Las reflexiones de "Rech" acerca de la acuciante cuestión de las huelgas merecen la máxima atención de los obreros.

El periódico liberal cita datos oficiales sobre el movimiento huelguístico:

Señalemos de paso que las cifras correspondientes a 1912 están evidentemente disminuidas: se ha contabilizado tan solo a 511.000 huelguistas políticos. En realidad fueron el doble. Recordemos también que, no más tarde de mayo de 1912, "Rech" negaba el carácter político de nuestro movimiento obrero y aseguraba que todo el movimiento era de carácter puramente económico. Pero ahora nos proponemos detenernos en otro aspecto de la cuestión.

¿Cómo valora este fenómeno nuestra burguesía liberal?

"No están satisfechas las necesidades fundamentales de la conciencia política" (¿por qué solo de la conciencia??) "de los ciudadanos rusos", – escribe "Rech".

"En todas partes, la clase obrera es el sector más dinámico y receptivo de la democracia urbana... el sector más activo del pueblo... En condiciones constitucionales... en un contexto político normal... no se habrían perdido (a causa de la huelga de Putilov) decenas de miles de jornadas de trabajo en una rama de producción que ahora, ante las complicaciones exteriores, adquiere una importancia extraordinaria" (n.º 19).

El punto de vista de la burguesía es claro. "Nosotros" queremos una política de imperialismo, de conquista de tierras ajenas. Las huelgas nos estorban. "Nosotros" perdemos plusvalía por las jornadas de trabajo "perdidas". "Nosotros" queremos la misma explotación "normal" de los obreros que existe en Europa.

¡Estupendo, señores liberales! Su deseo es legítimo; su aspiración, estamos dispuestos a apoyarla... ¡siempre que... siempre que no sea una aspiración muerta, vacía!

"Rech" prosigue: "Los hombres de Estado prusianos (habría que decir: los terratenientes prusianos) no concedieron la 'legalización del Partido Socialdemócrata' por simpatía hacia las libertades. Las reformas dan los frutos adecuados cuando se conceden a tiempo."

Tal es el reformismo consumado de nuestra burguesía. Se limita a suspirar; desea convencer a los Purishkévich, sin ofenderlos, reconciliarse con ellos, sin eliminarlos. Para toda persona que piense, debe estar claro que la consigna de la "legalización del Partido Socialdemócrata", por su significado objetivo (es decir, independientemente de las buenas intenciones de algunos grupos aislados), es parte inseparable de ese reformismo burgués, mezquino e impotente.

Señalemos solo una cosa. A Bismarck le resultaron las reformas únicamente porque rebasó los límites del reformismo: realizó, como se sabe, una serie de "revoluciones desde arriba", saqueó 5.000 millones de francos al país más rico del mundo, pudo dar a un pueblo ebrio por el río de oro y por éxitos militares jamás vistos el sufragio universal y una legalidad auténtica.

¿Creen ustedes, señores liberales, que algo similar sea posible en Rusia? ¿Por qué, si no, incluso con motivo de la cuestión del zemstvo de Arjánguelsk (¡menuda "reforma"!), declaraban ustedes que las reformas en Rusia eran un caso perdido?

"Pravda" n.º 23, 29 de enero de 1913. Firmado: T.