La carestía de la vida crece y crece sin cesar. Las uniones de capitalistas aumentan sin tregua los precios, embolsándose millones y decenas de millones, mientras las masas de campesinos se arruinan cada vez más, a las familias obreras les resulta cada vez más difícil llegar a fin de mes, tienen que pasar hambre y privarse de lo más indispensable.

El órgano de nuestros industriales millonarios —«Industria y Comercio»— aporta los siguientes datos sobre el agravamiento de la carestía. El llamado índice de precios, determinado sumando los precios de una serie de productos determinados, los más importantes, muestra un aumento constante en los últimos años. He aquí los datos correspondientes al mes de abril:

¡En los últimos seis años los precios han aumentado de 2195 a 2729, es decir, en un 24 por ciento nada menos! El despojo de la masa de la población trabajadora, y en especial de los obreros, por los capitalistas confabulados revela un «progreso» notable.

¡Y los señores capitalistas —tanto en la mencionada revista como en sus innumerables sociedades y uniones, graciosamente autorizadas por el gobierno— siguen quejándose de la «injusticia» con que se grava al comercio y la industria!

Resultaría cómico... sólo que los obreros no están para risas.

Los pobres y desdichados industriales millonarios comunican los siguientes datos, recogidos en un documento ministerial sobre la imposición de los bienes inmuebles en las ciudades.

En 1910 la rentabilidad de estos bienes se estimaba en 239 millones de rublos (estimada, naturalmente, por el método oficial, por funcionarios, y cabe imaginar cuántas decenas de millones ocultó la pobrecita clase comerciante). En 1912, es decir, apenas dos años después, la rentabilidad de los bienes inmuebles en las ciudades ya se estimaba en 500 millones de rublos (contando solo Rusia sin el Reino de Polonia).

¡En total, en dos años la rentabilidad neta de los bienes inmuebles en las ciudades ha aumentado en más de 250 millones de rublos! Cabe juzgar por esto el río de oro que fluye a los bolsillos de los capitalistas, compuesto por millones de arroyuelos de la increíble necesidad, miseria y hambre de campesinos y obreros.

«La carestía actual» no es otra cosa que la forma moderna (capitalista) de empobrecimiento, ruina y expoliación de los trabajadores en medio del inaudito enriquecimiento de un puñado de capitalistas.

Los pobrecitos capitalistas se quejan: el impuesto sobre ellos es claramente «injusto». Imagínense: les cobran un 6 por ciento de la rentabilidad neta. En 1910 les cobraron (en Rusia sin Polonia) 14 millones de rublos, en 1912, 29,8 millones de rublos.

En total, el aumento del impuesto a los millonarios despojados en dos años es de casi 16 millones de rublos.

¿Qué os parece, camaradas obreros? ¿Acaso al aumentar la renta neta de 240 a 500 millones, es decir, en 260 millones de rublos, en dos años, no habría que haber cobrado un impuesto de cien o doscientos millones de rublos? ¿Acaso de la ganancia suplementaria de 260 millones de rublos, obtenida de los obreros y los campesinos empobrecidos, no habría que haber tomado doscientos millones, según un cálculo modesto, para escuelas, hospitales, ayuda a los hambrientos, seguros obreros?

Escrito el 17 (30) de mayo de 1913.

Publicado el 22 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 116.