No es la primera vez que los obreros conscientes de Rusia se enfrentan a la representación colectiva de la clase obrera en la Duma de Estado. Y cada vez que se ha constituido dicha representación en la II, III y IV Duma (sin hablar de la primera, boicoteada por la mayoría de los socialdemócratas), se ha observado una divergencia entre las concepciones, las ideas y la orientación de la mayoría de la socialdemocracia y las de su representación en la Duma.

Se dispone de datos precisos sobre esta divergencia en lo que respecta a la segunda Duma de Estado. En la primavera de 1907 se determinó oficialmente y de manera indiscutible qué concepciones, orientaciones, corrientes o fracciones predominaban en la socialdemocracia y cuáles en la fracción socialdemócrata de la Duma.

Resultó que, enviando un delegado por cada 500 obreros socialdemócratas, los bolcheviques contaban entonces con 105 delegados, los mencheviques con 97 y los no adscritos a fracción eran 4.{117}

La mayoría estaba claramente del lado del bolchevismo.

Entre los socialdemócratas «nacionales», los polacos tenían 44 delegados, los bundistas 57 y los letones 29. Dado que entre los letones predominaban entonces con fuerza los adversarios del oportunismo, de los mencheviques y del Bund, también entre los «nacionalistas», en general, la correlación de «corrientes» era homogénea con la de la parte «rusa» de la socialdemocracia.

Mientras tanto, en la fracción socialdemócrata de la Duma había entonces 36 mencheviques y 18 bolcheviques, y entre los diputados de la curia obrera, 12 mencheviques y 11 bolcheviques. Es evidente que los mencheviques tenían la mayoría.

Así pues, en la socialdemocracia y en la fracción de la Duma las fuerzas de las «corrientes» se distribuían no de manera igual, sino de forma directamente opuesta.

¿Es esto una casualidad?

No. En todos los países del mundo se observa, por regla general, una composición más oportunista de los representantes parlamentarios de los partidos obreros en comparación con la composición de los propios partidos obreros. No es difícil ver la causa de este fenómeno: en primer lugar, todos los sistemas electorales de los países burgueses, incluso los más democráticos, limitan de hecho los derechos electorales de los obreros, ya sea por la edad (en Rusia se exigen 25 años), ya sea por el arraigo y la permanencia en el lugar de trabajo (medio año en Rusia), etc. Semejantes limitaciones recaen, por lo común, con mayor peso precisamente sobre las capas jóvenes, más conscientes y resueltas del proletariado.

En segundo lugar, los elementos no proletarios de los partidos obreros —los funcionarios de los sindicatos, los pequeños patronos, los empleados y, en especial, la «intelectualidad»—, con cualquier derecho electoral en la sociedad burguesa, se especializan más fácilmente (en virtud de sus ocupaciones, de su posición en la «sociedad», de su preparación, etc.) en la profesión «parlamentaria».

A las conclusiones que se derivan de este hecho y a cómo se presentaba la situación, en comparación con la II Duma, en la tercera y la cuarta, dedicaremos el próximo artículo.

«Pravda» núm. 191, 12 de diciembre de 1912. Firmado: V. I.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».