Contenido Imperialismo 102
Reventlow [1-4]
Kautsky. «Socialismo y política colonial» [21-22]
Engels (carta del 12. IX. 1882) - págs. 23-25 Quadflieg
[27-40 y 17-20]
REVENTLOW. «LA POLÍTICA EXTERIOR DE ALEMANIA 1888-1913»
«La política exterior de Alemania 1888-1913» del conde Ernst
Reventlow. Berlín, 1914. Cuarta sección.
«Desde 1903 se sumó a esto, como un peligroso fantasma, el proyecto alemán del ferrocarril de Bagdad, aceptado por Turquía» (pág. 314).
«Si a esto se añade que la tarea principal del Comité Balcánico era la propaganda política consciente, no hará falta demostrar qué poderoso y, además, irresponsable auxiliar de la política oficial de Inglaterra era este comité, que manejaba enormes recursos monetarios» (pág. 314).
«La conexión de ideas entre el ferrocarril de Sandjak y el futuro ferrocarril de Bagdad era evidente» (pág. 317).
«En 1906, la "Revue Slave", publicada en París, escribía que todos los eslavos de Europa Central y de los Balcanes debían aspirar a la organización de una gran unión aduanera con Rusia, Hungría, Rumanía y Grecia. "Todos estos pueblos ganarían indudablemente con esta unión mucho más que con una unión aduanera con Alemania...

El poder renacido de Rusia se hará inquebrantable tan pronto como todos los elementos eslavos, unidos bajo su égida moral, se presenten como adversarios decididos de toda POLÍTICA de fuerza bruta"» (pág. 318).
«Desde el principio, el movimiento tuvo una fuerte impronta judía, lo que lo vinculó con los centros del capital europeo. El movimiento de los Jóvenes Turcos siempre recibió apoyo de Francia e Inglaterra, especialmente a través del Comité Balcánico» (pág. 319).
«El 19 de julio de 1908, el rey Eduardo VII visitó al zar ruso y se reunió con él en la rada de Reval. Esta entrevista fue la coronación del acercamiento anglo-ruso y causó sensación en el mundo político de Europa» (pág. 319).
«En cualquier caso, es necesario reconstruir en la memoria el cuadro del ambiente de inquietud que reinaba en 1906-1908 en Europa en general, y especialmente en Alemania. Vimos cómo en 1906-1907 se confirmaba cada vez más la importancia política real de la acertada palabra sobre el "cerco" de Alemania, llevado a cabo por la política de acuerdos del rey Eduardo. Los acuerdos mediterráneos y el acuerdo con Rusia parecían cerrar el círculo» (pág. 320).
«Se trataba de un plan de gran alcance para el reparto de Turquía» (pág. 322).
«En Londres, al igual que en París, fueron tomados completamente por sorpresa» (pág. 327).
«No podía haber dudas de que si Alemania apoyaba a la monarquía dual sólo de forma condicional y con reservas, esta última se vería sometida a una fortísima presión por parte de las potencias de la Entente; es decir, a partir de cierto momento, Inglaterra y Rusia intentarían lo contrario, para demostrar mediante esta presión que a Austria-Hungría le convendría más adherirse a la Triple Entente; que para ella misma sería más ventajoso que la alianza con el Imperio Alemán» (pág. 332).
KAUTSKY. «SOCIALISMO Y POLÍTICA COLONIAL»
Karl Kautsky. «Socialismo y política colonial». Berlín, 1907. «Sin embargo, este papel de estímulo más fuerte del desarrollo de las fuerzas productivas, el modo de producción capitalista

CUADERNO «EL IMPERIALISMO»
ya lo ha desempeñado. Ya en los años ochenta del siglo pasado, el modo de producción capitalista alcanzó aquel límite más allá del cual se convierte cada vez más en un obstáculo para el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas. Todavía no en el sentido de que imposibilite todo crecimiento ulterior de las mismas; al contrario, tal crecimiento todavía se produce; pero sí en el sentido de que se ha hecho posible un modo de producción en el que el desarrollo de la productividad se produciría más rápidamente que bajo el modo de producción capitalista, de que el modo de producción capitalista, en interés de su propia conservación, se ve obligado a poner cada vez mayores obstáculos al desarrollo de la productividad» (pág. 35).
«El socialismo en la actualidad ya se ha convertido en una necesidad económica. El plazo de su advenimiento es sólo una cuestión de fuerza. Crear esta fuerza para el proletariado mediante la organización y la labor educativa es ahora, más que nunca, la tarea más importante de la socialdemocracia. No hay nada más extraño que aquellos socialistas que piensan que, junto a esto, deben preocuparse también por el desarrollo ulterior del poder del capitalismo» (pág. 37).
ENGELS. CARTA DEL 12 DE SEPTIEMBRE DE 1882 *
Carta de Friedrich Engels (12. IX. 1882)
[«Hace ya un cuarto de siglo (1907-1882=25) que comenzó en Alemania el movimiento por las colonias. Estando ocupado en su estudio, pregunté una vez a Friedrich Engels cuál era la actitud de los obreros ingleses hacia sus colonias».] **
A esto, Engels me respondió el 12 de septiembre de 1882 lo siguiente:
«Me pregunta usted qué piensan los obreros ingleses sobre la política colonial. Lo mismo que piensan sobre la política en general. Aquí no hay partido obrero, sólo hay conservadores y liberal-radicales, y los obreros disfrutan tranquilamente, junto con ellos, del monopolio colonial

* La carta de Engels (con prefacio y epílogo de Kautsky) se encuentra al final del folleto de Kautsky (ver arriba) en forma de apéndice. Nota del editor.
** Este párrafo, que constituye el prefacio de Kautsky a la carta de Engels, fue tachado por V. I. Lenin. Nota del editor.

de Inglaterra y de su monopolio en el mercado mundial *.
En mi opinión, las colonias propiamente dichas, es decir, las tierras ocupadas por población europea, Canadá, El Cabo, Australia, se harán todas independientes; en cambio, las tierras sólo sometidas, ocupadas por nativos, India, Argelia, las posesiones holandesas, portuguesas y españolas, el proletariado tendrá que tomarlas a su cargo por un tiempo y conducirlas a la independencia lo más rápidamente posible. Es difícil decir cómo se desarrollará exactamente este proceso. India quizás haga una revolución, incluso es probable, y como el proletariado que se libera no puede librar guerras coloniales, habrá que aceptarlo, con lo cual, naturalmente, no se producirá sin toda clase de destrucción. Pero tales cosas son inseparables de todas las revoluciones. Lo mismo puede ocurrir en otros lugares, por ejemplo, en Argelia y en Egipto, y para nosotros ** sería sin duda lo mejor. Tendremos bastante trabajo en casa. Tan pronto como estén reorganizadas Europa y América del Norte, esto dará una fuerza tan colosal y un ejemplo tal que los países semicivilizados vendrán por sí solos tras nosotros; de eso se encargarán ya las necesidades económicas. En cuanto a las fases sociales y políticas que estos países tendrán que recorrer entonces hasta llegar también a la organización socialista, sobre eso creo que sólo podríamos formular hipótesis bastante ociosas. Una sola cosa es indudable: el proletariado victorioso no puede imponer felicidad alguna a ningún pueblo extranjero sin socavar con ello su propia victoria **. Naturalmente, con esto no se excluyen de ningún modo las guerras defensivas de diverso tipo ***.

* Véase V. I. Lenin. Obras completas, 4ª ed., tomo 22, pág. 270. Nota del editor.
** Cursiva en el folleto de Kautsky. Nota del editor.
*** Véase V. I. Lenin. Obras completas, 4ª ed., tomo 22, págs. 336-337. Nota del editor.

CUADERNO «EL IMPERIALISMO»
La historia en Egipto ha sido maquinada por la diplomacia rusa. A Gladstone se le deja tomar Egipto (que aún está lejos de estar en sus manos, y si lo lograra, eso no significa en absoluto que lo conservaría) para que Rusia pueda apoderarse de Armenia; según Gladstone, tal conquista sería, a su vez, la liberación de un país cristiano del yugo mahometano. Todo lo demás en este asunto es apariencia, farsa, pretexto *. Pronto veremos si esta maquinación tiene éxito» 103.
«El final de la carta se refiere a la ocupación de Egipto por los ingleses tras el levantamiento egipcio bajo el liderazgo de Arabi Pasha. Recientemente se publicó sobre esta cuestión una carta de Engels del 9 de agosto de 1882, en la que previene contra el abordaje del movimiento nacional egipcio únicamente desde el punto de vista sentimental. De esto se dedujo que Engels acogió con especial simpatía la anexión de Egipto por los ingleses. Ahora vemos cuán poco corresponde esto a la realidad» ** (págs. 79-80).
QUADFLIEG. «LA POLÍTICA RUSA DE EXPANSIÓN 1774-1914»
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* Cursiva en el folleto de Kautsky. Nota del editor.
** Este párrafo constituye el epílogo de Kautsky a la carta de Engels. Nota del editor.
«La política rusa de expansión 1774-1914» del Dr. Franz Quadflieg. Berlín, 1914. «Mientras tanto Inglaterra, mediante el tratado de Kuwait, trasladó sus contradicciones con Rusia en la cuestión turca a Armenia y Asia Menor; Rusia trabaja secretamente en Armenia; Francia ansía apoderarse de Siria, y Alemania quiere poseer la región del Éufrates. De este modo, la cuestión turca, con pequeños intervalos, agitará a Europa quizás todavía un siglo, y la diplomacia rusa debe prestar más atención a la cuestión sudasiática. La política de expansión gigantesca de Rusia en Asia debe significar que también su futuro está en los mares; sin una flota fuerte y libre en sus movimientos no puede haber ninguna Asia rusa; el paso por el mar de Mármara tiene para la política naval rusa una importancia aún mayor, ya que Rusia perdió de nuevo en 1905 su posición favorable en Asia Oriental» (pág. 96).

«También después del tratado de reparto del 7 de agosto de 1907, los proyectos antes mencionados podían ser realizados sin violar los derechos establecidos en el tratado. Este tratado de 1907 divide Persia en tres partes: esferas de influencia rusa e inglesa y una zona común para ambas potencias. Los gobiernos de Inglaterra y Rusia se obligan mutuamente a no adquirir en las respectivas esferas de influencia concesiones de carácter político o comercial y a no ayudar a sus propios súbditos ni a los súbditos de terceros estados en su adquisición. Todo el norte de Persia, es decir, al norte de la línea Kasre-Shirin - Isfahán - Yezd - Kaj hasta el punto de intersección de la frontera persa-afgana-rusa, se cede a Rusia, mientras que a Inglaterra corresponderá la influencia en el este, es decir, al sureste de la línea Bender-Abbas - Kerman - Birdjend - Gazik» (pág. 134).
«El acto final de la política anglo-rusa es el acuerdo anglo-turco de Hakki Pasha en Londres en 1913, al que aún habrá que volver al examinar la política rusa en Asia Menor. Por este acuerdo, Inglaterra obtuvo el tramo final del ferrocarril de Bagdad, Basora - Bagdad, es decir, una parte más de la línea Chipre - India. Además, Turquía renunció al sultanato de Kuwait, el cual, ciertamente, siempre se encontró sólo en una débil dependencia de Turquía, y que ahora debía convertirse en un estado vasallo de Inglaterra. Con esto, toda la costa suroeste del golfo Pérsico, desde la desembocadura del Éufrates hasta el estrecho de Ormuz, se convierte en inglesa» (pág. 135).
«Los éxitos de la política rusa en Persia quedan por detrás de los éxitos de la política inglesa, ya que Inglaterra puede amenazar a Persia desde el mar» (pág. 136).
«Últimamente, Rusia ha vuelto a su anterior política de organizar levantamientos, es decir, utiliza de nuevo a sus armenios como agentes para provocar levantamientos en las regiones turcas; por lo demás, sobre esto, por supuesto, no se puede decir mucho por ahora. Inglaterra, por el contrario, se aprovechó de los disturbios balcánicos de 1913 para llevar a cabo reformas por vía pacífica, a fin de que Rusia no tuviera motivo para intervenir en los asuntos de Turquía, y si esto último resultara necesario, entonces sería llamada Inglaterra, pues Turquía le había prometido llevar a cabo reformas.

CUADERNO «EL IMPERIALISMO»
Por el tratado de Kuwait, Inglaterra garantiza al sultán las posesiones asiáticas de Turquía por 40 años, es decir, adquiere el derecho de volver a actuar como protectora de Turquía ante los intentos de conquista de Rusia y de arrebatar de nuevo a los rusos sus posibles adquisiciones. A cambio de esto, Turquía se obliga a realizar reformas en Armenia, Anatolia y, en general, en las regiones del Asia Menor con población parcialmente cristiana» (págs. 146-147).
«"Según los informes arriba mencionados, Inglaterra garantizó la integridad de la actual Turquía por 40 años, y esto es importante hoy con respecto a Rusia, que realiza trabajo de zapa en Armenia", escribe Rohrbach» * (pág. 147).
«Esta creación de una red de vías de comunicación, compuesta por ferrocarriles, vías fluviales y carreteras militares, muestra que Rusia no considera resuelta la cuestión sudasiática. Al contrario, esta construcción planificada demuestra que en el momento oportuno la cuestión de quién será el único dueño de Asia del Sur debe resolverse por las armas» (pág. 171).
«Ya en 1903, el príncipe Ito se pronunció a favor de una alianza ruso-japonesa, ya que la unión debería simplificar considerablemente el reparto del Imperio Chino y, sin embargo, permitiría satisfacer a cada uno de sus participantes» (pág. 173).
«El tratado del 17/30 de julio de 1907 entre Rusia y Japón indica una nueva dirección tanto en la política rusa como en la japonesa. Inglaterra quedó así aislada, y la alianza anglo-japonesa perdió en gran medida su valor» (págs. 173-174).
«Poco después del acuerdo ruso-japonés, Inglaterra concertó con Rusia la convención del 7 de agosto de 1907, por la cual Rusia renunciaba temporalmente a un nuevo avance en Afganistán» (pág. 174).
«La política de acercamiento ruso-japonés encontró su continuación en el tratado del 4 de julio de 1910, que se asemeja mucho a una alianza defensiva» (pág. 219).

* «Münchner Neueste Nachrichten» Nº 280, 4. IV. 1913. Nota del editor.
«Este tratado fue ampliado por un acuerdo complementario del 7 de mayo de 1911. Ambos estados se obligaron a respetarse mutuamente las respectivas esferas de intereses en Manchuria

y a rechazar cualquier injerencia externa. A cambio de esto, Japón concedió a Rusia plena libertad de acción en MONGOLIA» (pág. 220).
«Pero en este tiempo, Rusia comenzó a plantear la cuestión mongola, para lo que contaba con el consentimiento de los japoneses según el tratado del 7 de mayo de 1911. Basándose en la revolución y en que la política china de colonización, en la que a los colonos pacíficos seguían destacamentos militares, significaba una violación de los tratados existentes entre los manchúes y las tribus jaljas, los príncipes mongoles declararon la independencia de su región. Rusia se apresuró a reconocer la independencia de Mongolia, aunque no contribuyó en nada a su realización» (págs. 220-221).
«Aunque de este modo China conservó la apariencia de poder supremo sobre Mongolia, los periódicos rusos no andan tan desacertados al afirmar que Rusia sometió Mongolia a su protectorado. Aquí se han alcanzado los mismos resultados que la diplomacia rusa obtuvo en Corea antes de 1904. Esta vez Rusia, contando con la aprobación de Japón, puede ser más afortunada que entonces, cuando tuvo que luchar contra la resistencia de esta potencia» (pág. 221).
«La cuestión es sólo si China puede reorganizarse. China representa una masa compacta de 300 millones de habitantes, que aman su patria y están no poco exacerbados por el trato de los extranjeros a su país. En 1911 comenzó una revolución que terminó con la expulsión de los manchúes. Con ello China resolvió su primera tarea: el derrocamiento del poder extranjero, algo que intentó hacer con frecuencia, pero sin éxito. ¿Se convertirá Yuan Shikai, u otro cualquiera, en el reformador de China? Una vez despierta, China será un adversario más temible para la política rusa de expansión que Japón, y el príncipe Ujtomski tiene toda la razón al decir: "China renacerá por sus propias fuerzas, como ya ha ocurrido con frecuencia a lo largo de muchos milenios de su historia; este renacimiento se producirá más lentamente, pero quizás también más sólidamente que en Japón, y entonces el problema se planteará así: no Rusia o Japón, sino Rusia o China"» (pág. 222).
«El principio rector de la política balcánica rusa en el siglo XIX fue ambicionar el dominio de las regiones turcas, ya sea mediante la incorporación jurídico-estatal

CUADERNO «EL IMPERIALISMO»
de estos territorios al imperio ruso, o mediante la obtención de un dominium, basado en el derecho internacional, sobre Turquía como tal, o sobre una federación de estados balcánicos formados a partir del Imperio Turco. Este dominium podría transformarse posteriormente en una potencia de carácter jurídico-estatal.
Por muy diversas que pudieran haber sido en los distintos períodos las metas finales de Rusia en Asia Central y Meridional, incluida Asia Menor, todas ellas pueden reducirse a una fórmula. La meta final es someter primero el conjunto de los Estados aquí situados - Armenia con Turquía, Persia, Afganistán y los pequeños Estados adyacentes - a la influencia rusa, luego imponerles el protectorado ruso para, finalmente, incorporarlos a su imperio» (págs. 227-228).
«Temporalmente renunciaron a Corea y a parte de Manchuria, pero se aproximaron a los japoneses para anexionar con mayor seguridad al imperio Mongolia y la Manchuria Septentrional. En la actualidad, esta política, mediante la inteligente utilización de las singulares relaciones políticas y sociales que siempre han existido entre Mongolia y el estado dominante, China, conduce aparentemente a su meta con el consentimiento del gobierno japonés. De esto se desprende que también en Asia Oriental se ha llevado a cabo la expansión de manera consecuente, según un plan premeditado que se modifica en función de las circunstancias, pero que permanece inalterable en sus partes esenciales, con el objetivo de apoderarse directamente de enormes territorios hasta la muralla china y alcanzar la hegemonía en Asia Oriental.
Por lo tanto, será perfectamente correcto aceptar como conclusión final que la idea básica de la política rusa del siglo XIX fue la creación de un imperio mundial, entendiendo por imperio mundial un Estado tal en la determinación de cuyas fronteras definitivas no se toma en consideración ninguno de aquellos elementos que usualmente sirven de criterio para la formación de los Estados. Las fronteras a las que se aspira no coinciden ni con las fronteras de la nacionalidad, ni con las fronteras de la lengua común, ni de la raza, ni menos aún de la religión, la cual se toma aún menos en consideración; no están determinadas por el relieve del terreno y, por consiguiente, no coinciden siempre con las

fronteras naturales establecidas por la naturaleza» (págs. 230-231).
«"Las potencias mundiales", dice Sering, "siempre han monopolizado la tierra, fuente de todas las riquezas materiales". Las modernas potencias mundiales, Rusia, Inglaterra y América, van más lejos. Han ampliado sus imperios, o aspiran a ampliarlos, a todas las zonas, no en el sentido literal, sino de tal manera que todo lo que la tierra pueda dar pueda ser obtenido dentro de los límites de su imperio. Inglaterra ya ha alcanzado tal situación. Ocupa una cuarta parte de la superficie terrestre habitada y, según la orgullosa declaración de Chamberlain en la conferencia de primeros ministros de las colonias, no hay ningún producto que no pueda ser obtenido en alguna parte del imperio vastamente extendido. Rusia y América, si logran realizar sus planes de creación de imperios mundiales, abarcarán las otras dos cuartas partes de la superficie terrestre y se encontrarán en una situación tan favorable como el Imperio Británico» (pág. 234).
«El otro camino, referido especialmente a Alemania, lo caracteriza Schmoller del siguiente modo: "No queremos ni llevaremos a cabo una política mundial chovinista. No seguiremos los planes de una expansión ilimitada de la flota y del poderío naval, pero queremos ampliar nuestro comercio y nuestra industria lo suficiente para poder vivir y sostener la existencia de una población en continuo crecimiento; queremos defender nuestras colonias y, en lo posible, adquirir en algún lugar una colonia agrícola alemana; nos opondremos en todas partes al mercantilismo rapaz excesivo y a un reparto similar del mundo entre las tres potencias mundiales: Inglaterra, Rusia y América del Norte, que quieren apartar a todos los demás Estados y simultáneamente destruir su comercio". Pero por este último camino, con esperanza de éxito, sólo pueden transitar ahora algunas grandes potencias» (pág. 237).
«Inglaterra siempre ha sido amiga de la potencia más débil * para reducir a la más fuerte a un nivel en el que ya no sea peligrosa para Inglaterra. Primero, Inglaterra se unió a Holanda para aniquilar el poderío

* Cursiva de Quadflieg. Nota del editor.

CUADERNO «EL IMPERIALISMO»
de los españoles; luego, con Francia para poner fin al condominio de los Países Bajos en el mar; después apoyó a Federico el Grande para tener mejor oportunidad de desmembrar el imperio colonial de Francia; así se alió con Japón para contrarrestar el amenazante crecimiento del poderío ruso en las aguas de Asia Oriental; así se ha convertido hoy en amiga de Francia o Rusia para aniquilar la poderosa posición de Alemania en los mares; así se convertirá en aliada de Alemania tan pronto como ya no tenga nada que temer de la flota alemana, ya sea porque sea destruida, o bien porque Alemania renuncie voluntariamente a la rivalidad. Y entonces, el siguiente adversario de Inglaterra podría ser el Imperio zarista» (pág. 246).
La siguiente tabla ilustra el crecimiento de los ferrocarriles rusos (pág. 239):
Longitud total Asia Central Siberia y Manchuria
1858 1.165 km. km. km.
1878 22.910 » » »
1890 32.390 » 1.433 » »
1908 73.699 » 4.519 » 10.337 »
1909 76.284 » 6.544 » 10.337 »
«Los estados centrales de Europa: Alemania, Austria-Hungría e Italia, concertaron una alianza contra las tendencias agresivas de la política rusa y francesa. Esta alianza se mantuvo durante mucho tiempo, porque entre sus tres miembros sólo son posibles discrepancias insignificantes; tales discrepancias existen únicamente entre Austria e Italia, ya que Austria, en la frontera con Italia, todavía tiene una población de habla italiana, y esta contradicción se ve reforzada por las maquinaciones de los irredentistas italianos en Trieste y en el Tirol italiano; de modo que no se puede rechazar incondicionalmente la posibilidad de que esta asociación internacional, tan débilmente vinculada, se transforme en otra más sólida. Así pues, aquí se da el inicio de una asociación europea de estados. Tres grandes estados de Europa, ajenos a propósitos ofensivos, se han unido para contrarrestar el avance del eslavismo o, dicho con más precisión, la expansión de Rusia y de los pequeños Estados eslavos de la Península Balcánica dirigidos por el gobierno ruso» (págs. 248-249).

«La unidad de las potencias continentales europeas, tan necesaria frente a las potencias mundiales Inglaterra y Rusia - a las que se suma, como tercera potencia, la Unión Norteamericana con sus aspiraciones panamericanas, que han avanzado significativamente después del mensaje de Monroe - se desbarata con ello. Mientras los Estados europeos permanezcan desunidos, las tres potencias mencionadas pueden seguir adelante en el reparto del resto del mundo. Durante la lucha anglo-rusa en Asia, se puso de manifiesto que casi sólo estas dos potencias tenían importancia, y los demás Estados europeos desempeñaban un papel muy secundario. Como se indicó más arriba, Rusia, a lo largo de todo el siglo, a cortos intervalos, aquí y allá, aumentó su imperio; de igual modo, no pasaba un decenio sin que Inglaterra, desde la ocupación de Malta en 1800 hasta la conquista de las repúblicas bóeres en 1900, ampliara su gigantesco imperio. Si Rusia e Inglaterra se repartían el mundo extraeuropeo, los norteamericanos se reservaron especialmente todo el continente americano como objeto de conquista. Con ello, la política conquistadora rusa es sólo una repetición del imperialismo británico y del panamericanismo norteamericano; aunque en sus objetivos particulares difieren exteriormente, todos ellos tienen, sin embargo, una meta final: la creación de un Estado mundial autosuficiente, protegido del mundo exterior por una alta barrera aduanera. En el siglo XIX comenzó el movimiento para la creación de potencias mundiales; en el siglo XX se convertirá en el rasgo más característico de la política exterior de los Estados; esta tendencia se manifestará en la expansión de las potencias más grandes y en la asociación de los países más pequeños, así como de aquellas potencias que lleguen a la escena demasiado tarde, es decir, en la asociación de los Estados europeos, con excepción de Inglaterra y Rusia. Se confirmará lo que Chamberlain declaró en su discurso del 17 de enero de 1903 en Johannesburgo: "El tiempo de los Estados pequeños y de la mezquina rivalidad ha pasado; el futuro pertenece a las grandes potencias"» (págs. 254-255).