La sociedad burguesa vive y se sostiene exclusivamente del trabajo asalariado de millones. Sin él, no serían posibles ni los ingresos de los terratenientes, ni las ganancias de los capitalistas, ni toda clase de fuentes «derivadas» de la vida regalada, como honorarios, sueldos, etc. Y la fuerza que arroja a millones a las filas de los asalariados es el hambre.

Es un hecho viejo, conocido de todos, trillado. El público burgués se acostumbra a él y «no lo advierte». Pero de vez en cuando, los casos clamorosos de necesidad y miseria junto al lujo obligan —¡sobre todo si amenaza un peligro a la salud y el bienestar de los señores burgueses!— a hacer «descubrimientos». En cada gran ciudad, en cualquier rincón rural, de cuando en cuando «descubren» una suciedad horrible, repugnante, indigna del hombre, la miseria, el abandono. Lo «descubren», informan al público a través de los «grandes» periódicos, hablan un par de días y lo olvidan. El harto no entiende al hambriento…

Hace poco, en Petersburgo, cierto doctor Kozlovski presentó al público uno de esos «descubrimientos», tras haber examinado 251 viviendas de esquina del barrio de Rozhdéstvenski.

«Habitaciones oscuras, húmedas, aire asfixiante, suciedad, se duerme sobre baúles, en el suelo, hacinamiento espantoso (3.578 inquilinos en 251 viviendas), en las paredes chinches aplastadas, un cuadro aterrador» (Nóvoe Vremia, núm. 13236).

La Sociedad de Sanidad Pública, que escuchó dicho informe, acordó estudiar la cuestión, elevar una solicitud… pedir una inspección… es decir, hizo todo lo que pudo.

Algunas cifras de la estadística de la ciudad de San Petersburgo de 1911. La «Comisión especial de clasificación y amparo de mendigos» recibió a 16.960 mendigos. De ellos, 1.761 fueron entregados a los tribunales —¡no molestar a los señores limpios!—, 1.371 enviados a sus lugares de origen (el campo «se acostumbró» a bregar con la miseria), 1.892 quedaron acogidos en instituciones de la comisión y 9.694 fueron puestos en libertad.

De todos modos, trabajaron en la comisión, hicieron la «clasificación», no en vano les pagan el sueldo.

En el mismo año 1911, acudieron a la bolsa de trabajo municipal (junto a la barrera de Moscú) 43.156 jornaleros en busca de trabajo. Obtuvieron trabajo 6.076.

Los «puestos en libertad» (los mendigos del «amparo», los jornaleros del trabajo) pernoctan en la calle, en albergues nocturnos, en viviendas de esquina… Material para descubrimientos.

*Pravda*, núm. 29, 5 de febrero de 1913.  
Firmado: V. I.