El Sr. A. V. P., en el número 12 de *Rússkoe Bogatstvo*, ha escrito un artículo «rector» sobre un tema «candente» bajo el título: «¿Socialismo popular o proletario?».

Este artículo es, de por sí, extremadamente superficial y vacío. Hacía tiempo que no encontrábamos en los artículos «rectores» de una revista populista considerada seria semejante cúmulo de palabras huecas, tal desenfreno de frases evasivas y vacías, tal mezcolanza de opiniones (eclecticismo).

Pero el artículo es significativo porque aborda una cuestión sumamente seria y candente: la descomposición del populismo. El populismo es la ideología (el sistema de concepciones) de la democracia campesina en Rusia. Por eso, todo obrero consciente debe seguir atentamente cómo cambia esta ideología.

I

El populismo es muy antiguo. Se considera a Herzen y a Chernishevski como sus fundadores. El apogeo del populismo activo fue la «ida al pueblo» (al campesinado) de los revolucionarios de los años 70. La teoría económica de los populistas fue desarrollada de manera más completa por V. V. (Vorontsov) y Nikolái –on en los años 80 del siglo pasado. A principios del siglo XX, los socialistas revolucionarios expresaban de la forma más acabada las concepciones de los populistas de izquierda.

La revolución de 1905, al mostrar a todas las fuerzas sociales de Rusia en la acción abierta y masiva de las clases, sometió al populismo a una verificación general y determinó su lugar. La democracia campesina: he ahí el único contenido real y la única significación social del populismo.

La burguesía liberal rusa, por su posición económica, se ve obligada a aspirar no a la abolición de los privilegios de Purishkévich y Cía., sino a su reparto entre los terratenientes feudales y los capitalistas. Por el contrario, la democracia burguesa en Rusia –el campesinado– se ve obligada a aspirar a la supresión de todos esos privilegios.

Las frases sobre el «socialismo» de los populistas, sobre la «socialización de la tierra», la igualación, etc., no son más que mera fraseología que envuelve el hecho real de la aspiración de los campesinos a la plena igualdad política y a la completa abolición de la propiedad feudal de la tierra.

La revolución de 1905 puso definitivamente al descubierto esta esencia social del populismo, esta naturaleza clasista suya. El movimiento de las masas –bajo la forma de uniones campesinas de 1905, bajo la forma de la lucha campesina local en 1905 y 1906, y bajo la forma de las elecciones a las dos primeras Dumas (creación de los grupos «trudovikí»)–, todos estos grandes hechos sociales, que nos mostraron en acción a millones de campesinos, barrieron como polvo la frase populista, pretendidamente socialista, y pusieron al descubierto su núcleo: la democracia campesina (burguesa), con una enorme reserva de fuerzas aún no agotada.

Quien no haya aprendido de la experiencia de la más grandiosa época de la nueva Rusia contemporánea a distinguir el contenido real del populismo de su envoltura verbal, es un caso perdido, no puede ser tomado en serio, puede ser un escritor que juega con las palabras (como A. V. P. de *Rússkoe Bogatstvo*), pero no un militante político.

En el próximo artículo examinaremos más de cerca la descomposición del populismo y a este escritor.

II

La experiencia de 1905 tiene una importancia enorme precisamente porque obligó a verificar las teorías de los populistas mediante el movimiento de las masas. Y esta verificación provocó inmediatamente la disgregación del populismo, el hundimiento de sus teorías.

Ya en el primer congreso de los socialistas revolucionarios (SR), en diciembre de 1905, comenzaron a desgajarse de ellos los «socialistas populares», que se separaron definitivamente hacia el otoño de 1906.

Estos «socialistas populares» anticiparon a nuestros liquidacionistas. Cantaron exactamente lo mismo sobre el «partido abierto», liquidaron exactamente las consignas de la democracia consecuente y pronunciaron discursos renegados (véanse, por ejemplo, los artículos del Sr. Peshejónov en el número 8 de *Rússkoe Bogatstvo* de 1906). Eran kadetes campesinos, y la segunda Duma (que los populistas, incluso los SR, no boicotearon) demostró que la mayor parte de los diputados campesinos seguía a los oportunistas de *Rússkoe Bogatstvo*, y la menor, a los SR. La segunda Duma confirmó definitivamente lo que ya se podía ver en los periódicos populistas de los «días de libertad» (otoño de 1905 y primavera de 1906), a saber: los SR no pueden ser otra cosa que el ala izquierda de la democracia campesina en Rusia; fuera de esto, no son nada.

La descomposición del populismo lo confirma cada vez con mayor claridad. Durante el desenfreno de la contrarrevolución, esta descomposición avanzó rápidamente: los populistas de izquierda «se retiraron» ellos mismos de los trudovikí de la Duma. Liquidaron de hecho el viejo partido, sin crear uno nuevo. El renegadismo (hasta las vergonzosas obras de Ropshin *El caballo pálido*, *Lo que no fue*) encontró un amplio camino incluso entre los populistas de «izquierda». Una parte de ellos (los «pochinovtsi») abandona el boicot. Otra parte gravita hacia el marxismo (N. Sujánov, aunque en él hay todavía un montón de confusiones). Otra, hacia el anarquismo. La descomposición, en general, es incomparablemente mayor que entre los socialdemócratas, pues existen centros oficiales, pero no hay una línea clara, firme, de principios, capaz de luchar contra el espíritu decadente.

Y he aquí que el Sr. A. V. P. nos ofrece un ejemplo de esta decadencia ideológica. Hubo un tiempo en que los populistas tenían su propia teoría. Ahora no quedan más que «salvedades» cogidas al vuelo de aquí y de allá, respecto al marxismo. Cualquier folletinista sin principios de un periódico burgués vivaracho suscribiría, sin arriesgar nada, sin comprometerse a nada, sin profesar nada, el artículo del Sr. A. V. P. en defensa del socialismo «popular». Porque el socialismo «popular» es una frase vacía que sirve para eludir la cuestión de qué clase o estrato social lucha por el socialismo en todo el mundo.

Basta con citar dos muestras de la palabrería del Sr. A. V. P.

«…Resulta –escribe– que el partido que ha asimilado la doctrina del socialismo proletario, en realidad está dispuesto a desarrollar sus fuerzas a costa de otras capas, “semiproletarias” e incluso “burguesas”».

¿No es cierto que es una objeción digna de un alumno de cuarto grado de secundaria? En los partidos socialistas de todo el mundo hay semiproletarios y burgueses…, ¿y qué? De ahí –concluye el Sr. A. V. P.– se puede eludir el hecho de que sólo el proletariado en todo el mundo: 1) sostiene una lucha sistemática contra la clase de los capitalistas y 2) es el apoyo masivo de los partidos socialdemócratas.

Segundo ejemplo:
«Tomemos, si no, a los estudiantes –escribe el vivaracho Sr. A. V. P.–, son la burguesía más auténtica, y los socialistas entre ellos, no sé cómo ahora, pero hasta hace poco constituían casi la mayoría».

Vamos, ¿no es esto inigualable? ¿Acaso no es este argumento digno de una ingenua colegiala SR? No darse cuenta, después de 1905-1907, de cómo se deslindaron, en la arena de todas las actuaciones políticas, decenas de millones de campesinos y millones de obreros, ¡y conceder importancia (¡como argumento contra el «socialismo proletario»!) al hecho de que la juventud estudiantil liberal y democrática en Rusia simpatice con los SR y los socialdemócratas! Mire, Sr. A. V. P., tenga al menos un poco de medida…

Los obreros conscientes deben mantener una política directa y clara respecto a los populistas. Ridiculizar sin piedad las frases pretendidamente socialistas y no permitir que oculten tras ellas el único problema serio: el de la democracia consecuente.

«Socialismo popular», igualación, socialización de la tierra, cooperativas, principio del trabajo… No vale la pena siquiera refutarlo. La vida y la revolución lo han barrido ya hace tiempo, por completo, del ámbito de las cuestiones políticas serias. Con esta palabrería lo único que hacen ustedes es ocultar un problema serio: el del democratismo. Deben decir clara y directamente si son fieles a las consignas de la democracia consecuente. ¿Quieren y saben ustedes plasmar esas consignas en un trabajo sistemático entre las masas de un estrato social exactamente definido? Si es así, el obrero demócrata es su aliado y amigo contra todos los enemigos de la democracia. Si no, váyanse de aquí; no son más que unos charlatanes.

*Pravda*, núms. 16 y 17, 20 y 22 de enero de 1913. Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico *Pravda*.