Reproducimos íntegramente el artículo de fondo del último número del periódico petersburgués *Luch* (del 19 de enero de 1913, n.º 15/101):

LAS MASAS OBRERAS Y LA CLANDESTINIDAD

«A los metalúrgicos se les ha denegado nuevamente la legalización del sindicato. A pesar de todas las concesiones que los obreros estaban dispuestos a hacer, la oficina competente ha encontrado absolutamente inaceptables todos los artículos. Ya fuera la sociedad de fabricantes e industriales la que actuara, insistiendo, como informaron en su día los periódicos, en que no se autorizara a los metalúrgicos un nuevo sindicato profesional, o ya fuera la propia oficina la que decidiera no permitir la existencia de tal sindicato, esto no cambia la esencia del asunto. ¡La parte más avanzada y más culta de los obreros de Petersburgo se ve privada incluso del mísero derecho que les pertenece sobre la base de las normas provisionales sobre sindicatos y sociedades! ¡Cuántas fuerzas gastadas, cuántas vidas perdidas en la lucha por este pedazo de derecho, que ahora, con un gesto de la mano, queda reducido a la nada!

Y lo más extraño de todo es que las amplias masas obreras no reaccionan en absoluto a esta privación de derechos. Bajo la influencia de todas las recientes persecuciones contra las organizaciones legales, en algunos sectores del ambiente obrero incluso reviven y se fortalecen las simpatías hacia la “clandestinidad”. De ningún modo cerramos los ojos ante este hecho, lamentable en nuestra opinión. Pero, no acostumbrados a inclinarnos ante la espontaneidad, nos esforzamos por darnos cuenta de su sentido.

Las actuales conversaciones sobre la “clandestinidad” recuerdan en grado considerable las viejas disputas, hoy, al parecer, fundamentalmente olvidadas, sobre el terror. Ante el terror, también muchos se “inclinaban” para enmascarar su propia inutilidad. Está bien, dicen, que existan héroes, y nosotros de alguna manera iremos tras ellos. Lo mismo sucede ahora. Nos da pereza pensar, pereza buscar nuevos caminos, y esperamos que la clandestinidad decida por nosotros, y entonces actuaremos bajo responsabilidad ajena. Si tiene éxito, bien; si no, tenemos a quién echar la culpa.

Esta psicología, que, no lo negamos, tiene raíces en nuestra actual coyuntura política y se explica suficientemente por los pesados sacrificios que ya se han ofrendado en el altar del movimiento abierto, esta psicología de la irresponsabilidad, del deseo inconsciente de “escabullirse” en caso de fracaso, es la que dicta a algunos sectores de la masa obrera el reverdecido respeto por la clandestinidad. Hablamos de respeto por la clandestinidad, y no de huida a la clandestinidad, porque de hecho en la clandestinidad siempre han estado únicamente individuos aislados —la masa no tiene nada que hacer en la clandestinidad—, y esos individuos, que no respondían ante nadie, mandaban en las acciones de masas.

Pero, se dice, las “posibilidades legales” están todas agotadas, y como resultado tenemos la destrucción casi total de las organizaciones legales. Precisamente eso es falso, que estén agotadas todas las posibilidades. En realidad, se ha realizado aún en grado sumamente escaso aquella posibilidad fundamental sin la cual es impensable victoria alguna de la clase obrera. Hablamos de la participación planificada de las masas en la defensa de sus organizaciones. Todo lo que se ha hecho hasta ahora se ha hecho de manera insuficientemente planificada y sin la suficiente participación de las masas. Miles de firmas bajo la petición sobre la libertad de coalición no son nada en comparación con los cientos de miles de obreros fabriles y de la gran industria. Las decenas de miembros, y rara vez centenas, de nuestras sociedades profesionales, educativas y de todo otro tipo, constituyen una pequeña gota en comparación con la enorme cantidad de obreros ocupados en la profesión dada, que habitan en el barrio dado, etc. Y en realidad, las personas realmente interesadas en los sindicatos y que trabajan en ellos son aún menos.

Después de haber colocado en los puestos más peligrosos de las organizaciones legales a la mejor parte de la intelectualidad obrera, la masa baja fácilmente los brazos y está dispuesta a abandonar la causa misma cuando estos luchadores de vanguardia son arrancados de sus filas. Aquí reside precisamente la raíz de la debilidad del movimiento obrero contemporáneo, y aquí precisamente hay un campo virgen para el trabajo socialdemócrata tenaz y perseverante».

Es difícil imaginarse un documento más completo, más exacto y más elocuente que este artículo, que ilumine los problemas candentes de nuestro partido socialdemócrata. En el n.º 101 de *Luch*, el artículo de fondo ha hecho un balance asombrosamente correcto de toda la centena de números de *Luch* y de toda la propaganda de cinco años de los liquidacionistas, P. B. Axelrod, F. Dan, V. Yezhov, Levitski, Potresov, Martov, Martynov, etc.

Para comentar detalladamente este artículo de fondo, sería necesario escribir un tomo, repitiendo lo dicho contra los liquidacionistas por los marxistas de todas las corrientes en la prensa de 1909–1912.

Señalemos solo algunas cosas. En la masa obrera se reaniman y fortalecen las simpatías hacia la clandestinidad, reverdece el respeto por ella. Considerar este hecho como lamentable significa ser liberal y no socialdemócrata, contrarrevolucionario y no demócrata. La comparación de la clandestinidad con el terror es una burla inaudita al trabajo revolucionario entre las masas. Solo la clandestinidad plantea y resuelve los problemas de la revolución en ascenso, dirige el trabajo revolucionario socialdemócrata, atrae a las masas obreras precisamente con ese trabajo.

En la clandestinidad siempre han entrado y entran los obreros de vanguardia más conscientes, mejores y más queridos por la masa. El vínculo de la clandestinidad con las masas hoy puede ser y es a veces aún más amplio y estrecho que antes, principalmente a causa de la mayor conciencia de las masas y, en parte, también gracias precisamente a las “posibilidades legales”. Son necios y viles los discursos sobre el partido abierto, pero para nuestras células partidarias socialdemócratas, para su trabajo entre las masas, las “posibilidades legales” no están en absoluto agotadas ni pueden “agotarse”.

¿Acaso el artículo de fondo del n.º 101 de *Luch* no sacudirá a todos los socialdemócratas? ¿Acaso se encontrará una sola “corriente” entre los socialdemócratas que tolere semejante prédica?

¿Acaso este artículo de fondo de balance no ayudará a resolver el candente problema de la unidad del partido socialdemócrata?

Los diplomáticos del liquidacionismo han quedado definitivamente desenmascarados en el n.º 101 de *Luch*. Se les ha arrancado la máscara. De la unidad con el grupo liquidacionista de *Luch* y de *Nasha Zaria* solo pueden hablar ahora los hipócritas.

Es hora de que los socialdemócratas que hasta ahora, por diversas razones, vacilaban, no daban una respuesta definida al problema, admitían en forma evasiva un “acuerdo” con *Luch*, encubrían con palabras sobre la “unidad” la unificación con *Luch*, es hora de que dejen por fin de vacilar y se pronuncien directamente.

Es imposible la unidad con *Luch*; es plenamente posible y perentoriamente necesaria la unidad contra *Luch*. Pues se trata de la unidad de la “clandestinidad”, de la unidad del partido socialdemócrata ilegal, el POSDR, y de la unidad de su trabajo revolucionario entre las masas.

Escrito el 22 de enero (4 de febrero) de 1913.

Publicado a finales de enero de 1913 en Cracovia como hoja volante independiente, en hectógrafo.

Se imprime según el texto de la hoja volante.