Querida María Aleksándrovna, hoy recibimos su carta. Me apresuro a responder.

Ya me estoy reponiendo. Las palpitaciones son mucho menores. Siguiendo el consejo del médico, como por tres, bebo leche a grandes tragos, tomo el preparado de hierro de Robin y, en general, todo va muy bien.

Volodya se sulfura mucho, sobre todo le inquieta lo de Kocher. Me alegro mucho de que Dm. Il. le haya escrito una carta diciéndole que no vale la pena operarse y demás, porque si no le cuentan todo tipo de cosas: que podría quedarse ciego, que tendría que estar un año y medio sin moverse, etc. Mi enfermedad no es en absoluto tan grave y me recuperaré durante el verano.

El verdadero descanso apenas comienza ahora. Hubo un ajetreo tremendo con la mudanza, y luego aquí, al principio, hubo que pelearse. La gente de aquí está maleada por los veraneantes: mienten, engañan, etc. Al principio esto me enfadaba, pero ahora todo se ha arreglado. Viene una muchacha; no sabe guisar, pero hace todo el trabajo pesado. El tiempo parece que hoy va a aclarar, pues llevaba toda una semana lloviendo sin parar, aunque sin humedad. Esta mañana Volodya y yo paseamos cerca de dos horas, y ahora él se ha ido solo no se sabe a qué parte indeterminada del espacio.

Desde la mañana, un cachorro negro y peludo viene corriendo de los vecinos, y Volodya se entretiene con él largo rato. Una vida completamente de campo.

Solo conocemos a una familia, pero viven bastante lejos, a media hora de camino. Eso no nos impide vernos a veces dos veces al día.

Me alegro mucho de que no haya aglomeración. Mi trabajo también es mínimo. Leo sobre todo novelas polacas, y ni siquiera con mucho empeño.

Aquí es muy bonito. También está bien que no se pueda andar mucho en bicicleta, porque Volodya abusaba mucho de este deporte y descansaba mal; es mejor pasear más.

Mamá la saluda. Ella sigue triste; hace un par de semanas murió su hermana, con la que se crió y mantuvo una relación estrecha toda la vida. Mamá incluso quiso ir a Novocherkask al enterarse de la enfermedad de su hermana, pero no tenía pasaporte: lo mandó a renovar.

A Ania la beso fuerte y saludo a todos. Volodya seguro que escribirá él mismo. La abrazo fuerte, querida mía.

Suya, Nadia

¡Querida mamita! Te abrazo fuerte y envío saludos a todos. A Mitia, muchas gracias por las cartas. Intento convencer a Nadia de que vaya a Berna. No quiere. Pero ahora se está reponiendo un poco.

Tu V. U.