La cuestión del «hambre de petróleo», del enorme encarecimiento del petróleo, de la criminal huelga de los magnates petroleros para esquilmar a los consumidores ha despertado un interés perfectamente legítimo y una indignación perfectamente comprensible en la Duma, y aún más fuera de ella.

El duelo entre el señor ministro de Comercio e Industria, que en una forma ligeramente disimulada defendía a los miembros del sindicato – los reyes del petróleo{20}, y el señor Markov 2.º, que expresaba ardorosamente los sentimientos de ofensa de los nobles terratenientes feudales, este duelo (en la sesión de la Duma de Estado del 22 de marzo) merece una atención extraordinaria por parte de la clase obrera y de toda la democracia. Este duelo arroja mucha luz sobre toda la interrelación de las dos clases «gobernantes» de Rusia, las dos llamadas clases «superiores» (y en realidad muy inferiores, bajas y rapaces), la clase de los terratenientes feudales y la clase de los magnates financieros.

La cuestión del sindicato del petróleo parece, a primera vista, una cuestión particular. Pero no es así. En realidad es sólo una de las manifestaciones de la cuestión general y fundamental acerca de cómo Rusia es gobernada (o, mejor dicho, cómo Rusia es saqueada) por las dos clases dominantes. El discurso de Markov 2.º dio una magnífica respuesta al defensor de los «reyes» del petróleo desde el punto de vista del uro, ofendido en el reparto del botín. No es de extrañar que el señor Markov 2.º no fuera capaz en este caso de «volverse hacia sí mismo», no fuera capaz de mirarse al espejo junto con sus amigos los terratenientes. Intentaré prestar un servicio al señor Markov 2.º; le pondré delante un espejo. Le dibujaré su retrato. Mostraré que la «riña» de Markov 2.º y Jrvostov con los reyes del petróleo, los magnates del sindicato del queroseno, los millonarios de Bakú, es una riña doméstica, una riña entre dos saqueadores de la riqueza pública. «Los queridos riñen, pero se divierten». El señor ministro y el señor Nobel con su compañía, por un lado, y los señores Jrvostov y Markov con sus amigos en el Senado, en el Consejo de Estado{21}, etc., éstos son los «queridos». ¡Sólo que les cuesta muy caro a las decenas de millones de obreros y campesinos arruinados de Rusia esta querida y cálida compañía!

¿Cuál es el quid de la cuestión del petróleo?

Ante todo, en el desvergonzado hinchamiento de los precios del petróleo por los señores petroleros, con la retención artificial de la productividad de los pozos y las refinerías por parte de estos «caballeros» de la ganancia capitalista.

Los datos fundamentales referentes a estos puntos ya fueron aducidos en la Duma, pero debo repetirlos brevemente para hacer completamente clara mi exposición ulterior. El precio del petróleo era de 6 kopeks por pud en 1902. Hacia 1904 sube a 14 kopeks. Luego el «salto» de los precios se vuelve aún más «alegre», de modo que después de la revolución del año cinco el precio del pud alcanza 21 kopeks en 1908-1909, y 38 kopeks en 1912.

¡De modo que el precio se multiplicó por más de seis en 10 años! Y la extracción de petróleo disminuyó durante ese tiempo de 600-700 millones de puds en 1900-1902 a 500-585 millones de puds en 1908-1912.

Vale la pena recordar estas cifras. Hay que reflexionar sobre ellas. Disminución de la extracción durante un decenio de colosales saltos hacia arriba de la producción en todo el mundo, y aumento de los precios en más de seis veces.

El señor ministro de Comercio e Industria, defendiendo a los comerciantes e industriales coludidos, aducía argumentos sencillamente increíbles por su mezquindad.

Aumenta la demanda de combustible, decía; aumenta la demanda de petróleo por parte de la industria automovilística y de aviación; es un fenómeno «mundial», nos consolaba a nosotros y al pueblo ruso el señor ministro.

¿Y en América? –preguntamos nosotros. Esta pregunta se impone por sí misma, pues es de todos conocido que América es el único competidor serio de Rusia en la producción de petróleo. Rusia y América juntas proporcionaban en 1900 más de 9/10 de la extracción mundial de petróleo, y en 1910 más de 8/10.

Si se trata de un fenómeno «mundial», señor ministro, entonces debería ocurrir lo mismo en América. Y he aquí que para impresionar a los oyentes desatentos, el señor ministro, que defendía a los coludidos saqueadores del petróleo, citó cifras sobre América... ¡¡pero sólo de 2 años!! En los dos últimos años el precio del petróleo subió al doble en América, y también en Rumanía.

¡Muy bien, señor ministro! Pero entonces, ¿por qué no hacer la comparación hasta el final? Comparar hay que comparar. No se puede jugar con las cifras. Hay que tomar los datos de América para el mismo período para el que se adujeron los datos de Rusia. ¿Acaso no es evidente que ésta es la condición más fundamental, más elemental, más abecé de todo empleo honrado de la estadística?!

En Rusia, en 10 años, los precios subieron más de seis veces en comparación con aquel precio mínimo de 1902 que citó el propio señor ministro. ¿Y en América? Allí no hubo nada semejante a semejante aumento de los precios. De 1900 a 1910 el precio en América bajó. En los últimos años el precio se mantuvo estable.

Así pues, ¿cuál es el balance? Duplicación en América y multiplicación por seis en Rusia. Y la extracción de petróleo era en América en 1900 menor que en Rusia, ¡¡y en 1910 era el triple que en Rusia!!

Esto no quiso decirlo el señor ministro, que defendía torpemente la huelga de los millonarios petroleros. Pero el hecho está a la vista. Cualesquiera que sean las cifras que se tomen, es indudable que en América el encarecimiento en el último decenio es incomparablemente menor que en Rusia, mientras que la extracción creció gigantescamente frente al vergonzoso estancamiento de Rusia e incluso un paso atrás.

Vemos ahora de inmediato cuán poca verdad y cuánta falsedad hay en la referencia de nuestro ministro al fenómeno «mundial» del encarecimiento. Sí, el encarecimiento avanza en todas partes. Sí, hay causas capitalistas generales que lo provocan.

Pero en Rusia la situación es insoportable precisamente porque entre nosotros el encarecimiento es inconmensurablemente más fuerte justamente en el petróleo, y en vez de crecimiento de la productividad hay estancamiento. En Rusia la situación es absolutamente insoportable precisamente porque en lugar de un desarrollo amplio, libre y rápido del capitalismo, vemos estancamiento y putrefacción. Por eso la misma carestía es cien veces más maligna entre nosotros.

Rusia tiene 170 millones de población, y América 90, es decir, poco más de la mitad. Pero en América extraen ahora tres veces más petróleo que nosotros, y dieciocho veces más carbón mineral. El nivel de vida en América, a juzgar por el salario de los obreros, es cuatro veces más alto que en Rusia.

¿No está claro cuán flagrante falsedad encierran las palabras del señor ministro de que el mal es un fenómeno mundial? El mal recae sobre Rusia cuatro, si no diez veces más pesadamente.

Escrito en marzo, no antes del 26 de marzo (8 de abril) de 1913.

Publicado por primera vez el 21 de enero de 1940 en el periódico «Pravda» núm. 21

Se publica según el manuscrito.