El periódico de los terratenientes de las Centurias Negras, *Nóvoye Vremia*, recoge interesantes debates entre los terratenientes de Polonia y, en general, de las zonas fronterizas de Rusia, sobre la salida de trabajadores agrícolas en busca de jornales a Alemania y otros países europeos.

Esta salida aumenta rápidamente. En 1901 se calculaba que partían 218 mil personas al año. En 1911, la cifra se determinó en 740 mil personas, es decir, más del triple que en 1901. En 1912, la salida ascendió probablemente a unas 800 mil.

Cabe observar, además, que no solo los campesinos y obreros polacos, sino que también empiezan a marchar a Alemania obreros rusos del centro de Rusia. «Ahora no es raro encontrar en la frontera y en el extranjero a gentes de Tula, Oriol y Riazán». La concesión gratuita de pasaportes de diez meses para el extranjero, destinados a los obreros que acuden a faenas agrícolas, refuerza este movimiento.

¿Qué lo provoca? El hecho de que los campesinos rusos se arruinan cada vez más y los jornales en Rusia son cada vez menores, debido al estancamiento general de la vida económica, sojuzgada por los feudales y por la falta de derechos. El salario en Rusia se mantiene a un nivel feudalmente bajo.

El salario medio anual de un obrero agrícola en Rusia se calcula en 62 rublos; añadiendo 46 rublos al año como coste de la manutención, obtenemos el valor total del salario: 108 rublos al año. ¡En Alemania, en cambio, el salario medio es de 180 rublos al año, es decir, casi el doble! (En Inglaterra, señalemos entre paréntesis, el salario del obrero agrícola asciende a 300 rublos, y en América a 500 rublos al año).

Es lógico que, desde una Rusia sin derechos, hambrienta y miserable, huyan cientos de miles de obreros en busca de jornales a Alemania, llegando incluso más lejos: a Dinamarca, a Suiza, a Francia. Allí los obreros aprenden a ver una cultura más elevada, un cultivo de la tierra inconmensurablemente mejor, cosechas incomparablemente más altas y, sobre todo, la libertad política, la libertad de prensa obrera y de organizaciones obreras.

Y he aquí que los señores terratenientes discuten: unos dicen que esta instrucción masiva de nuestros obreros en los mejores métodos agrícolas es útil para el agricultor. Otros terratenientes, en cambio, se indignan porque la salida de obreros eleva el salario en los lugares de procedencia.

En Rusia, en términos generales —y en la legislación rusa en particular— predomina la opinión de estos segundos terratenientes, que desearían ver a los campesinos «sedentarios» (es decir, atados a la tierra), sumisos (para que no tengan adónde moverse), atemorizados, embrutecidos (para que no vean cómo se puede vivir mejor y cómo viven mejor los obreros en otros países).

Por fortuna, estos terratenientes feudales, por mucho que tuerzan, por mucho que deformen la vida rusa, ya son impotentes para detener al capitalismo mundial, que arranca también al mujik ruso de su misérrimo rincón.

Escrito el 10 (23) de mayo de 1913.

Publicado el 18 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 113. Firma: D.

Se imprime según el texto del periódico.