Si el periódico «Nóvoye Vremia» goza con toda razón de la «fama» de ser uno de los periódicos más deshonestos, que se adapta tanto a los negocios lucrativos como al gobierno y a la clase terrateniente dominante, el colaborador de este periódico, Ménshikov, goza de esa fama por partida doble y con doble merecimiento.

Por los artículos de Ménshikov a menudo se determina sin error qué «círculos» del Petersburgo burocrático, capitalista o señorial le han encargado tal o cual intervención. No hace mucho se le encargó a este Ménshikov un artículo en defensa del «aristocrático» Consejo de Estado contra los planes de su supuesta transformación «democrática». Este artículo fue encargado manifiestamente por los círculos aristocráticos terratenientes. Tanto más instructivo es escuchar la voz de los terratenientes respecto a la tan cacareada «pacificación» de la aldea.

«Con bastante frecuencia me visitan provincianos que vienen a Petersburgo, terratenientes y personalidades sociales...», pregona Ménshikov. Si son los terratenientes quienes acuden a él o es él quien va a las antesalas de los nobles terratenientes, es harina de otro costal. En todo caso, canta con la voz de los terratenientes, y su artículo sólo es valioso para conocer los discursos francos de los terratenientes.

«Si se les cree – y ¿por qué no habríamos de creerles? – prosigue la voz terrateniente –, el pugachovismo de 1905-1906 no ha cesado en absoluto. Se ha apaciguado, ha adoptado otras formas menos ruidosas, pero prosigue su labor destructiva. Cierto que los campesinos no van ya, como antes, en masas enteras y con caravanas de carros tirados por caballos, a saquear e incendiar las haciendas de los señores. Pero los incendios provocados continúan sin cesar: ya queman una casa, ya una era, ya un cobertizo, ya un granero, ya las almiaras y las hacinas de cereal. Prosiguen los daños más indignantes y más absurdos... En los siete años de nuestra era parlamentaria, la lucha contra la anarquía rural no ha avanzado un solo paso.»

Así escribe Ménshikov en «Nóvoye Vremia». Evidentemente, se le ha encargado preparar a la «opinión pública» para nuevas medidas de persecución y castigo contra los «vándalos», como suele decirse en el campo de las centurias negras y los octubristas. Pero, al cumplir el encargo, el lacayo de los terratenientes deja escapar el verdadero estado de ánimo de éstos y las auténticas causas de su inquietud.

Anotemos y recordemos que, con nuevas leyes y disposiciones punitivas, los señores terratenientes se proponen luchar contra el «pugachovismo» de 1905-1906, que no ha cesado en absoluto sino que ha adoptado formas diferentes.

Sólo hay algo ligeramente extraño. En 1905 y 1906, el gobierno y el Consejo de la nobleza unida se convencieron a sí mismos y a los demás de que el «pugachovismo» era el resultado de la posesión comunal de la tierra y de la falta de desarrollo de la institución de la propiedad privada de la tierra entre los campesinos. Ahora todos los agentes del gobierno, todos los partidos gubernamentales y los periódicos no dejan de zumbar acerca de la destrucción y disolución de la comuna, de los «inmensos» éxitos de la nueva ordenación agraria y de la implantación de la propiedad privada de la tierra entre el campesinado. Siendo así, ¡el «pugachovismo», supuestamente provocado por la comuna, debería haber cesado! Pero si «no ha cesado en absoluto», como aseguran los terratenientes por boca de Ménshikov, entonces la cuestión no reside en absoluto en la comuna. Entonces los tan cacareados éxitos de la «nueva ordenación agraria» son un mito.

El fracaso de la política de la que alardean los señores terratenientes es, en todo caso, evidente.

Escrito el 28 de abril (11 de mayo) de 1913.

Publicado el 4 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» nº 101. Firmado: M. P.

Se publica según el texto del periódico.