Los periódicos gubernamentales y los periódicos liberales están repletos de noticias, rumores, suposiciones y cálculos sobre la política «balcánica». ¡De todo hay! Una «sensación» sucede a otra, un despacho es más «picante» que el otro. Ayer, al parecer, ya estaba a punto de estallar la guerra: entre Austria y Montenegro, entre Bulgaria y Serbia. Hoy se desmienten a porfía las noticias de ayer y se asegura que «la paz está garantizada».

Ayer, cuentos picantes sobre Essad Pachá, su tratado secreto con el rey de Montenegro, sus arteros planes para hacerse con el poder en Albania. Hoy, el desmentido de esos cuentos y nuevas noticias «picantes» sobre las connivencias de Austria con Essad.

El público filisteo, con las orejas bien abiertas, escucha esas patrañas, tomando las fábulas por moneda contante y sonante, y sigue ciegamente a los estafadores que se esfuerzan por ocupar la atención «pública» precisamente con lo que a ellos, los estafadores, les conviene. El público filisteo no sospecha que lo llevan de las narices, que con frases altisonantes sobre el «patriotismo», sobre «el honor y el prestigio de la patria», sobre «el agrupamiento de las grandes potencias» se encubren intencionadamente las maquinaciones de los estafadores financieros y de toda clase de aventureros capitalistas. Las noticias picantes, fabricadas a diario por los grandes periódicos burgueses, que a eso se dedican, a vender con ganancia los despachos «más frescos» y «más picantes», están destinadas precisamente a desviar la atención de la muchedumbre de los problemas verdaderamente importantes, del verdadero trasfondo de la «alta» política.

Los periódicos conservadores en Europa, los de las Centurias Negras y octubristas, así como los apartidistas entre nosotros, llevan a cabo este juego de manera burda y tosca: en Rusia, por ejemplo, azuzan a diario contra Austria y presentan a Rusia como la «protectora» de los eslavos. Los periódicos liberales, como _Rech_ y órganos similares, hacen el mismo juego, pero de manera más sutil, encubriéndolo con mayor habilidad, lanzando con más cuidado «pullas» a Austria, haciéndose pasar por hombres de Estado que discuten los problemas del concierto europeo.

Pero en realidad, toda esta riña entre Austria y Rusia, entre la Triple Alianza y la Triple Entente{61}, todos estos hábiles manejos, no son más que disputas de los negociantes capitalistas y los gobiernos capitalistas por el reparto del botín. Al filisteo se le intenta arrastrar a la cuestión de cómo «nosotros» podríamos arrebatar más y cómo dar menos a «ellos»; al filisteo se le intenta distraer, interesarlo en estas rencillas por ese reparto.

Sobre cuántos pellejos se desollarán ahora al campesino y al obrero en Serbia, Bulgaria y Grecia para pagar los gastos de la guerra —o en Austria para cubrir los gastos de la movilización— o en Rusia para lo mismo y para la política de gran potencia; sobre si se garantizarán, y cómo exactamente, las instituciones democráticas en los «nuevos» Estados de los Balcanes, en Armenia o en Mongolia: de esto no se escribe ni se habla. Eso no es interesante. Las ganancias de los tiburones internacionales no dependen de ello. Las instituciones democráticas incluso obstaculizan el «tranquilo» cobro de los beneficios. En lugar de desenmascarar la política de las grandes potencias, los periódicos, tanto los conservadores como los liberales, se ocupan de discurrir sobre cómo saciar mejor a los tiburones con esa política.

Escrito el 26 de abril (9 de mayo) de 1913.

Publicado el 4 de mayo de 1913 en el periódico _Pravda_ n.º 101.

Se reproduce según el texto del periódico.