa y de compromiso de la "autonomía cultural-nacional"!

También en la estructura de nuestro partido estamos contra la federación, estamos por la unidad de las organizaciones socialdemócratas locales (y no solo centrales) de todas las naciones.

El congreso debe rechazar tanto la consigna de la autonomía cultural-nacional como el principio de federación en la construcción del partido. Los socialdemócratas letones, al igual que los socialdemócratas polacos, al igual que los socialdemócratas del Cáucaso durante todo el período de 1898-1912 (durante 14 años enteros de historia del partido), deben permanecer fieles al internacionalismo socialdemócrata.

Escrito en mayo, antes del 25 (7 de junio) de 1913.

Publicado en agosto de 1913 en letón, en el periódico "Cīņas Biedris" Nº 4.

Publicado por primera vez en ruso en 1929, en la 2ª-3ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo XVII.

Se imprime según el manuscrito.