La conferencia de parlamentarios franceses y alemanes celebrada en Berna el pasado domingo 11 de mayo (28 de abril según el calendario juliano) recuerda una vez más la actitud de la burguesía europea ante la guerra y la paz.

La iniciativa de convocar la conferencia partió de los representantes alsaciano-loreneses y suizos. Los diputados socialistas de Francia y Alemania acudieron en un espíritu de camaradería. De los diputados burgueses, compareció un número bastante grande de radicales y «radical-socialistas» franceses (demócratas pequeñoburgueses, totalmente ajenos al socialismo en la práctica, y en su mayoría incluso hostiles a él). De Alemania acudió un número insignificante de diputados burgueses. Los nacional-liberales (algo intermedio entre los kadetes y los octubristas, parecidos a nuestros «progresistas») se limitaron a enviar un saludo. Del partido del «centro» (partido católico pequeñoburgués en Alemania, al que le gusta jugar al democratismo) dos prometieron asistir... pero... ¡prefirieron no hacerlo!

Entre los socialistas prominentes, pronunciaron discursos en la conferencia Greulich, veterano de la socialdemocracia suiza, y August Bebel.

Por unanimidad se adoptó una resolución que condena el chovinismo y declara que ambos pueblos, el francés y el alemán, desean la paz en su aplastante mayoría y exigen la solución de los conflictos internacionales mediante tribunales de arbitraje.

Es indudable que la conferencia fue una imponente demostración en favor de la paz. Pero sería un enorme error confiar en los discursos bondadosos de esos pocos diputados burgueses que estuvieron presentes en la conferencia y votaron a favor de la resolución. Con un deseo serio de paz, estos diputados burgueses habrían tenido que condenar directamente el aumento de los armamentos en Alemania (el ejército alemán se incrementa en 140 000 hombres; esta nueva propuesta del gobierno, sin duda, será aceptada por los partidos burgueses de Alemania a pesar de la enérgica protesta de los socialistas), y condenar del mismo modo la propuesta del gobierno francés de prolongar el servicio militar hasta tres años.

Esto es lo que los señores diputados burgueses no se atrevieron a hacer. Menos aún fueron capaces de plantear la reivindicación decidida de la milicia popular, es decir, la sustitución del ejército permanente por el armamento general del pueblo. Esta medida, que no rebasa los marcos de la sociedad burguesa, es la única capaz de democratizar el ejército y de hacer avanzar de manera algo seria, aunque sea un paso, la cuestión de la paz.

No. La burguesía europea se aferra convulsivamente al militarismo y a la reacción por miedo al movimiento obrero. Un número insignificante de demócratas pequeñoburgueses es impotente para desear firmemente la paz y aún más impotente para asegurarla. El poder está en manos de los bancos, los carteles y el gran capital en general. La única garantía de la paz es el movimiento organizado y consciente de la clase obrera.

Escrito el 2 (15) de mayo de 1913.

Publicado el 7 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 103

Se imprime según el texto del periódico.