En los Estados atrasados, donde la masa de la población carece de derechos, donde no hay libertad política, donde reina la arbitrariedad del poder, no existe ninguna organización política medianamente amplia. Sólo puñados insignificantes de terratenientes o de millonarios industriales disfrutan de la «libertad de asociación», pero estos puñados orientan toda su atención hacia las alturas, hacia las «esferas», hacia el poder, no sólo sin aspirar a organizar a las masas populares, sino temiendo esta organización como al fuego.

En los Estados donde están aseguradas las bases de la constitución y la participación del pueblo en los asuntos de Estado, no sólo los socialistas (cuya única fuerza reside en la ilustración y organización de las masas) aspiran a organizar a las masas, sino también los partidos reaccionarios. Si el régimen del Estado está democratizado, los capitalistas se ven obligados a buscar apoyo en las masas, y para ello es necesario organizarlas bajo las consignas del clericalismo (de las centurias negras y la religión), del nacionalismo chovinista, etc.

La libertad política no elimina la lucha de clases, sino que, por el contrario, la hace más consciente, más amplia, incorporando a ella a las capas más atrasadas del pueblo, enseñándoles política y la defensa de sus puntos de vista, de sus intereses.

Es instructivo ver cómo organiza, por ejemplo, a las masas populares el partido reaccionario alemán del «Centro», es decir, los católicos. Estos se esfuerzan por despertar en las masas la defensa del capitalismo bajo las consignas de la religión y el «patriotismo». Y los católicos en Alemania han conseguido organizar los prejuicios y la ignorancia de las masas populares, en parte gracias a que los católicos en Alemania son una minoría de la población, y esta minoría fue durante un tiempo perseguida por el Estado. Las masas de trabajadores y explotados siempre simpatizan instintivamente con los perseguidos. Los reaccionarios católicos supieron aprovechar este estado de ánimo.

Los católicos crearon una organización de masas: la llamada «Unión Popular de la Alemania Católica». La Unión cuenta con 3/4 de millón de miembros. La organización está estrictamente centralizada. Su objetivo: la defensa del régimen «cristiano» (y en realidad capitalista) y la lucha contra las aspiraciones «destructivas» (es decir, socialistas).

Al frente de la Unión está una junta directiva de 24 miembros. De ellos, 9 se ocupan de la gestión administrativa de la junta, y los demás son representantes de diferentes distritos, de ciudades grandes por separado, etc. Por cada 20–40 familias católicas se designa a una «persona de confianza». Todas las personas de confianza actúan según las directivas de la junta.

Los señores católicos, al combatir a los socialdemócratas, gritan habitualmente que los agitadores socialdemócratas viven de los centavos de los obreros. Pero los propios católicos proceden en su organización exactamente del mismo modo: en todo punto medianamente importante tienen agitadores asalariados.

El trabajo en la junta directiva del partido está organizado de un modo completamente fabril. 20 empleados especiales se ocupan de la «literatura»: uno se encarga de la teología, otro de la cuestión agraria, el tercero del movimiento socialdemócrata, el cuarto de los artesanos, etc. Hacen recortes y extractos de periódicos y revistas, y se lleva un registro. Trabajan taquígrafos. En una biblioteca especial hay 40.000 tomos. Se redactan cartas a los periódicos, «correspondencias» que se imprimen en decenas de periódicos católicos. Se lleva una «correspondencia sociopolítica» especial y una «correspondencia apologética» (es decir, de defensa de la religión y del cristianismo) especial. Se editan series de folletos sobre todos los temas. Se envían cada año hasta 5.000 resúmenes de diferentes ponencias. Una sección especial trabaja en la propaganda por medio del cinematógrafo. La oficina de información facilita gratuitamente toda clase de datos: en el año 1912 se facilitaron más de 18.000.

Los estudiantes católicos son atraídos sistemáticamente a la propaganda y la agitación, aprovechando en especial las vacaciones. Las personas de confianza (varias decenas de miles) asisten a «cursos sociales» especiales. Para la «formación» especial en la lucha contra los socialdemócratas sirven cursos especiales de dos meses en la junta directiva del partido. Hay cursos especiales de dos semanas organizados para los campesinos, para los maestros, para los dependientes de comercio, etc.

Nada mal trabajan los católicos alemanes de las centurias negras. Pero todo su trabajo es una débil imitación del trabajo de los socialdemócratas alemanes.

Escrito el 20 de mayo (2 de junio) de 1913.

Publicado el 26 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 120.

Se imprime según el texto del periódico.