Uno de los kadetes más destacados, el diputado Shingariov, dictó recientemente en Petersburgo una conferencia bajo el título: «La nueva Duma y las viejas tareas».

Tema actual, interesante, candente.

Como de costumbre, nuestro kadete arremetió contra los octubristas{17}. «Los octubristas –exclamaba– se cohíben de sumarse al ala derecha y no se atreven a sumarse a la izquierda» (*Rech*, n.° 70). Entre los «izquierdistas», nuestro valiente kadete (valiente ante un auditorio democrático) contaba, evidentemente, a los progresistas{18}. Acerca de que estos amigos íntimos y aliados políticos de los kadetes son en sus tres cuartas partes octubristas, el señor Shingariov guardó silencio.

¡Quiere que la democracia considere «izquierdistas» a los kadetes, a pesar del bloque permanente y estrechísimo de hecho de los kadetes con los progresistas, que se sitúan a medio camino entre kadetes y octubristas! En otras palabras: los kadetes quieren atrapar a la democracia, estando de hecho cautivos de unos progresistas notoriamente antidemocráticos.

«El aburrimiento –decía el señor Shingariov a propósito de la IV Duma– recuerda el estado de ánimo de los pasajeros de un tren atascado en una estación remota. Para distraerse y hacer avanzar el tren, los propios pasajeros tuvieron que ponerse a despejar la vía. Pero, con todo, para mover la pesada maquinaria legislativa se necesitan fuerzas que no son solo las de los pasajeros. Sobre nuestras reformas pesan tres cerrojos: la ley del 3 de junio, la Cámara alta y la irresponsabilidad del poder ejecutivo. Cómo se abrirán estos cerrojos –callada y pacíficamente o por otra vía– lo mostrará la historia. Los contemporáneos no pueden permanecer completamente indiferentes; deben aunar sus esfuerzos y empuñar los remos» (*Rech*, n.° 70).

¡Cosa muy cómoda es esa de remitirse a la historia! El señor Shingariov y los kadetes se remiten a la historia del mismo modo que aquellas gentes de las que Marx decía que defendían el látigo aduciendo que era un látigo histórico{19}.

Por supuesto, «la historia mostrará cómo se abren los cerrojos» es una verdad indiscutible y estéril. Es una excusa propia de la decrepitud senil. De un político se espera que diga qué clase tiene en sus manos esos cerrojos y qué clases, con qué medios, deben abrirlos.

«La historia mostrará» lo que ya mostró hace 7 años y medio, a saber: la esterilidad del reformismo liberal, de las ensoñaciones liberales sobre la paz con la clase que tiene en sus manos los «cerrojos».

*Pravda*, n.° 71, 26 de marzo de 1913. Firma: M.

Se publica según el texto del periódico *Pravda*.