Hace unos días, en Cracovia, uno de los más destacados dirigentes de la socialdemocracia rusa, el camarada Lenin, pronunció un informe. Ofrecemos un breve resumen de dicho informe, señalando para conocimiento de los lectores galitzianos que Lenin es el dirigente de la denominada corriente "bolchevique", es decir, la más radical e intransigente dentro de la socialdemocracia rusa.

Al caracterizar el movimiento obrero en Rusia, el ponente señala la gran importancia que éste tiene también para los países de Occidente, pues es indudable que en el período de las revoluciones socialistas se producirán allí fenómenos semejantes a los que han tenido lugar en Rusia. Como ejemplo, el ponente menciona el paso repentino de una relativa calma al surgimiento de movimientos de masas. En 1895, el número de huelguistas en Rusia era sólo de 40.000, mientras que en 1905, sólo en enero, fueron a la huelga 400.000, y a lo largo de todo el año la cifra ascendió a 3 millones.

La situación política actual en Rusia es el resultado de la experiencia de la revolución y de las luchas de clases que en ella tuvieron lugar. Un japonés calificó la revolución rusa de "revolución impotente bajo un gobierno incompetente". Sin embargo, el gobierno aprovechó plenamente la experiencia de la revolución. Baste recordar su actitud hacia los campesinos. En un principio, al redactar la ley electoral para la Primera Duma, el gobierno depositó sus esperanzas en el campesinado como elemento tranquilo y patriarcal. Pero cuando resultó que el campesino ruso, que lucha por la tierra, es, por su propia naturaleza, no un socialista —como pensaban algunos utopistas populistas—, pero sí en todo caso un demócrata, el gobierno dio un golpe de Estado modificando la ley electoral.

La Duma actual no es un juguete, sino un verdadero órgano del poder de las capas reaccionarias, de la burocracia zarista unida a los terratenientes feudales y a las altas esferas de la burguesía.

¿Cuál fue el papel de los liberales rusos? En la Primera y Segunda Duma, los liberales intentaron tranquilizar al campesino y encauzarlo del camino revolucionario al llamado camino constitucional. Sin embargo, es evidente que la propuesta de rescate de una parte de las tierras de los terratenientes, presentada por los kadetes, no era más que un nuevo intento de despojar y engañar al campesino ruso. Esto fracasó, principalmente gracias a la táctica de los socialdemócratas en la Duma, que empujaban constantemente a los campesinos hacia la izquierda.

La huelga de octubre fue un momento de inflexión para el liberalismo ruso. Antes de la revolución, los liberales decían que "la revolución debe convertirse en el poder" (Struve); más tarde cambiaron de tono, diciendo temer los "excesos" de la revolución, aunque bien sabían que los "excesos" provienen siempre del gobierno. Los octubristas se separaron del liberalismo y se pusieron abiertamente del lado del gobierno, prodigándole un servilismo lacayo. Fue entonces cuando Guchkov, líder de los octubristas, escribió al príncipe Trubetskói que nuevas explosiones revolucionarias amenazaban el propio bienestar de la burguesía.

Tal es la base de clase de la contrarrevolución actual. Las ilegalidades se cometen abiertamente; el rostro de clase del gobierno ha quedado al desnudo. El gobierno premia con elogios y condecoraciones los actos ilegales contra los elementos revolucionarios. Así, recientemente, durante un registro al diputado camarada Petrovski, lo encerraron ilegalmente en una habitación y, posteriormente, al interpelar sobre ello en la Duma, el ministro declaró que había que agradecer a la policía tal celo.

Aprovechando la experiencia de las luchas de clases durante la revolución, Stolypin comenzó a aplicar su famosa política agraria de estratificación del campesinado en una pequeña burguesía acomodada y elementos semiproletarios. Esta nueva política fue una burla de las viejas "consignas patriarcales" de Katkov y Pobedonóstsev. Pero el gobierno no podía actuar de otro modo.

Así pues, al implantar el actual sistema contrarrevolucionario, el gobierno se apoyaba en los terratenientes y en la burguesía amedrentada. Es cierto que la "nobleza unificada" ya en 1906 exigió la disolución de la Duma, pero el gobierno aún vacilaba en dar el golpe, a la espera de los resultados de su política agraria en relación con los campesinos y de los cambios en la psicología de la burguesía asustada por la revolución.

Ahora este sistema contrarrevolucionario se ha agotado a sí mismo, ha agotado sus fuerzas sociales. Las circunstancias se han desarrollado de tal modo que en la Rusia actual no es posible reforma alguna. La Duma se ocupa de nimiedades; y si llegara a adoptar alguna decisión, el Consejo de Estado y la corte la anulan o la modifican hasta hacerla irreconocible. No hay posibilidades reformistas en la Rusia actual. De ahí la evidente demagogia de la táctica de los kadetes, que presentan en la Duma diversos proyectos "de principio" sobre todo tipo de libertades; los presentan precisamente porque saben que la Duma en ningún caso puede aprobarlos. "¡Tenemos, gracias a Dios, una constitución!", exclamaba Miliukov. Pero bajo el régimen existente no puede haber reformas, aunque la situación interna de Rusia es tan lamentable que es evidente su atraso incluso en comparación con Asia. Incluso la prensa octubrista escribe que "no se puede seguir viviendo así".

De aquí se desprenden claramente las tareas del proletariado, que se encuentra ante una nueva revolución. El estado de ánimo se eleva. En 1910, el número de huelguistas, según las estadísticas oficiales, fue sólo de 40.000, pero en 1912 ya fueron 680.000; de ellos, 500.000 corresponden a huelgas políticas.

De aquí se desprende claramente la táctica de la socialdemocracia rusa. Debe fortalecer la organización, la prensa, etc.; esto es el abecé de la táctica elaborada hace tiempo por los socialistas en Occidente, ante todo por la socialdemocracia alemana. Pero la primera tarea del POSDR es educar a las masas para la revolución democrática. Esta tarea ya no se plantea en Occidente; allí en el orden del día está una tarea completamente distinta: la movilización, reunión, ilustración y organización de las amplias masas para la liquidación del régimen capitalista.

Si centramos la atención en la cuestión de la revolución que se avecina en Rusia y en las tareas de la socialdemocracia en ella, comprenderemos en qué consiste la esencia de las disputas con los llamados "liquidadores" en el campo de los socialdemócratas rusos. El liquidacionismo no es en absoluto un invento de una parte de los socialdemócratas rusos; los primeros liquidadores fueron los "populistas", que ya en 1906, en la revista "Rússkoie Bogatstvo", lanzaron la consigna: ¡abajo la clandestinidad, abajo la república! Los liquidadores quisieran destruir el partido ilegal y fundar uno legal. Resulta ridículo, sobre todo si se tiene en cuenta que incluso los "progresistas" (una mezcla de octubristas y kadetes) no se atrevieron a solicitar la legalización. En estas condiciones, ¡las consignas liquidadoras equivalen a una traición directa! Por supuesto, el partido ilegal debe aprovechar todas las posibilidades legales: la prensa, la Duma, incluso la ley de seguros, pero sólo para ampliar la agitación y la organización; la esencia de la agitación debe seguir siendo revolucionaria. Hay que luchar contra la ilusión de que en Rusia existe una constitución, y a las consignas reformistas hay que contraponer la consigna de la revolución, de la república.

Tal fue el contenido del informe del camarada Lenin. A una pregunta de uno de los presentes sobre cómo ve la cuestión nacional, el ponente respondió que la socialdemocracia rusa reconoce plenamente el derecho de cada nación a la "autodeterminación", a decidir su propio destino, incluso a la separación de Rusia. Pues la revolución rusa, la causa de la democracia, no está vinculada en absoluto (como sucedía en Alemania) a la causa de la unificación y la centralización. La cuestión de la que depende la democratización de Rusia no es la cuestión nacional, sino la cuestión agraria.

Al mismo tiempo, el camarada Lenin subraya la necesidad de la unidad completa del ejército revolucionario del proletariado de las diversas nacionalidades en la lucha por la democratización plena del país. Sólo sobre esta base es posible resolver la cuestión nacional, como ocurre en América, Bélgica y Suiza. El ponente polemiza con las posiciones de Renner sobre la cuestión nacional y se pronuncia enérgicamente contra la consigna de la autonomía cultural-nacional. Algunos en Rusia afirman que el desarrollo ulterior de Rusia seguirá el camino austriaco, un camino podrido y lento. Sin embargo, debemos precavernos contra toda lucha nacional dentro de la socialdemocracia que pudiera anular la gran tarea de la lucha revolucionaria; en este sentido, la lucha nacional en Austria debe servirnos de advertencia. Nuestro modelo debe ser la socialdemocracia en el Cáucaso, que realizaba la propaganda simultáneamente en georgiano, armenio, tártaro y ruso.