En el editorial de Año Nuevo de este periódico leemos la vieja mentira de que 1912 "planteó como consigna inmediata y bandera de combate para la Rusia obrera la cuestión de la lucha por la libertad de coaliciones y la cuestión de la lucha por la existencia abierta del partido obrero socialdemócrata".

Todo aquel que haya estado realmente en contacto con el movimiento obrero de masas de 1912 y haya observado atentamente su fisonomía política sabe perfectamente que los liquidacionistas de *Luch* mienten aquí. La consigna inmediata y la bandera de combate que enarbolaron los obreros fue otra. Esto se vio con particular claridad, por ejemplo, en las jornadas de mayo, cuando los propios obreros de vanguardia de las distintas corrientes (e incluso con participación de la minoría de los populistas junto a la mayoría socialdemócrata) enarbolaron otra consigna, izaron otra "bandera de combate".

Los intelectuales de *Luch* lo saben, pero imponen a los obreros su propia falta de fe, su estrechez de miras, su oportunismo. ¡Un cuadro conocido y nada nuevo! Y en Rusia, semejante tergiversación les sale impune a sus autores con tanta mayor facilidad cuanto que gozan del monopolio de la manifestación "abierta" en ciertos escenarios.

Pero la mentira de *Luch* sigue siendo mentira. Y se agrava cuando *Luch* continúa:

"En el centro de la movilización política de las masas obreras en 1913 se situará precisamente esta consigna…"

En otras palabras: ¡contra la voluntad de las masas obreras, que ya han enarbolado otra consigna, los intelectuales de *Luch* la recortarán y la mutilarán! Cada cual es libre de hacer lo que quiera, pero lo que hacen ustedes, señores, no es en absoluto una labor socialdemócrata, sino liberal.

Que recuerde el lector la reciente polémica de *Luch* con *Pravda* sobre el partido abierto. ¿Por qué ni siquiera los demócratas constitucionalistas lograron tener un partido abierto? –preguntaba *Pravda*[39]. Y en *Luch*, F. D. respondía:

"Los demócratas constitucionalistas reconocieron que su deseo era una utopía cuando no les aprobaron los estatutos, mientras que los liquidacionistas realizamos 'un trabajo persistente y planificado, conquistando una posición tras otra'" (véase el n.º 73 de *Luch*).

Como ven, ¡F. D. eludió la respuesta! También los demócratas constitucionalistas realizaron un trabajo persistente, y también ellos "conquistaron posiciones" en la prensa legal y en las asociaciones legales. Pero ni siquiera los demócratas constitucionalistas tienen un partido abierto.

¿Por qué, entonces, los demócratas constitucionalistas siguen soñando y hablando de un partido abierto? Porque son el partido de la burguesía liberal contrarrevolucionaria, que está dispuesta a pactar con los Purishkévich a cambio de ciertas concesioncillas para los liberales, a cambio de la concesioncilla de un partido "pacífico" y abierto de los demócratas constitucionalistas.

He aquí el significado objetivo, es decir, independiente de los buenos deseos y las bellas palabras, de los discursos sobre el partido abierto en la época del régimen del 3 de junio. Estos discursos expresan la renuncia a la democracia consecuente y la prédica de la paz con los Purishkévich.

No importa qué objetivos persigan los liquidacionistas con su prédica del partido abierto, ni cuáles sean sus intenciones y propósitos. Esta es una cuestión subjetiva; ya se sabe que el infierno está empedrado de "buenas" intenciones. Lo importante es cuál es el significado objetivo de la prédica de un partido obrero abierto bajo el régimen del 3 de junio, con un partido liberal cerrado, etc.

Este significado objetivo de los discursos liquidacionistas sobre el partido abierto es la renuncia a las condiciones y exigencias democráticas generales y fundamentales.

Por eso, todo obrero consciente tiene una actitud negativa hacia la prédica de los liquidacionistas, pues la cuestión del "partido abierto" es una cuestión cardinal, la cuestión de la existencia misma del partido de la clase obrera. La prédica liquidacionista socava de raíz precisamente la existencia misma de un partido obrero real.

*Pravda*, n.º 24, 30 de enero de 1913. Firmado: T.

Se imprime según el texto del periódico *Pravda*.