En agosto de 1912, hace más de año y medio, tuvo lugar un acontecimiento de considerable importancia en la historia del movimiento obrero de Rusia. En vísperas de las elecciones a la IV Duma Estatal, los liquidadores «se unieron», según sus palabras, con representantes de diversas corrientes en la Conferencia de Agosto, queriendo demostrar con esto que no eran liquidadores en absoluto, que no habían liquidado ni liquidaban nada, y que con ellos era perfectamente posible la «unidad» de organizaciones marxistas obreras serias, no ficticias.

La disputa entre los liquidadores y sus adversarios fue trasladada por esta Conferencia de Agosto a otro plano: la cuestión ya no solo era si la teoría y la táctica de los liquidadores eran correctas, sino también si su propia práctica confirmaba o refutaba sus palabras de liquidadores. ¿Era su Conferencia de Agosto una ficción, un fingimiento, un engaño, una vaciedad, o era un asunto serio, un paso sincero, algo real que demostrara la posibilidad de enmienda de los liquidadores?

Así se planteó la cuestión.

Con sus hechos, con la experiencia de su Conferencia de Agosto, los liquidadores debían dar respuesta a esta cuestión.

Ahora esa respuesta ha sido dada por la única entidad marxista, precisamente por los marxistas letones, a quienes todas las corrientes y fracciones, sin excepción, reconocían como marxistas que no habían infringido las decisiones del partido y que, por su parte, pasaron por la célebre experiencia de agosto. Nos comunican de fuentes plenamente informadas que ha finalizado la asamblea de los representantes supremos de los marxistas letones organizados de Rusia. El carácter supremo de esta asamblea de representantes de los marxistas letones organizados no ha sido discutido por nadie, por ninguna corriente, por ninguna fracción; al contrario, en la asamblea estuvieron presentes delegados autorizados y responsables no solo de la mayoría de los obreros de Rusia (los antiliquidadores), sino también de los liquidadores, de su institución dirigente de Agosto, así como del Bund y del PPS de izquierda.

La experiencia de año y medio de los bloques e instituciones de Agosto fue sometida a un examen y una valoración exhaustivos por parte de quienes habían pasado por esa experiencia, tratando de ayudar a los liquidadores a librarse del liquidacionismo.

¿Y a qué resultado condujo este examen y esta valoración?

«... El intento de los conciliadores — reza la decisión de los marxistas letones organizados — de unirse a toda costa con los liquidadores (Conferencia de Agosto de 1912) resultó inútil, y los unificadores mismos cayeron en una dependencia ideológico-política de los liquidadores...»

¡He aquí la decisión oficial de un colegio imparcial de marxistas, que contiene el desenmascaramiento completo y definitivo de la ficción de Agosto!

Aquello que nosotros habíamos dicho durante dos años, aquello que los liquidadores negaban con juramentos y reniegos, con millones de insultos a nuestra dirección, ha sido probado ahora y declarado oficialmente por los propios participantes de la Conferencia de Agosto, del Bloque de Agosto y de la institución dirigente de Agosto.

Los marxistas letones organizados han reconocido oficialmente que «en el centro de la lucha interna del partido durante los últimos cinco años se encuentra la cuestión de la tendencia liquidacionista», condenada desde hace tiempo por todo el partido, y que su representante letón es retirado de la institución dirigente de Agosto, pues esta institución (reza la decisión de los marxistas letones) «no se ha deslindado de los liquidadores».

Los acontecimientos, por consiguiente, han demostrado plenamente nuestra razón, desenmascarando una vez más a los liquidadores. Teníamos razón al decir que la Conferencia de Agosto era una ficción, un engaño, un fraude preelectoral corriente (en los partidos y grupos pequeñoburgueses). Los liquidadores no se atrevieron a ir a las elecciones con su propia bandera, con la defensa honesta de sus convicciones, sino que se escondieron tras el Bloque de Agosto, jurando y perjurando que ellos no liquidaban nada.

Los letones desenmascararon el engaño.

Y obsérvese que estos letones se habían mantenido y se mantienen en una posición neutral: ¡son tan neutrales que han decidido no entablar relaciones organizativas con ninguna parte de los marxistas organizados de Rusia! El desenmascaramiento de la ficción de Agosto y de la mascarada preelectoral de los liquidadores tiene tanto mayor peso cuanto que procede de organizaciones neutrales.

Tendremos que volver más de una vez a las decisiones de los marxistas letones, que han probado una y otra vez cuánta razón teníamos al decir que la unidad de los obreros marxistas de Rusia es posible solo contra los liquidadores. Señalemos aquí, para concluir, solo una decisión particularmente importante: la relativa al principio nacional en la organización marxista.

Los marxistas letones representan por sí mismos a los obreros de una nación privada de derechos y oprimida; trabajan ellos mismos en centros con una composición nacional muy abigarrada de la población. Por ejemplo, en Riga tienen que vérselas con el proletariado alemán, ruso, letón, judío y lituano. Y la experiencia de largos años ha consolidado plenamente en los marxistas letones la justeza del principio de la unidad internacional de las organizaciones locales de la clase obrera.

«... En cada ciudad — reza la decisión de los marxistas letones — debe existir una sola organización unificada de marxistas proletarios, que actúa sobre las bases reconocidas por el Congreso de Estocolmo y en concordancia con los comentarios de la Conferencia de toda Rusia de 1908.»

Es sabido que esos comentarios condenan directamente el principio de federación. No la federación de organizaciones obreras nacionales, sino la unidad internacional, una organización única que lleve a cabo el trabajo en todas las lenguas del proletariado local.

He ahí el único principio correcto del marxismo. He ahí la única réplica al socialismo de los filisteos nacionalistas que se esfuerzan por escindir nacionalmente al proletariado. He ahí la exigencia de cumplir la decisión de todo el partido, que el Bund ha infringido e infringe de la manera más escandalosa.

Toca a su fin el engaño que sembraron entre los obreros los liquidadores y los bundistas, que practicaban por su parte la escisión y se esforzaban por gritar más que nadie sobre la «unidad». La decisión de los marxistas letones, neutrales en nuestra lucha rusa, muestra definitivamente a todos los obreros que la unidad puede y debe construirse en la práctica solo contra aquellos escindidores que se niegan a cumplir la vieja y permanente exigencia de todo el partido de renunciar al liquidacionismo y a la división de las organizaciones obreras por nacionalidad.

«Put Pravdy» nº 50, 30 de marzo de 1914.

Se publica según el texto del periódico «Put Pravdy».