El acontecimiento más destacado del año pasado fue la huelga de los mineros del carbón. Si la huelga de los trabajadores ferroviarios en 1911{136} mostró ya un «nuevo espíritu» de los trabajadores británicos, la huelga de los mineros del carbón supuso positivamente una época.

Por mucho que las clases gobernantes se prepararan para la «guerra», por mucho que la burguesía se esforzara en aplastar la resistencia de los indisciplinados esclavos del capital, la huelga resultó un éxito. La organización de los mineros fue ejemplar. No había ni rastro de esquiroles. No se podía ni hablar de extraer carbón con ayuda de soldados o de peones inexpertos. Y tras seis semanas de lucha, el gobierno burgués de Inglaterra vio que toda la vida industrial del país se detenía, que se hacían realidad las palabras de la canción obrera: «todas las ruedas enmudecen, si tu mano lo desea…»{137}.

El gobierno hizo concesiones.

«El primer ministro del imperio mundial más poderoso que jamás haya existido compareció ante una reunión de delegados de los esclavos en huelga de los industriales del carbón y les imploró que aceptaran un compromiso». Así describe el resultado de la lucha un marxista bien informado.

El gobierno inglés, que habitualmente entretiene a los trabajadores con «desayunos» de promesas de reformas durante años, ahora se apresuró de verdad. ¡En cinco días se hizo pasar un nuevo proyecto de ley por el parlamento! Dicha ley introducía un salario mínimo, es decir, normas que fijaban un nivel salarial por debajo del cual no podría estipularse.

Es cierto que esta ley, como todas las reformas burguesas, es un paliativo miserable y, en parte, un simple engaño a los trabajadores, pues al fijarse el nivel salarial mínimo los patronos siguen oprimiendo a sus esclavos asalariados. Pero aun así, todos los que conocen el movimiento obrero inglés afirman que después de la huelga de los mineros del carbón el proletariado inglés ya no es el mismo. Los trabajadores han aprendido a luchar. Han visto el camino que les conducirá a la victoria. Han sentido su fuerza. Han dejado de ser aquellas mansas ovejas que durante tanto tiempo habían parecido, para satisfacción de todos los defensores y panegiristas de la esclavitud asalariada.

En la correlación de fuerzas sociales en Inglaterra se ha producido un desplazamiento que no puede expresarse con cifras, pero que todos perciben.

Por desgracia, en los asuntos partidistas el progreso en Inglaterra no es grande. Continúa la escisión entre el «Partido Socialista Británico» (antigua Federación Socialdemócrata) y el «Partido Laborista Independiente» (del socialismo). El comportamiento oportunista de los diputados de este segundo partido suscita entre los trabajadores, como siempre, tendencias sindicalistas. Por fortuna, no son fuertes.

Los sindicatos de Inglaterra, lenta pero firmemente, se orientan hacia el socialismo — a pesar de muchos diputados obreros que defienden tenazmente las viejas tradiciones de la política obrera liberal. ¡Pero estos últimos mohicanos no podrán mantener las viejas tradiciones!

«Pravda» n.º 1, 1 de enero de 1913. Firmado: W.  
Se publica según el texto del periódico «Pravda».