## Contenido

1) Correspondencia de Marx con Engels
2) Cuadernos sobre el marxismo y el imperialismo 97
1) «Nuevos materiales para la biografía de K. Marx y Fr. Engels». Fr. Mehring 1-11
2) «La expansión de Inglaterra» J. R. Seeley 15-26
3) «Sobre la política colonial y mundial alemana»
Paul Dehn 27-46

## MEHRING. «NUEVOS MATERIALES PARA LA BIOGRAFÍA DE MARX Y ENGELS»

F. Mehring. «Nuevos materiales para la biografía de K. Marx y Fr. Engels». «Die Neue Zeit», 25º año de edición (1907). «Considero que la política de Mazzini es radicalmente falsa. Al incitar a Italia a romper inmediatamente con Austria, actúa exclusivamente en interés de Austria. Por otro lado, olvida que debería dirigirse a los campesinos, a esa parte de Italia secularmente oprimida, y al olvidarlo, prepara un nuevo apoyo para la contrarrevolución. El señor Mazzini sólo conoce las ciudades con su nobleza liberal y sus "ciudadanos ilustrados". Las necesidades materiales de la población rural italiana, a la que se ha exprimido todo el jugo y que, al igual que el campesinado irlandés, ha sido llevada sistemáticamente al agotamiento y al embrutecimiento totales, son, por supuesto, demasiado bajas para la altisonante fraseología de sus manifiestos cosmopolita-neocatólico-ideológicos. Pero, sin duda, se necesita mucho valor para declarar a la burguesía y a

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

la nobleza que el primer paso hacia la independencia de Italia consiste en la completa emancipación de los campesinos y en la transformación del sistema de aparcería en libre propiedad burguesa. Mazzini, al parecer, considera que un empréstito de diez millones de francos tiene un significado más revolucionario que atraerse a una decena de millones de hombres. Temo mucho que, en el momento crítico, el gobierno austríaco mismo cambie la forma de propiedad de la tierra en Italia y lleve a cabo una reforma "a la gallega"» (pp. 58-59) 98.

«En lo que a mí respecta, no me pertenece el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni el de haber descubierto la lucha entre ellas. Historiadores burgueses, mucho antes que yo, expusieron el desarrollo histórico de esta lucha de clases, y economistas burgueses, la anatomía económica de las clases. Lo nuevo que hice consistió en demostrar: 1) que la existencia de las clases está vinculada sólo a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta dictadura misma no constituye más que la TRANSICIÓN A LA ABOLICIÓN de toda CLASE y a una sociedad sin clases *. Los ignorantes mentecatos, como Heinzen, que niegan no sólo la lucha, sino también la existencia misma de las clases, demuestran con ello únicamente que, a pesar de todo su aullido sanguinario y presuntamente filantrópico, consideran las condiciones sociales sobre las que descansa la dominación de la burguesía como el último producto, el límite extremo de la historia, demuestran que son únicamente servidores de la burguesía. Y este servilismo es tanto más repugnante cuanto menos comprenden esos imbéciles también la grandeza y la necesidad transitoria del propio régimen burgués» (pp. 164-165) 99.

«El 2 de enero de 1870, el Consejo General emitió una circular confidencial, redactada por mí en francés (para influir sobre Inglaterra sirven sólo los periódicos franceses, no los alemanes) sobre la conexión de la lucha nacional irlandesa con la emancipación de la clase obrera y,

\* Véase V. I. Lenin. Obras, 4ª ed., tomo 25, pág. 383. Red.

por consiguiente, sobre la posición que debe adoptar la Asociación Internacional respecto a la cuestión irlandesa. Os comunicaré aquí brevemente los puntos principales.

Irlanda es la ciudadela de la aristocracia terrateniente inglesa. La explotación de este país no sólo constituye la fuente principal de sus riquezas materiales. Constituye su mayor fuerza moral. La aristocracia inglesa encarna de hecho la dominación de Inglaterra sobre Irlanda. Irlanda es, por tanto, el medio más importante mediante el cual la aristocracia inglesa conserva su dominación en la propia Inglaterra.

Por otro lado, si el ejército y la policía ingleses abandonaran mañana Irlanda, en Irlanda comenzaría inmediatamente una revolución agraria. Pero la caída de la aristocracia inglesa en Irlanda condiciona y tiene como consecuencia necesaria su caída en Inglaterra. Con ello se crearían las condiciones previas para la revolución proletaria en Inglaterra. Dado que en Irlanda la cuestión de la tierra es hasta ahora la forma exclusiva de la cuestión social, dado que representa una cuestión de existencia, una cuestión de vida o muerte para la inmensa mayoría del pueblo irlandés y, al mismo tiempo, es inseparable de la cuestión nacional, la destrucción de la aristocracia terrateniente inglesa en Irlanda es una operación infinitamente más fácil que en la propia Inglaterra, sin hablar ya del carácter más apasionado y más revolucionario de los irlandeses en comparación con los ingleses. En cuanto a la burguesía inglesa, ante todo está interesada, junto con la aristocracia inglesa, en convertir toda Irlanda en un único pastizal que suministre al mercado inglés carne y lana a los precios más baratos posibles. También le interesa reducir la población irlandesa, mediante la expulsión de arrendatarios de las fincas y la emigración forzosa, a un número tan insignificante que permita al capital inglés (capital arrendatario) funcionar "de forma segura" en este país. Está tan interesada en la "limpieza" de las fincas irlandesas como lo estuvo en la limpieza de las comarcas rurales de Inglaterra

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

y Escocia. Hay que tener en cuenta, además, las 6.000-10.000 libras esterlinas de rentas de los terratenientes absentistas, y otras rentas irlandesas, que ahora fluyen anualmente a Londres.

Pero la burguesía inglesa tiene intereses aún mucho más esenciales en la economía irlandesa actual.

Irlanda, gracias a la concentración cada vez mayor de las parcelas arrendadas, suministra constantemente su excedente [de brazos] al mercado de trabajo inglés y presiona de este modo sobre los salarios

Y SOBRE LA SITUACIÓN MATERIAL Y MORAL
DE LA CLASE OBRERA INGLESA. Y, por último, ¡lo más importante! Todos los centros industriales y comerciales de Inglaterra poseen en la actualidad una clase obrera que está dividida en dos campos hostiles: el proletariado inglés y el proletariado irlandés. El obrero inglés corriente odia al obrero irlandés como a un competidor que reduce su nivel medio de vida. Se siente, con respecto a él, miembro de la nación dominante y precisamente por eso se convierte en instrumento en manos de sus aristócratas y capitalistas contra Irlanda, y con ello consolida su dominación SOBRE SÍ MISMO. Alimenta prejuicios religiosos, sociales y nacionales respecto al obrero irlandés. Se comporta con él aproximadamente como los blancos pobres (poor whites) se comportan con los negros en los antiguos estados esclavistas de la Unión Americana. El irlandés le paga con la misma moneda y con intereses. Ve en el obrero inglés, al mismo tiempo, al cómplice y al instrumento ciego de la dominación inglesa en Irlanda.

Este antagonismo es mantenido y reforzado artificialmente por la prensa, los sermones eclesiásticos, las revistas humorísticas, en pocas palabras, por todos los medios de que disponen las clases dominantes. En este antagonismo reside el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar

de su organización. En él reside también el secreto del poder que conserva la clase capitalista. Esta última es plenamente consciente de ello.

Pero el mal no se limita a esto. Salta a través del océano. El antagonismo entre ingleses e irlandeses es la base oculta del conflicto entre los Estados Unidos e Inglaterra. Hace imposible toda cooperación seria y sincera entre las clases obreras de ambos países. Permite a los gobiernos de ambos países, siempre que les plazca, despojar al conflicto social de su agudeza azuzando a ambos países el uno contra el otro y, en caso necesario, mediante la guerra entre ellos.

Inglaterra, como metrópoli del capital, como potencia que hasta ahora domina en el mercado mundial, es por el momento el país más importante para la revolución obrera, y además el único país en el que las condiciones materiales de esta revolución han alcanzado cierto grado de madurez. Por eso, el objetivo más importante de la Asociación Internacional de los Trabajadores es acelerar la revolución social en Inglaterra. Y el único medio para ello es hacer a Irlanda independiente. Por tanto, la Internacional debe plantearse como tarea poner en primer plano en todas partes el conflicto entre Inglaterra e Irlanda, y en todas partes tomar abiertamente partido por Irlanda. La tarea especial del Consejo Central en Londres es despertar en la clase obrera inglesa la conciencia de que la liberación nacional de Irlanda no es para ella una cuestión abstracta de justicia y filantropía, sino la primera condición de su propia emancipación social» (pp. 226-228) 100.

«SOBRE LOS TRABAJADORES EXTRANJEROS QUE REDUCEN LOS SALARIOS Y LA ACTITUD DE LA INTERNACIONAL HACIA ELLOS»

«Sobre los trabajadores extranjeros que reducen los salarios y la actitud de la Internacional hacia ellos». «Die Neue Zeit», 25º año de edición (1907).

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

«Al invitar a los sindicatos ingleses a participar en el Congreso de Bruselas de 1868, el Consejo General declara:
"El principio fundamental de la Asociación proclama que el producto del trabajo debe pertenecer al obrero, que la base de la sociedad debe ser la fraternidad del trabajo y que los obreros de todos los países deben desechar la mezquina rivalidad y las antipatías nacionales para librar una lucha unida contra el capital. El trabajo no tiene patria. Al obrero le toca luchar en todas partes contra el mismo mal. El capital representa sólo el trabajo acumulado. ¿Por qué debe ser el obrero esclavo de su propio producto? Durante demasiado tiempo los capitalistas han sacado provecho de la desunión nacional de los hijos del trabajo. La competencia extranjera sirve siempre de pretexto cómodo para la reducción de los salarios"» (pp. 511-512).

«A los constantes clamores de los capitalistas ingleses de que la jornada laboral más larga y los salarios más bajos de los obreros continentales hacen inevitable la disminución de los salarios, sólo se puede contraponer con éxito la aspiración de llevar al mismo nivel la jornada laboral y los salarios en toda Europa *. Ésta es una de las tareas de la Asociación Internacional de los Trabajadores» (p. 512).

«De hecho, éste es el único medio de asegurar las conquistas de aquella parte del proletariado internacional que se encuentra en una situación más favorable. Estas conquistas estarán siempre amenazadas mientras las disfrute sólo una minoría, y el peligro será tanto mayor cuanto más bajo sea el nivel de la mayoría de la masa proletaria en comparación con esta minoría. Esto se aplica a las masas tanto dentro de un mismo país como en los límites de todo

\* Cursiva de «Die Neue Zeit». Red.

el mercado mundial. El proletariado de vanguardia puede defenderse solidarizándose, apoyando a los que se han quedado atrás, y no aislándose de ellos, no deslindándose, no oprimiéndolos. Allí donde, bajo la influencia de un gremialismo miope, el proletariado se atiene al último método, éste, tarde o temprano, sufre un fracaso y se convierte en uno de los medios más peligrosos para debilitar la lucha de liberación proletaria» (p. 512).

## SEELEY. «LA EXPANSIÓN DE INGLATERRA»

«La expansión de Inglaterra» J. R. Seeley, máster en ciencias. «El rasgo fundamental característico de los estados europeos del siglo dieciocho y del diecisiete, que a menudo se olvida, es el hecho de que cada una de las cinco potencias occidentales de Europa tenía su imperio en el Nuevo Mundo. Hasta el siglo diecisiete esta situación apenas comenzaba a configurarse, y después del dieciocho ya había dejado de existir. Los inmensos, inconmensurables resultados del descubrimiento hecho por Colón se desarrollaron con extrema lentitud; transcurrió todo el siglo dieciséis antes de que la mayoría de estas naciones de Europa se movilizaran y empezaran a reclamar su parte en el Nuevo Mundo. Hasta finales de este siglo no existió una Holanda independiente, por lo tanto, menos aún pudo haber una Gran Holanda. Inglaterra y Francia tampoco se convirtieron en poseedoras de colonias en este siglo. Cierto es que Francia ya planeaba fundar una colonia en América del Norte, de lo cual aún hoy da testimonio el nombre de Carolina, derivado del nombre del rey francés Carlos IX, pero los españoles de la vecina Florida lo impidieron. Algún tiempo después, la colonia fundada cerca de la misma localidad por sir Walter Raleigh desapareció por completo, sin dejar rastros. Así, durante casi todo este siglo, el Nuevo Mundo permaneció bajo el dominio de dos potencias, las que más hicieron por su descubrimiento, a saber, España y Portugal, estando las miras de España orientadas preferentemente hacia América, y las de Portugal hacia Asia, hasta que en 1580 estos dos estados se

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

unieron en una unión que existió sesenta años. En el septenio de 1595 a 1602, los holandeses inician una amplia lucha por la creación de su imperio, y les siguen Francia e Inglaterra en los primeros años del siglo diecisiete, es decir, durante el reinado de nuestro rey Jacobo I.

En el siglo diecinueve, la rivalidad de estas cinco potencias en el Nuevo Mundo cesó. Cesó por dos razones: a consecuencia de una serie de guerras de independencia, gracias a las cuales las colonias transatlánticas se separaron de las metrópolis, y a consecuencia de las conquistas coloniales de Inglaterra. Ya he descrito la Guerra de los Cien Años, durante la cual las posesiones de la Gran Francia fueron absorbidas por la Gran Bretaña. La Gran Holanda también sufrió pérdidas considerables, perdiendo el cabo de Buena Esperanza y Demerara, arrebatados por los ingleses. No obstante, aún ahora se puede hablar de la existencia de la Gran Holanda, teniendo en cuenta la magnífica colonia de Java con una población de no menos de diecinueve millones. La caída de la Gran España y del Gran Portugal se produjo en nuestro siglo ante los ojos de personas que aún viven entre nosotros. Si evaluamos los acontecimientos no tanto por la excitación que provocan en el momento dado, sino por sus consecuencias indudables, debemos calificar este suceso como uno de los más importantes de la historia del globo terráqueo, ya que sirvió de inicio a la vida independiente de casi toda América del Sur y Central. Esto se realizó principalmente en los años veinte de este siglo y fue el resultado de una serie de insurrecciones; al indagar en su origen, encontramos que fueron consecuencia del golpe asestado a España y Portugal por la invasión de Napoleón, de modo que, de hecho, uno de los resultados principales, si no el más importante, de los actos de Napoleón fue la caída de la Gran España y el Gran Portugal y el establecimiento de la independencia de América del Sur.

La consecuencia de todas estas grandes conmociones, de las cuales, supongo, sólo unos pocos de ustedes saben algo, es que las potencias europeas occidentales, con excepción de Inglaterra, quedaron básicamente aisladas del Nuevo Mundo. Por supuesto, esto es cierto sólo de manera aproximada. España todavía posee Cuba y Puerto Rico, Portugal tiene vastas posesiones africanas, Francia comenzó a crear un nuevo imperio en el Norte de África. No

obstante, la posición internacional de estas cuatro potencias sufrió un cambio sustancial. Volvieron a ser predominantemente estados puramente europeos, como lo eran antes de que Colón cruzara el océano Atlántico» (pp. 62-64).

«Así pues, vemos que el siglo diecisiete, y aún más el dieciocho, representan un período en que el Nuevo Mundo estuvo vinculado de manera singular a los cinco estados occidentales del sistema europeo. Esta vinculación condiciona y determina todas las guerras y tratados habidos en este período, todas las relaciones internacionales de Europa. En la lección anterior señalé que la lucha que tuvo lugar en estos siglos entre Inglaterra y Francia no puede comprenderse si se tiene en cuenta sólo Europa, pues las partes beligerantes eran propiamente dos potencias mundiales: la Gran Bretaña y la Gran Francia. Ahora señalaré que, por tanto, en la historia de este período debemos leer siempre en lugar de Holanda, Portugal, España: Gran Holanda, Gran Portugal y Gran España. Señalo también que este orden de cosas hoy ha desaparecido: el Imperio español, y en lo fundamental también el portugués y el holandés, corrieron la misma suerte que el francés. Pero la Gran Bretaña aún permanece. Así, comenzamos a comprender el origen histórico y el carácter de este imperio» (pp. 64-65).

«Nos vimos envueltos en dos grandes guerras principalmente a causa de nuestras colonias, y la ruptura definitiva fue provocada no tanto por la presión de Inglaterra sobre las colonias, sino por la presión de las colonias sobre Inglaterra. Si les impusimos impuestos, esto se hizo sólo para pagar las deudas contraídas por nosotros para esas mismas colonias, y sentíamos natural amargura por el hecho de haber ayudado nosotros mismos a nuestras colonias a prescindir de nosotros, al destruir, en interés de ellas, la dominación francesa en América del Norte» (p. 75).

«En la Edad Media, Inglaterra, desde el punto de vista económico, no era un país avanzado, sino más bien atrasado. Los principales países comerciales probablemente la miraban con desdén. Como Inglaterra mira ahora los sistemas comerciales y bancarios anticuados, en comparación con los ingleses, de estados como Alemania e incluso Francia, así debieron mirar a Inglaterra los italianos de la Edad Media. En las condiciones de la vida urbana, las amplias relaciones comerciales y la destreza

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

en las operaciones comerciales, debían considerar a Inglaterra, al igual que a Francia, entre los países anticuados, agrícolas y feudales, que quedaban fuera de la corriente principal de las ideas de aquel tiempo» (pp. 96-97).

«La rivalidad entre las cinco potencias marítimas de Europa Occidental por el Nuevo Mundo: he ahí la fórmula que resume la mayor parte de los acontecimientos históricos de los siglos diecisiete y dieciocho. Es una de esas generalizaciones que escapan a nuestra atención mientras estudiamos la historia sólo de estados aislados» (p. 108).

«¿De qué manera conquistamos la India? ¿Acaso esta conquista no fue un resultado directo de nuestro comercio con la India? Pero éste es sólo uno de una serie de ejemplos evidentes que ilustran la ley que impera en la historia inglesa de los siglos diecisiete y dieciocho, la ley de la estrecha interdependencia entre la guerra y el comercio, en virtud de la cual, a lo largo de todo este período, el comercio conduce naturalmente a la guerra, y la guerra alimenta el comercio. Ya señalé que las guerras del siglo dieciocho fueron incomparablemente más grandes y gravosas que las guerras de la Edad Media. Grandes fueron también las guerras del siglo diecisiete, aunque no en tal grado. Justamente en esta época, Inglaterra se transformaba cada vez más en un país comercial. Y en este período, a medida que se desarrollaba su comercio, Inglaterra se volvía cada vez más belicosa» (p. 120).

«Y, en realidad, no es fácil justificar la conducta de quienes crearon la Gran Bretaña» (p. 145).

«Tal vez preguntéis si podemos esperar o desear que prospere, si surgió sobre la base del crimen. Pero dios, que se ha manifestado en la historia, generalmente no juzga así. No vemos en la historia que las conquistas ilegítimas de una generación se pierdan forzosa o siquiera aproximadamente en la siguiente» (p. 146).

«En el siglo diecisiete creció gradualmente tanto nuestro propio imperio colonial como nuestra participación en el comercio de esclavos. El Tratado de Utrecht como que consolidó esta participación y ésta se convirtió en "el principal objeto de la política inglesa" (esta frase está tomada del Sr. Lecky. Véase "Historia de Inglaterra en el siglo dieciocho", II, p. 13). Temo que desde ese momento ocupamos el lugar principal en el comercio de esclavos y nos manchamos más que otros pueblos con sus monstruosas e infames atrocidades» (p. 148).

«Ya he señalado que en el mundo moderno la distancia ha perdido en gran medida su significado y que ciertas señales indican el advenimiento de una época en que los estados serán mucho más vastos de lo que han sido hasta ahora» (p. 308).

## P. DEHN. «SOBRE LA POLÍTICA COLONIAL Y MUNDIAL ALEMANA»

«Sobre la política colonial y mundial alemana» de Paul Dehn. (Segunda edición, Berlín, 1907.)

«En la actualidad navegan por los mares, sin contar los buques de guerra, aproximadamente 40.000 grandes buques mercantes, vapores y veleros con un tonelaje neto de 25 millones de toneladas de registro y una capacidad de carga de 61 millones de toneladas de 1.000 kilogramos» (p. 37).

«Anualmente \* proporciona a los ingleses más de 180 millones de marcos, a los alemanes (con 220 vapores pesqueros), unos 25, y a los franceses 10 millones de marcos» (p. 39).

«La costa marítima de Alemania tiene sólo 1.270 kilómetros de longitud y constituye sólo una cuarta parte de sus fronteras terrestres, mientras que Francia está limitada por el mar por tres lados y dispone de una franja costera de una extensión total de 3.175 kilómetros» (p. 41).

«Según los cálculos del profesor Eckert en su libro "Los intereses marítimos de Renania y Westfalia" (1906), un tercio de toda la importación marítima alemana y considerablemente más de una quinta parte de su exportación marítima total pasa por los puertos holandeses y belgas» (p. 42).

\* pesca en alta mar. Red.

«A principios de 1907, la agencia "Veritas" contaba 14.656 vapores con 18.9 millones de toneladas de registro. De ellos, correspondían a Inglaterra 6.249 vapores con 9.8 millones de toneladas, a Alemania 1.351 con 2.1, a los Estados Unidos de América del Norte 885 con 1.2 y a Francia 586 con 0.7 millones de toneladas. Del número total de 26.579 buques de vela con 7.5 millones de toneladas de registro, a Inglaterra le correspondía la mayor parte, a saber, 6.338 buques con 1.8 millones de toneladas. Seguían los Estados Unidos de América del Norte con 3.695 buques con 1.5 millones de toneladas, Francia con 1.356 y Alemania con 991 con 0.5 millones de toneladas cada una. ¡En el período de 1882 a 1905, el tonelaje de la navegación inglesa por el canal

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

de Suez creció un 103%, mientras que el alemán lo hizo en un 1.561%!» (p. 43).

«Según datos de la estadística americana, la superficie total de los yacimientos de carbón en el globo terráqueo es de aproximadamente 1.500.000 kilómetros cuadrados. De ellos, 520.000 corresponden a China, 500.000 a los Estados Unidos de América del Norte, 169.000 a Canadá, 91.000 a la India Británica, 62.000 a Nueva Gales del Sur, 52.000 a Rusia, 31.000 a Inglaterra, 14.000 a España, 13.000 a Japón, 5.400 a Francia, 4.600 a cada uno de Austria, Hungría y Alemania, y 1.300 a Bélgica. Su explotación depende de la profundidad, calidad y ubicación de los yacimientos de carbón.

\*

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«Según informes ingleses, en 1905 se extrajeron en total unos 840 millones de toneladas de hulla por un valor aproximado de 6 mil millones de marcos.

Extracción mundial de hulla en 1905

|                              | En mill. de toneladas | % del total | Por habitante |
| :--------------------------- | :-------------------- | :---------- | :------------ |
| Estados Unidos de América    | 350.8                 | 41%         | 4 1/4 toneladas |
| Gran Bretaña                 | 236.1                 | 28%         | 5 1/2         |
| Alemania                     | 119.3                 | 14%         | 2             |
| Francia                      | 34.8                  | 4%          | 1             |
| Bélgica                      | 21.5                  | 2.7%        | 3             |
| Rusia                        | 19                    | 2.3%        |               |
| Japón                        | 10                    | 1.2%        |               |
| India Británica              | 8.4                   |             |               |
| Canadá                       | 7.8                   | 3.5%        |               |
| Australia                    | 9.8                   |             |               |
| Sudáfrica Británica          | 3.6                   |             |               |
| Otros países                 | 19.1                  |             |               |
| **Total**                    | **840**               |             |               |

El 83% de la extracción total correspondía a los tres países con mayor extracción de carbón» (pp. 46-47).

«En el período de 1883 a 1903, el consumo de carbón aumentó en Inglaterra un 24%, en Alemania un 102%, en los Estados Unidos de América del Norte un 129%» (p. 47).

«Casi tres cuartas partes del carbón de exportación inglés van a la Europa continental y a la zona del mar Mediterráneo» (p. 55).

«En sus bases navales militares, cuyo número asciende a unas 40, y que se encuentran en todas las partes del mundo, los ingleses han instalado grandes depósitos de carbón» (pp. 56-57).

«Las reservas allí creadas se calculan en millones de toneladas. Päz calificó en cierta ocasión estos depósitos de carbón como hitos del dominio inglés en el mar» (p. 57).

«Si se calcula el costo del flete del carbón inglés de exportación a los diversos países en un promedio de sólo 5 marcos por tonelada, con una exportación total en 1906 de 58 millones de toneladas, esto constituye para la navegación inglesa un ingreso anual por fletes de aproximadamente 300 millones de marcos» (pp. 57-58).

«Desgraciadamente, hasta ahora no se ha logrado aún desplazar el carbón inglés de las zonas de los mares del Norte y Báltico. Incluso Berlín sigue recibiendo una sexta parte del carbón que necesita (en su mayor parte coque) de Inglaterra» (p. 62).

«La difícil situación de la industria alemana en lo que respecta al suministro de algodón fue ilustrada con cifras por el secretario de Estado Dernburg. El aumento del precio en 4 pfennigs por libra encarece el consumo mundial de algodón en 320 millones de marcos. ¡Y la subida de precios desde 1899 ha costado miles de millones! Alemania consumió en 1905 1.6 millones de balas y pagaba últimamente, en función de las fluctuaciones de los precios de los especuladores neoyorquinos que juegan al alza, anualmente 150-200 millones de marcos más \* que antes, es decir, de 5 a 7 veces más que sus asignaciones anuales a las colonias. De este impuesto, de este tributo pagado al extranjero, debe librarse.

Para evitar la influencia de la especulación bursátil, los comerciantes y fabricantes ingleses recorren cada vez con mayor frecuencia los estados del sur y compran in situ la materia prima que necesitan. Los fabricantes ingleses han comprado grandes extensiones de tierra en Texas para dedicarse ellos mismos al cultivo del algodón o bien para arrendar los campos» (p. 81).

«En los Estados Unidos, la cantidad de husos creció de 14.6 millones en 1890 a 23.2 millones en 1906» (p. 82).

\* Cursiva de Dehn. Red.

«El consumo de los Estados Unidos en 1906 alcanzó 4.8 millones de balas (frente a sólo 3.6 millones de balas en Gran Bretaña y 1.6 en Alemania). A principios de los años 60 del siglo XIX, los Estados

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

Unidos consumían el 20% de su cosecha, en los años 80 el 32%, en los 90 el 35%, y desde 1900 hasta el 40%» (p. 82).

«Si los Estados Unidos no se ven ya obligados a buscar en el extranjero la salida para la mayor parte de su algodón, entonces el suministro de algodón al mercado mundial se convertirá en una cuestión de fuerza» (p. 83).

«Siendo el amo del mercado algodonero, los Estados Unidos disponen en su sistema de derechos de exportación de un arma extraordinariamente afilada contra Europa. Los estados europeos deben liberarse a toda costa de esta espada de Damocles. Aquí no se puede reparar en sacrificios. En último término, se plantea aquí una cuestión de fuerza que, sin embargo, puede resolverse mediante el trabajo pacífico» (pp. 87-88).

«Por iniciativa del comité de economía colonial, los representantes de la industria algodonera europea, tras los excesos de la especulación algodonera neoyorquina de 1903, se reunieron en congresos internacionales a mediados de 1904 en Zúrich, en abril de 1905 en Bruselas, en junio de 1906 en Manchester y en mayo de 1907 en Viena, para elaborar contramedidas» (p. 88).

«El fomento del cultivo del algodón bajo bandera alemana es una de las tareas más importantes de la economía colonial y de la política colonial alemanas. Esto lo comprendía ya Bismarck» (p. 90).

«El fomento del cultivo del algodón en las colonias no sólo crea perspectivas de suministro asegurado de la materia prima más indispensable para Alemania, sino que contribuye también a la prosperidad permanente de las propias colonias, que se desarrollarán como consumidoras de artículos industriales.

De la creación del cultivo del algodón en las colonias alemanas, el socialdemócrata Calwer espera beneficios también para los obreros alemanes»... («Sozialistische Monatshefte». 1907, 3er fascículo) (pp. 96-97).

«Inglaterra dispone en África de 18.369 kilómetros de ferrocarriles, Francia de 5.657, Alemania de 1.398, Portugal de 1.173, Italia de 115 y el estado del Congo de 642 kilómetros» (p. 104).

«Si no se cuenta a los nihilistas socialdemócratas, los adversarios de las colonias, a pesar de todos sus cálculos, rehuían sin embargo las conclusiones definitivas; no

se decidían a declarar que las posesiones, que requieren asignaciones tan considerables, no representan ningún valor; se abstuvieron de exigir la renuncia a estas posesiones, y al actuar así, actuaron inteligentemente, pues esta conclusión definitiva muestra lo incorrecto de toda su posición» (pp. 113-114).

«Una campaña particularmente furiosa contra la política colonial alemana desarrollaron los agitadores y órganos de prensa socialdemócratas en vísperas de las elecciones de 1907; el órgano central hablaba de esta política diciendo que "aspira a fundar un nuevo estado esclavista alemán a costa de la hacienda y la sangre del proletariado alemán". A esta política, en su opinión, había que asestar una "derrota aplastante".

A pesar de todo esto, también en el campo socialdemócrata se alzaron voces a favor de las colonias y se rechazaron las opiniones de aquellos que se limitaban a una actitud sarcástica hacia las colonias alemanas, como desiertos de arena que no representaban ningún valor.

Con una objeción contra la posición claramente negativa de los socialdemócratas respecto a la política colonial alemana, se pronunció a principios de 1907 en "Sozialistische Monatshefte" el ex diputado socialdemócrata Calwer» (p. 121).

«El camarada Calwer demostró que comprende las exigencias de la situación mundial cuando en marzo de 1907 se pronunció en "Sozialistische Monatshefte" contra la actitud hostil de la dirección del partido socialdemócrata hacia la flota alemana» (p. 130).

«Calwer ridiculiza con toda razón a aquellos camaradas que creen que se puede, sin pensarlo mucho, elevar los salarios en Alemania al nivel inglés o norteamericano, sin preocuparse previamente de sus posiciones en las colonias y en el mercado mundial» (p. 132).

«En 1905/6, la importación a Persia ascendió aproximadamente a 140 millones de marcos. De ellos, correspondían a Rusia 70, a Inglaterra 30, a la India Británica 16, a Francia 8, a Austria-Hungría 5, y a Alemania apenas 3 millones de marcos» (pp. 148-149).

«Si el ferrocarril de Bagdad se termina alguna vez realmente bajo la dirección de los alemanes, y los ingleses no renuncian a sus objetivos trazados, entonces el hasta ahora

**CUADERNO «SOBRE EL MARXISMO Y EL IMPERIALISMO»**

aislado Golfo Pérsico puede convertirse en un foco de tormentas políticas mundiales» (p. 158).

«Los estados interesados, sobre todo Inglaterra, pero también Francia, Holanda y Dinamarca, como resultado de la doctrina Monroe, deben contar con la posibilidad de perder en el futuro próximo sus colonias» (p. 196).

«Según datos semioficiales, los capitales alemanes invertidos en propiedad territorial, industria, ferrocarriles y comercio ascendían a fines de 1904 en América a 5-6 mil millones de marcos, y de 2.8 a 3.4 mil millones de marcos sólo en América Central y del Sur» (p. 229).

«Se supone que en tierras y fábricas canadienses hay invertidos más de 2 mil millones de marcos de capital procedente de los Estados Unidos.

Según informes semioficiales de mediados de 1907, el capital de los Estados Unidos alcanzaba en México aproximadamente 3 1/2 - 4 mil millones de marcos» (pp. 232-233).

«Según el acuerdo concluido, las dos mayores compañías eléctricas de Europa y América, la "Allgemeine Elektrizitäts-Gesellschaft" en Berlín y la "General Electric Company" en Nueva York, se repartieron el mercado mundial en dos esferas de intereses. De este modo, la compañía americana logró que se le concediera también América Central y del Sur como esfera exclusiva de su dominio» (p. 249).

«Allí donde se introdujeron aranceles preferenciales, resultaron insuficientes para desplazar al comercio extranjero. Tales aranceles preferenciales se introducirán siempre sólo en una escala muy limitada, ya que los intereses locales, en particular los intereses de las ramas industriales en desarrollo, pero también los intereses de la agricultura en decadencia, exigen no sólo cierta protección, sino también la eliminación de todos los monopolios extranjeros. Esta oposición es tan grande que no permitirá a los partidarios de las pretensiones aduaneras británico-imperiales y panamericanas alcanzar su objetivo final: crear una unión aduanera completamente cerrada.

A ambas formaciones contradecía todo el desarrollo económico mundial de los nuevos tiempos, con su inherente tendencia a la ampliación del intercambio internacional

sobre la base de la superación de las barreras artificiales, con su característica necesidad de los estados fuertes de obtener una arena libre para la actividad económica más allá de las propias fronteras e incluso más allá de su propia parte del mundo. De hecho, las aspiraciones a la formación de grandes uniones aduaneras autosuficientes han pasado a un segundo plano» (pp. 254-255).

«No existe la lucha por la hegemonía en Europa. Si es provocada por Inglaterra, no tiene por qué conducir necesariamente a la guerra. Mientras permanezca en el poder el ministerio liberal, la paz está asegurada, ya que precisamente a sus más fieles partidarios pertenecen aquellos amigos ingleses de la paz universal que en modo alguno albergan hostilidad hacia Alemania» (p. 329).