El auge industrial de los últimos años en Rusia ha ido acompañado, como siempre, de un rápido desarrollo de la industria de la construcción. El *Heraldo de las Finanzas*{67} realizó hace poco una encuesta entre los ayuntamientos de 158 ciudades de Rusia sobre esta cuestión. El Sr. Veselovski, en *La Palabra Rusa*{68}, cita los siguientes datos de dicha encuesta: el número de casas construidas y reconstruidas anualmente:

¡En apenas tres años, la industria de la construcción se ha incrementado casi en una vez y media! Que los señores capitalistas se embolsan con este auge industrial ganancias colosales se desprende de los precios del ladrillo, que llegan a 33 rublos el millar en Petersburgo y a 36 rublos en la más industrializada Moscú.

Solo en 50-60 ciudades existen fábricas municipales de ladrillos, por lo que la posibilidad de luchar contra los apetitos desmedidos de los capitalistas de la construcción es insignificante. Además, nuestras ciudades, en virtud del sufragio censitario, de la total falta de libertad electoral, etc., están por entero en manos de un puñado de magnates, que bajo los intereses urbanos entienden los intereses de su propio bolsillo.

Los desmanes increíbles que se cometen en las obras, la negligencia, la actitud desvergonzada hacia la vida humana, todo ello lo muestra una serie de derrumbes de edificios en construcción, por todos conocidos. La intensificación de la actividad constructora —miles y miles de rublos que van a parar a los bolsillos de contratistas, ingenieros, capitalistas; la masa de víctimas sacrificadas por los obreros en el altar del capital— he aquí lo que significa el «auge» industrial.

¿Y la situación de los centenares de miles de obreros de la construcción?

Por la encuesta sabemos lo siguiente acerca de sus salarios. El jornal del obrero de la construcción varía en función del tamaño de las ciudades del modo siguiente:

Ni siquiera en las mayores ciudades alcanza el jornal del obrero los dos rublos diarios. Puede uno figurarse la miseria de estos obreros con la actual carestía de la vida, teniendo que mantener a la familia, que muy a menudo se encuentra en otra ciudad o en el campo. Además, los trabajos de construcción son estacionales, no duran todo el año. En unos pocos meses de trabajo, el obrero tiene que ganar lo suficiente para mantenerse a sí mismo y a su familia durante todo un año.

La mendicidad de los obreros, su total desamparo: de eso hablan las cifras citadas.

A los obreros de la construcción les resulta más difícil unirse y organizarse que a los obreros de las fábricas y talleres. Con tanto mayor empeño deben preocuparse los obreros avanzados por la instrucción y la cohesión de los obreros de la construcción, quienes no tienen dónde buscar ayuda más que en su periódico obrero, en su sindicato obrero, entre sus camaradas, los proletarios más conscientes.

Escrito el 4 (17) de mayo de 1913.

Publicado el 9 de mayo de 1913 en el periódico *Pravda* nº 105. Firmado: F.

Se publica según el texto del periódico.