Rusia es un país abigarrado en el aspecto nacional. La política gubernamental, la política de los terratenientes sostenidos por la burguesía, está impregnada por completo de nacionalismo de las Centurias Negras.

Esta política está dirigida con su filo contra la mayoría de los pueblos de Rusia, que constituyen la mayoría de su población. Y junto a esto, levanta cabeza el nacionalismo burgués de otras naciones (polaca, judía, ucraniana, georgiana, etc.), esforzándose por apartar a la clase obrera de sus grandes tareas mundiales mediante la lucha nacional o la lucha por la cultura nacional.

La cuestión nacional exige un planteamiento claro y una solución por parte de todos los obreros conscientes.

Cuando la burguesía luchaba por la libertad junto con el pueblo, junto con los trabajadores, defendía la plena libertad y la plena igualdad de derechos de las naciones. Los países avanzados, Suiza, Bélgica, Noruega y otros, nos ofrecen el ejemplo de cómo conviven pacíficamente juntas o se separan pacíficamente unas de otras las naciones libres bajo un régimen auténticamente democrático.

Ahora, la burguesía teme a los obreros, busca la alianza con los Purishkévich, con la reacción, traiciona la democracia, defiende la opresión o la desigualdad de derechos de las naciones, corrompe a los obreros con consignas nacionalistas.

Sólo el proletariado defiende en nuestros días la auténtica libertad de las naciones y la unidad de los obreros de todas las naciones.

Para que las diversas naciones convivan libre y pacíficamente juntas o se separen (cuando les sea más conveniente), constituyendo Estados diferentes, es necesario un democratismo pleno, defendido por la clase obrera. ¡Ni un solo privilegio para ninguna nación, ni para ningún idioma! ¡Ni la menor opresión, ni la menor injusticia hacia la minoría nacional! He aquí los principios de la democracia obrera.

Los capitalistas y los terratenientes desean a toda costa separar a los obreros de las distintas naciones, mientras que ellos, los poderosos de este mundo, conviven estupendamente juntos, como accionistas de «negocios» millonarios «rentables» (como las minas del Lena): ortodoxos y judíos, rusos y alemanes, polacos y ucranianos, todos los que poseen capital, explotan unánimemente a los obreros de todas las naciones.

Los obreros conscientes están por la unidad completa de los obreros de todas las naciones en todas y cada una de las organizaciones obreras: culturales, sindicales, políticas, etc. Dejemos que los señores kadetes se cubran de vergüenza negando o menoscabando la igualdad de derechos de los ucranianos. Dejemos que la burguesía de todas las naciones se deleite con frases mentirosas sobre la cultura nacional, sobre las tareas nacionales, etc., etc.

Los obreros no permitirán que se les divida con ningún discurso meloso sobre la cultura nacional o la «autonomía nacional-cultural». Los obreros de todas las naciones defienden unánimemente, juntos, en organizaciones comunes, la libertad plena y la igualdad plena de derechos, prenda de la verdadera cultura.

Los obreros crean en todo el mundo su propia cultura internacional, que desde hace tiempo vienen preparando los predicadores de la libertad y los enemigos de la opresión. Al viejo mundo, al mundo de la opresión nacional, de las rencillas nacionales o del aislamiento nacional, los obreros contraponen el nuevo mundo de la unidad de los trabajadores de todas las naciones, en el que no hay lugar para ningún privilegio, ni para la menor opresión del hombre por el hombre.

Escrito el 3 (16) de mayo de 1913.

Publicado el 10 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 106.

Se publica según el texto del periódico.