Veinticinco años atrás, en 1888, falleció el obrero curtidor Joseph Dietzgen, uno de los más destacados escritores y filósofos socialdemócratas de Alemania.

A Joseph Dietzgen pertenecen las obras (traducidas en su mayor parte también al ruso): «La esencia del trabajo intelectual del hombre» (publicada en 1869), «Excursiones de un socialista al ámbito de la teoría del conocimiento», «Adquisición de la filosofía» y otras. La valoración más acertada de Dietzgen y de su lugar en la historia de la filosofía y del movimiento obrero la dio Marx ya el 5 de diciembre de 1868 en una carta a Kugelmann:

«Hace ya tiempo —escribió Marx— que Dietzgen me envió un fragmento de un manuscrito sobre "La capacidad de pensar", el cual, a pesar de cierta confusión en los conceptos y de repeticiones demasiado frecuentes, contiene muchas ideas excelentes y, como producto del pensamiento autónomo de un obrero, dignas de asombro»{60}.

He aquí la importancia de Dietzgen: un obrero que llegó por sí mismo al materialismo dialéctico, es decir, a la filosofía de Marx. Es extraordinariamente valioso para caracterizar al obrero Dietzgen el hecho de que no se considerara a sí mismo fundador de escuela.

Joseph Dietzgen hablaba de Marx como jefe de la corriente ya en 1873, cuando pocos comprendían a Marx. J. Dietzgen subrayaba que Marx y Engels «poseían la necesaria escuela filosófica». Y en 1886, mucho después de la aparición del «Anti-Dühring» de Engels, una de las principales obras filosóficas del marxismo, Dietzgen escribía sobre Marx y Engels como los «reconocidos fundadores» de la corriente.

Esto hay que tenerlo en cuenta para valorar a toda clase de seguidores de la filosofía burguesa, es decir, del idealismo y del agnosticismo (incluido el «machismo»), que intentan aferrarse precisamente a la «cierta confusión» en J. Dietzgen. El propio J. Dietzgen habría ridiculizado y rechazado a tales admiradores.

Para llegar a ser conscientes, los obreros deben leer a J. Dietzgen, pero sin olvidar ni por un momento que no siempre ofrece una exposición fiel de la doctrina de Marx y Engels, de los cuales es donde únicamente se puede aprender filosofía.

J. Dietzgen escribió en una época en que más ampliamente se había difundido el materialismo simplificado y vulgarizado. Por eso J. Dietzgen insistió especialmente en los cambios históricos del materialismo, en el carácter dialéctico del materialismo, es decir, en la necesidad de situarse en el punto de vista del desarrollo, de comprender la relatividad de todo conocimiento humano, de comprender la conexión multilateral y la interdependencia de todos los fenómenos del mundo, de llevar el materialismo histórico-natural hasta la concepción materialista de la historia.

Al insistir en la relatividad del conocimiento humano, J. Dietzgen cae a menudo en la confusión, haciendo concesiones incorrectas al idealismo y al agnosticismo. El idealismo en filosofía es una defensa más o menos sutil de la clerigalla, una doctrina que coloca la fe por encima de la ciencia o al lado de la ciencia, o que en general reserva un lugar a la fe. El agnosticismo (de las palabras griegas «a», no, y «gnosis», conocimiento) es una oscilación entre el materialismo y el idealismo, es decir, en la práctica, una oscilación entre la ciencia materialista y la clerigalla. A los agnósticos pertenecen los partidarios de Kant (kantianos), de Hume (positivistas, realistas, etc.) y los «machistas» contemporáneos. Por eso algunos de los filósofos más reaccionarios de la burguesía, oscurantistas declarados y defensores directos de la clerigalla, han intentado «utilizar» los errores de J. Dietzgen.

Pero, en general y en conjunto, J. Dietzgen es materialista. Dietzgen es enemigo de la clerigalla y del agnosticismo. «Con los viejos materialistas —escribió J. Dietzgen—, lo único que tenemos en común es que reconocemos la materia como premisa o fundamento primario de la idea». Este «único» es precisamente la esencia del materialismo filosófico.

«La teoría materialista del conocimiento —escribió J. Dietzgen— se reduce a reconocer que el órgano humano del conocimiento no emite ninguna luz metafísica, sino que es un fragmento de la naturaleza que refleja otros fragmentos de la naturaleza». Esta es precisamente la teoría materialista del reflejo en el conocimiento humano de la materia eternamente en movimiento y cambio, teoría que provoca el odio y el horror, las calumnias y las tergiversaciones de toda la filosofía oficial, profesoral. ¡Y con qué profunda pasión de auténtico revolucionario fustigaba y estigmatizaba J. Dietzgen a los «diplomados lacayos de la clerigalla», los profesores idealistas, realistas, etc.! «De todos los partidos —escribió con razón J. Dietzgen sobre los "partidos" filosóficos, es decir, sobre el materialismo y el idealismo—, el más vil es el partido del medio».

A este «vil partido» pertenece la redacción de «Luch» y el señor S. Semkovski («Luch» nº 92). La redacción hizo la «salvedad»: «No compartimos, dicen, el punto de vista filosófico general», pero la exposición de Dietzgen es «correcta y clara».

Esto es una falsedad flagrante. El señor Semkovski ha tergiversado y desfigurado de manera descarada a J. Dietzgen, entresacando precisamente su «confusión» y silenciando la valoración de Marx sobre Dietzgen. Y, sin embargo, tanto Plejánov, el socialista más versado en la filosofía del marxismo, como los mejores marxistas de Europa han reconocido plenamente esta valoración.

El señor Semkovski desfigura tanto el materialismo filosófico como a Dietzgen, diciendo desatinos sobre la cuestión de «uno o dos mundos» (¡esto sería según él la «cuestión fundamental»! Aprenda, amigo, lea por lo menos el «Ludwig Feuerbach» de Engels) y sobre la cuestión del mundo y los fenómenos (Dietzgen, según él, reducía el mundo real solamente a fenómenos; esto es una calumnia clerical y profesoral contra J. Dietzgen).

Pero las tergiversaciones del señor Semkovski son incontables. Que sepan los obreros interesados en el marxismo que la redacción de «Luch» es una unión de liquidadores del marxismo. Unos liquidan la clandestinidad, es decir, el partido del proletariado (Maevski, Sédov, F. D., etc.), otros la idea de la hegemonía del proletariado (Potrésov, Koltsov y otros), otros el materialismo filosófico de Marx (el señor Semkovski y Cía), otros el internacionalismo del socialismo proletario (los bundistas Kosovski, Medem y otros, partidarios de la «autonomía nacional-cultural»), otros la teoría económica de Marx (el señor Máslov con su teoría de la renta y su «nueva» sociología), y así sucesivamente.

La flagrante tergiversación del marxismo por el señor Semkovski y la redacción que lo encubre es solo uno de los ejemplos más notorios de la «actividad» de esta «unión de liquidadores» literarios.

«Pravda» nº 102, 5 de mayo de 1913. Firmado: V. Ilín

Se publica según el texto del periódico «Pravda»