Entre nosotros se comete constantemente el error de valorar las consignas, la táctica de un partido o grupo determinado, su orientación en general, según las intenciones o los motivos que ese mismo grupo aduce. Tal valoración no sirve para nada. De buenas intenciones – se dijo ya hace mucho – está empedrado el infierno.

La cuestión no reside en las intenciones, ni en los motivos, ni en las palabras, sino en la situación objetiva, independiente de ellas, que determina el destino y el significado de las consignas, de la táctica o, en general, de la orientación de un partido o grupo dado.

Abordemos desde este punto de vista el análisis de las cuestiones más importantes del movimiento obrero contemporáneo. La huelga del 1 al 3 de julio en Petersburgo abarcó a más de 62 mil obreros, incluso según los cálculos de los periódicos burgueses — «Rech» y «Rússkoe Slovo» —, que siempre daban en casos semejantes informaciones reducidas.

Tenemos, por consiguiente, el hecho de una acción de más de sesenta mil personas. Como se sabe, el motivo inmediato fue la protesta contra las persecuciones de la prensa obrera, sus confiscaciones diarias, etc., etc. Sabemos también, por las informaciones de periódicos como «Nóvoe Vremia», «Rech», «Sovremienka»{104}, «Rússkoe Slovo», que los obreros, en sus discursos, etc., subrayaban la importancia nacional de su protesta.

¿Cómo reaccionaron ante el acontecimiento las distintas clases de la sociedad rusa? ¿Qué posición adoptaron?

Sabemos que «Rossía»{105}, «Zémshchina» y periódicos similares se manifestaron con las habituales declaraciones de condena tajante, no pocas veces con las injurias más groseras, amenazas, etc. Esto no es nuevo. Es comprensible. Es inevitable.

Más «nueva» es la sorprendente indiferencia de la burguesía, reflejada en la indiferencia de los periódicos liberales, con la particularidad de que, a menudo, esa indiferencia se convierte en una actitud negativa, cuando movimientos obreros menos importantes, de menor número de participantes (hace 17 o 18 años), provocaban una simpatía manifiesta en la sociedad liberal-burguesa. Estamos aquí ante un giro indudable y decisivo del liberalismo hacia la derecha, apartándose de la democracia, contra la democracia.

A propósito de los acontecimientos del 1 al 3 de julio en Petersburgo, uno de los periódicos más difundidos, si no el más difundido de Rusia (el liberal «Rússkoe Slovo»), escribía:

«Es interesante señalar la actitud de los periódicos socialdemócratas que se editan en Petersburgo ante esta huelga. El periódico socialdemócrata “Pravda” concede un espacio amplio a la huelga de ayer (escrito el 3 de julio), mientras que el órgano del grupo de los llamados liquidadores, el periódico “Luch”, se limita a una pequeña nota sobre la huelga, dedicando un editorial a las huelgas políticas (“Luch” del 2 de julio), en el que el periódico protesta contra semejantes acciones obreras.» («Rússkoe Slovo», 3 de julio de 1913)

Tales son los hechos. Hostilidad de la reacción. Indiferencia y negación de los liberales y de los liquidadores. Unidad de hecho del liberalismo con el liquidacionismo. Unidad de la acción obrera de masas, posible únicamente contra los liquidadores.

El proletariado no puede cumplir con su deber democrático, cumplir su servicio de destacamento de vanguardia, atender, educar y cohesionar a las masas populares más que en lucha resuelta contra los liquidadores, que de hecho dependen por entero del liberalismo.

Los liberales también suelen hacer radicalismo en la tribuna de la Duma, no peor que diversos elementos seudomarxistas o vacilantes, pero eso no impide que los liberales combatan (con ayuda de los liquidadores) el democratismo extraduma de las masas.

«Rabóchaya Pravda» núm. 3, 16 de julio de 1913.  
Se publica según el texto del periódico «Rabóchaya Pravda».