La opinión pública de la socialdemocracia está inquieta por la amenaza de escisión de la fracción que resonó en la carta de los 7 diputados. La cuestión ha suscitado, con razón, un interés candente entre los obreros. Es necesario esclarecer la situación de manera precisa y definida.

De un lado, los seis diputados de la curia obrera, es decir, como cualquiera comprende, los representantes de la inmensa mayoría de la clase obrera de Rusia. Del otro lado, los 7 diputados restantes, que tienen una mayoría casual de 1 voto dentro de la fracción.

En apariencia, la disputa se debe a que los 7 diputados quieren obligar a los 6 restantes a ser colaboradores del periódico *Luch* y se manifiestan por la fusión de *Pravda* con *Luch*. Estas exigencias de los 7 diputados nos parecen –digámoslo francamente– simplemente poco serias. ¿Acaso se puede obligar a alguien «por mayoría de votos» a trabajar en un periódico cuya orientación no se comparte? (Sin mencionar que toda redacción que se respete rechazaría por sí misma a semejantes «colaboradores» forzados y coaccionados). ¿Se puede hablar en serio de la fusión de *Pravda* con *Luch*?

¡Por supuesto que no! Y declaramos abiertamente que consideraríamos una traición a la causa del proletariado que *Pravda* renunciara a la lucha contra el liquidacionismo, y, por tanto, también la fusión de *Pravda* con *Luch* mientras *Luch* no haya renunciado a la prédica liquidacionista –contra la «clandestinidad», contra las huelgas políticas, etc. Los serios militantes socialdemócratas difícilmente creerán que *Pravda* y los 6 diputados obreros decidieran suicidarse sólo porque *Luch* lo persigue. De esto no puede ni hablarse, y los 7 diputados harán bien en no volver más sobre su completamente inaceptable e irrealizable «plan».

Sin embargo, la cuestión de las divergencias en la fracción no se agota con esto. Cualquiera intuye que detrás de la disputa superficial sobre la colaboración forzosa en *Luch* se oculta todavía otra disputa más seria e importante. Esta disputa se reduce a cómo cada una de las partes de la fracción se relaciona con el liquidacionismo.

Y cabe pensar: ¿acaso los obreros no tienen derecho, ante todo, a exigir a los siete diputados que digan franca, precisa, clara y definidamente cómo se relacionan con el liquidacionismo? Los siete diputados están obligados a hacerlo con la misma franqueza con que lo hicieron los seis diputados obreros. En la fracción de la III Duma de Estado, la aplastante mayoría de los diputados eran mencheviques. Pero se relacionaban con el liquidacionismo de manera tajantemente negativa. ¿Cómo se relacionan ahora con él los 7 diputados? Ellos mismos plantearon la cuestión de *Luch*, es decir, del liquidacionismo. Por eso están doblemente obligados a decir abierta y precisamente: ¿cómo se relacionan con la prédica de *Luch* contra la clandestinidad (véase *Luch* nº 101 y otros), contra las huelgas políticas, contra la hegemonía de la clase obrera en el movimiento de liberación, etc.? Sin esto no se puede dar ni un paso para salir de la situación creada.

Decimos abiertamente: si en la fracción socialdemócrata se encontrara aunque fuera un solo diputado que empezara a pronunciar desde la tribuna de la Duma discursos semejantes al artículo en el nº 101 de *Luch* (el crecimiento de las simpatías hacia la «clandestinidad» es un hecho «lamentable», etc.), con tal diputado la ruptura sería inevitable. Y el diputado socialdemócrata que no se levantara y dijera que ese orador no expresa la opinión de la socialdemocracia, traicionaría su deber ante la clase obrera.

¿Tenemos o no razón en esta opinión? Sometemos tranquilamente esta cuestión al juicio de los obreros...

En presencia de serias divergencias entre las dos mitades de la fracción, la unidad puede ser conservada sólo en el caso de que ambas partes busquen por igual el acuerdo. La «solución» de las cuestiones programáticas por una mayoría casual de un voto es una provocación a la escisión. Esto lo comprende cualquiera. Las personas que quieran seriamente la unidad nunca tomarán el camino de tal «solución» de las cuestiones.

¿Es posible este acuerdo en la fracción con la composición actual? Hasta ahora ha sido posible. Ejemplo: la declaración de la fracción, leída al comienzo de los trabajos de la IV Duma. La fracción rechazó las pretensiones liquidacionistas; y esto hizo posible el acuerdo de ambas partes. Si hay buena voluntad, si los siete diputados no preparan la escisión, esto será posible también en adelante en todas las cuestiones políticas importantes.

El ejemplo de la declaración{13} es un ejemplo de lo que se debe hacer para evitar la escisión. Y he aquí el ejemplo con la «autonomía nacional-cultural» es un ejemplo de lo que no se debe hacer para evitar la escisión. Exponer esta reivindicación, como lo hizo el camarada Chjenkeli, significa derogar el programa socialdemócrata. Si hasta ahora los liquidadores aseguraban que esta reivindicación «no contradice» el programa, ahora han sido desenmascarados incluso por los propios bundistas, quienes (véase el nº 9 de *Tsait*{14}) felicitan a Chjenkeli precisamente porque «se apartó del punto de vista anquilosado en el que se mantiene la teoría oficial en la cuestión nacional». Derogar el programa con 7 votos contra 6 significa preparar la escisión. Esto lo comprende todo obrero consciente.

Así pues, ¡acuerdo o escisión! Así se plantea la cuestión.

¿Qué proponemos nosotros? – ¡El acuerdo!

¿Es posible este acuerdo? – ¡Sí!

¿Es deseable este acuerdo? – ¡Sí!

¿Qué se requiere para la realización de este acuerdo? – ¡No derogar el programa, no difamar la «clandestinidad», permanecer fieles a la vieja bandera! Nuestras exigencias, como ve el lector, son modestas.

¡Por el acuerdo de los 7 y los 6, contra la escisión! Esto es lo que deben exigir todos los obreros conscientes.

*Pravda* nº 62, 15 de marzo de 1913. Firmado: B. B.

Se imprime según el texto del periódico *Pravda*