«El Partido Socialista Británico» fue fundado en Manchester en 1911. Incluía al antiguo «Partido Socialista», que antes se llamaba «Federación Socialdemócrata»{69}, y a varios grupos dispersos y personas aisladas, entre ellas Victor Grayson, un socialista muy fogoso, pero poco principista y propenso a la fraseología.

En la localidad costera de Blackpool se celebró los días 10 a 12 de mayo, según el nuevo estilo, el segundo congreso del Partido Socialista Británico. Asistieron solo 100 delegados —menos de un tercio del número total de delegados—, y esta circunstancia, unida a la encarnizada lucha de la mayoría de los delegados contra la antigua dirección del partido, producía una penosa impresión en los observadores externos. La prensa burguesa de Inglaterra (exactamente igual que la prensa burguesa de Rusia) se esfuerza por pescar, exagerar y pregonar los episodios de lucha especialmente aguda entre el partido y su dirección.

A la prensa burguesa no le importa el contenido ideológico de la lucha interna en el socialismo. Solo busca sensación y algún escandalillo más picante…

El contenido ideológico de la lucha dentro del BSP (Partido Socialista Británico) era, en cambio, muy serio. Al frente de la antigua dirección se hallaba uno de los fundadores del partido, Hyndman. Desde hacía ya varios años actuaba sin contar con el partido e incluso contra el partido en la importantísima cuestión de los armamentos y la guerra. Hyndman se había metido en la cabeza que a Inglaterra le amenazaban la derrota y la esclavización por parte de Alemania y que, por lo tanto, ¡los socialistas debían defender la reclamación de una flota «adecuada» (es decir, fuerte) para defender a Inglaterra!

¡Los socialistas en el papel de defensores de una flota «fuerte», y esto en un país cuya flota contribuye a sojuzgar y robar de la manera más desvergonzada y semifeudal a trescientos millones de habitantes en la India, a decenas de millones en Egipto y en otras colonias!

Se comprende que a la burguesía inglesa le agradara (tanto a conservadores como a liberales) esta extravagancia de Hyndman. También se comprende que los socialdemócratas ingleses —hay que reconocerlo en su honor— no se resignaran a esta vergüenza y a este despropósito, sino que lucharan ardientemente contra ellos.

La lucha fue larga y tenaz; hubo intentos de compromiso, pero Hyndman era incorregible. Y hay que considerar un gran mérito para el socialismo inglés que, en el congreso que describimos, Hyndman tuviera que abandonar la dirección, y que la composición de la dirección fuera renovada en sus tres cuartas partes (de 8 miembros solo fueron reelegidos dos: Quelch e Irving).

El congreso adoptó una resolución contra la antigua dirección. Dicha resolución dice:

«El congreso saluda a los camaradas franceses y alemanes por su enérgica lucha contra el reforzamiento de los armamentos en sus países y obliga al Partido Socialista Británico, como parte integrante del partido socialista internacional, obligado a acatar las resoluciones sobre la guerra aprobadas en Stuttgart y después en Basilea en 1912, a seguir exactamente la misma política en Gran Bretaña, combatiendo con todas sus fuerzas el crecimiento de los armamentos y esforzándose por reducir los actuales gastos desmedidamente altos en armamentos».

La resolución es tajante. Pero hay que saber decir la verdad, aunque sea tajante. Los socialdemócratas ingleses habrían perdido el derecho de luchar contra los oportunistas del llamado «Partido Laborista Independiente (independiente del socialismo, pero dependiente de los liberales)» si no se hubieran alzado con energía contra los pecados nacionalistas de su dirección.

Que la prensa burguesa se encarnice y haga cabriolas a cuenta de la lucha interna entre los socialdemócratas. Los socialdemócratas no se consideran santos; saben que el proletariado se contagia a menudo de una u otra sucia enfermedad de la burguesía que lo rodea; esto es inevitable en la sucia y abominable sociedad capitalista. Pero los socialdemócratas saben curar a su partido mediante una crítica directa y sin temor. Y lo curarán, sin duda alguna, también en Inglaterra.

Escrito el 5 (18) de mayo de 1913.

Publicado el 14 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» nº 109. Firmado: V.

Se publica según el texto del periódico.