Como es sabido, el gobierno y los partidos contrarrevolucionarios cifraban esperanzas particularmente grandes en la colonización de los campesinos. Según el pensar de todos los contrarrevolucionarios, la colonización estaba llamada, si no a resolver de modo radical, al menos a atenuar considerablemente y neutralizar la cuestión agraria. He aquí por qué la colonización comenzó a ser especialmente encomiada y fomentada por todos los medios precisamente al acercarse, y luego al desarrollarse, el movimiento campesino en la Rusia europea.

Lo que los representantes del gobierno y los políticos más previsores, por ejemplo los octubristas, guardan en la mente, los reaccionarios sin tapujos, como el uro de Kursk, Markov 2º, lo llevan en la lengua. Y este diputado declaró con franqueza, con una loable rectitud, durante la discusión de la cuestión colonizadora en la Duma: «Sí, el gobierno debe resolver la cuestión agraria precisamente mediante la colonización» (1ª sesión).

No cabe duda de que, con una organización correcta de la colonización, ésta podría haber desempeñado cierto papel en el desarrollo económico de Rusia. Por supuesto, este papel no debe ser sobrestimado, incluso ahora, cuando la situación absolutamente insoportable de los campesinos es tal que el mujik ruso está dispuesto a huir no sólo a Siberia, sino al fin del mundo; incluso ahora, cuando a los campesinos con poca o ninguna tierra, para librarlos de la tentación de contemplar los latifundios de los terratenientes, se les alienta por todos los medios a colonizar y emigrar; cuando el decreto del 9 de noviembre ha facilitado enormemente a los colonos la liquidación de los restos de su hacienda en su lugar de origen; incluso ahora, como se ven obligados a reconocer los propios apologistas del incremento natural, el reasentamiento apenas absorbe una parte de ese incremento; y sólo en las gobernaciones que dan el más alto porcentaje de emigrantes (el sur, el oeste y el centro de tierras negras de Rusia), aquél iguala el incremento natural o lo supera ligeramente.

No obstante, todavía hay una considerable reserva de tierras libres en Siberia apropiadas para la colonización. Es cierto que se ha hecho muy poco para determinarla siquiera con una exactitud aproximada. Ya en 1896, Kulomzín calculaba la reserva de tierras colonizables en 130.000 lotes por alma. Desde entonces se han asignado diez veces más lotes, y la reserva aún no se ha agotado. Por el contrario, según los cálculos de la Administración de Colonización, para 1900 la reserva disponible de tierras aptas para la colonización se estimaba en 3 millones de lotes por alma para 6 millones de colonos. Como vemos, las cifras son extraordinariamente dispares; el margen de oscilación es muy considerable.

Sea como fuere, incluso descontando de estas últimas cifras un cierto porcentaje debido a la habitual autocomplacencia burocrática, es indudable que la reserva de tierras en Siberia aún existe y que, por consiguiente, la colonización allí podría tener cierta importancia tanto para Siberia como para Rusia, si tan sólo estuviera organizada de manera racional.

Precisamente esta *conditio sine qua non*[32] no se cumple por el actual gobierno. La organización actual de la empresa colonizadora muestra y demuestra una vez más que nuestro «antiguo régimen» es absolutamente incapaz de satisfacer las necesidades económicas más elementales de la población; la pésima organización de la colonización atestigua una vez más que los actuales amos de la situación son impotentes para hacer algo por el progreso económico del país.

A esclarecer la orientación, el carácter y la realización de la política colonizadora se dedicaron precisamente los discursos de los diputados socialdemócratas cada año durante la discusión del proyecto de presupuesto de la Administración de Colonización.

¿Qué objetivo persigue el gobierno con la colonización de los campesinos? Ésta es la cuestión fundamental que determina todas las demás, pues el objetivo de la política colonizadora del gobierno determina todo su carácter.

El diputado Vóiloshnikov, que intervino en nombre de la fracción socialdemócrata en la 2ª sesión de la Duma, caracterizó así las tareas que el gobierno se plantea en la colonización de los campesinos. «La política colonizadora -dijo el diputado Vóiloshnikov- es uno de los eslabones de toda la política agraria del gobierno. Los terratenientes necesitaban campesinos débiles y poco firmes como mano de obra barata, y el gobierno se esforzaba por todos los medios en frenar la colonización y mantener los excedentes de población en las regiones de origen. Pero esto no es todo: luchaba encarnizadamente contra la colonización espontánea y, con ello, trataba de cerrar esta válvula de seguridad; pero el incremento natural de la población de entonces continuaba, los tiempos cambiaron; se alzó la nube amenazadora del proletariado y del campesinado hambriento con todas sus consecuencias. El gobierno y los terratenientes se aferraron a la colonización, poniéndola, junto con el decreto del 9 de noviembre, en la base de su política agraria; pero allí, al aplicar el decreto del 9 de noviembre, la atención se concentró en los fuertes y firmes, en quitar la tierra a los débiles y entregarla a los campesinos firmes, y aquí se trata de bombear hacia Siberia la mayor cantidad posible de campesinos débiles; y aunque en los últimos tiempos se observa una tendencia a elevar el nivel medio del colono acomodado, sin embargo, la masa principal, en la terminología de Stolypin, la siguen constituyendo los débiles. En este bombeo intensificado participan también las comisiones de ordenación de tierras, o, diré yo, se las ha atraído a esa participación.

A las comisiones de ordenación de tierras se les ha impuesto la obligación de expedir y asignar parcelas a los colonos y, con ello, ajustar cuentas con los antiguos desórdenes agrarios. De ese modo, señores, el decreto del 9 de noviembre, la intensa propaganda de la colonización, el intenso bombeo de los débiles hacia Siberia y las comisiones de ordenación de tierras son dos caras estrechamente vinculadas de una misma cuestión, de una misma política. No es difícil ver que la aplicación del decreto del 9 de noviembre contribuye a que los firmes y fuertes se asienten en las parcelas a costa de los campesinos débiles y, con ello, contribuirá a expulsar a estos elementos débiles, poco aptos para la colonización, hacia regiones periféricas extrañas para ellos. Tanto en lo que respecta a la comunidad rural como en lo que respecta a la colonización, la política colonizadora del gobierno se ha guiado únicamente por los intereses de un puñado de terratenientes feudales y, en general, de las clases dominantes que oprimen a las masas obreras y al campesinado trabajador. Le es ajena la comprensión de las necesidades elementales del país y de las exigencias de la economía nacional» (sesión 77, 2ª sesión).

El que más plenamente puso al descubierto esta faceta de la cuestión fue el diputado Chjeidze (en su discurso en la 2ª sesión de la Duma de Estado), quien trazó un cuadro detallado de la política colonizadora en el Cáucaso.

El orador socialdemócrata, ante todo, demostró con hechos y cifras que todas las informaciones oficiales sobre tierras libres en el Cáucaso contradicen de la manera más flagrante la verdad. Subrayemos especialmente que el diputado Chjeidze, para evitar reproches de parcialidad y tergiversación, utilizó todo el tiempo datos oficiales e informes de funcionarios del gobierno. Según los datos recopilados ya en los años 80 por el antiguo ministro de Bienes del Estado, «sólo entre los campesinos del Estado asentados en tierras de la corona en el Cáucaso, en las cuatro gobernaciones de Transcaucasia, se contaban 22.000 almas completamente sin tierra, 66.000 con parcelas de hasta una desyatina por alma, 254.000 con parcelas de una a dos desyatinas, 5.013 almas con parcelas de dos a cuatro desyatinas: en total, alrededor de 1.000.000 de almas con parcelas inferiores a la norma mínima de asignación de los colonos asentados en el Cáucaso. En la gobernación de Kutaisi, de 29.977 hogares, se contaban sin tierra y con parcelas de hasta una desyatina por hogar, 2.541; de una a dos desyatinas, 4.227; de dos a tres, 4.016; de tres a cinco, 5.321 hogares. Según las informaciones más recientes, el número de aldeas que no tienen en absoluto tierras de la corona o que cuentan con poca extensión de ellas alcanza, en las cuatro gobernaciones de Transcaucasia, alrededor del 46%, y en la gobernación de Kutaisi se contaba alrededor del 33% de hogares no provistos. Por el informe del Comité de Bakú sobre las necesidades de la industria agrícola sabemos que tales aldeas poco provistas de tierra desprenden de su seno a los sin tierra, que se establecen junto a los que poseen parcelas considerables de tierra y permanecen en esa situación de dependencia durante muchos años. Y el senador Kuzminski, en su informe elevado al trono, dice lo siguiente: „Se ha observado que a veces la propia composición de los colonos está formada por personas que han abandonado la agricultura y que arriendan la tierra recibida con fines de colonización a sus convecinos o a campesinos nativos de la aldea vecina“. Así pues, ya hace 25 años, en Transcaucasia se contaban centenares de miles de campesinos del Estado, que, según parece, deberían estar más provistos que otras categorías de campesinos, a los que sin exageración se puede llamar peones. Ya hace unos 25 años, los campesinos locales se veían obligados a tomar en arriendo las tierras que se entregaban a los colonos».

Tales son los datos a partir de los cuales se puede juzgar sobre la provisión de tierras de los campesinos del Estado en el Cáucaso.

«En cuanto a los llamados campesinos temporalmente obligados -continuó el orador-, de las cartas de establecimiento se desprende que en la gobernación de Tiflis quedaron completamente sin tierra 1.444 hogares y 386 hogares no recibieron ni siquiera tierras de solar. Esto constituye el 13% del número total de campesinos de los terratenientes en la gobernación de Tiflis. En la gobernación de Kutaisi, el número de campesinos sin tierra al realizarse la reforma fue aún mayor. Incluso si se adopta la proporción del número total de siervos de la gobernación de Tiflis, aun así, en la gobernación de Kutaisi resultarán 5.590 hogares o 25.000 almas que no recibieron ni un pedazo de tierra al emanciparse los campesinos en el Cáucaso. Veinte años después de la reforma, en 1895 -continúa el autor del memorándum sobre la liquidación de las relaciones obligatorias-, se contaban campesinos sin tierra en la gobernación de Elisavetpol 5.308 hogares, o 25.000 almas de ambos sexos. En la gobernación de Bakú, 3.906 hogares u 11.709 almas sin tierra de ambos sexos. Y he aquí datos relativos a la provisión de tierras de los campesinos de entre los temporalmente obligados que no han redimido sus parcelas, pero que poseen alguna hacienda. En la gobernación de Tiflis, corresponden 0,9 desyatinas por alma, y en la gobernación de Kutaisi, 0,6 desyatinas. De los que han redimido, corresponden por alma en la gobernación de Tiflis 1,7 desyatinas, y en la gobernación de Kutaisi, 0,7 desyatinas. Tal es la provisión de tierra de los campesinos que poseen alguna hacienda. Una característica general de la situación económica de los campesinos en el Cáucaso la da el informe del comité gubernamental de Kutaisi sobre las necesidades de la industria agrícola. Según datos extraídos de diversas investigaciones oficiales, la cantidad de campesinos que experimentan una grave necesidad alcanza en la gobernación de Kutaisi hasta el 70%. Es más, aquí se menciona también que la grave necesidad en la gobernación de Kutaisi la experimenta el 25% de los nobles.

Tales propietarios de parcelas de tierra -prosigue el informe- pueden conservar su independencia económica sólo a condición de disponer de ingresos complementarios y se ven completamente privados de la posibilidad de hacer gastos en mejoras, en inventario y en abono de los campos. La gran demanda no ha podido dejar de influir en el valor de las parcelas de arriendo, que alcanza el 60% del ingreso bruto en el sistema de aparcería, y a veces, cuando se paga una cantidad determinada de productos de la tierra, en los años de mala cosecha supera el ingreso bruto. La cesión de tierra en arriendo a cambio de dinero se encuentra raramente, y la renta de arriendo llega hasta 30 rublos por desyatina al año. Esto es en la gobernación de Kutaisi. Y he aquí algunos datos relativos a la provisión de tierras de los campesinos en cuatro uyezds de la gobernación de Elisavetpol. Aquí, sobre la base de informaciones acerca de todos los campesinos que viven en tierras de los propietarios, tenemos que en cuatro uyezds de la gobernación de Elisavetpol, a saber: Dzhebrail, Zangezur, Shushá y Dzhevanshir, la provisión de tierra alcanza a 0,6 desyatinas por alma. Según el cálculo del senador Kuzminski, en el uyezd de Lenkorán, gobernación de Bakú, la parcela media por alma de sexo masculino entre los colonos asentados en tierras de los propietarios llega a 0,5 desyatinas. En el uyezd de Kubá, a 0,9 desyatinas. Tal es, señores -concluyó el orador-, la provisión de tierra de los campesinos en Transcaucasia».

Si en lo que respecta a la escasez de tierra la situación de los campesinos del Cáucaso difiere poco de la situación de los campesinos en Rusia, cabe preguntarse: ¿de dónde se forma entonces el fondo de tierras de colonización en el Cáucaso y por qué se realiza allí la emigración, en lugar de proceder al reasentamiento de los campesinos locales?

El fondo de colonización se forma mediante la violación flagrante de los derechos territoriales de los nativos, y la colonización desde Rusia se lleva a cabo en loor del mismo principio nacionalista de la «rusificación de las regiones periféricas».

El diputado Chjeidze aportó una serie de datos, extraídos asimismo de fuentes oficiales, sobre cómo poblados enteros de nativos eran desalojados de los lugares que habitaban en interés de la formación del fondo de tierras de colonización, cómo se fraguaban procesos judiciales enteros para justificar la expropiación de las tierras de los montañeses (informe del mariscal de la nobleza, príncipe Tsereteli, al ministro del Interior sobre la aldea montañesa de Kiknavéleti, uyezd de Kutaisi), etc. Y todo esto no son hechos aislados y excepcionales, sino «casos típicos», como constata también el senador Kuzminski.

Como resultado, entre los colonos y los nativos se crean relaciones directamente hostiles. Así, por ejemplo, cuando la sociedad de Alar fue expulsada de sus tierras, «desalojada», como se expresa el senador Kuzminski, «sin asegurarle tierra, a merced del destino», los colonos que se apoderaron de su tierra fueron armados a expensas del erario: se ordenó a los jefes de uyezd locales que «se preocuparan de proveer de armas a los campesinos de las nuevas aldeas de Mugán, incluidos los de Pokrovka, con fusiles Berdan a razón de 10 fusiles por cada 100 hogares». Interesante ilustración para caracterizar el «curso nacionalista» de la política contemporánea.

No obstante, los diputados derechistas de la Duma de Estado señalaban con triunfo la existencia de un fondo de colonización de 1.700.000 desyatinas de tierra, como informa el virrey del Cáucaso. Sin embargo, como atestigua también el virrey, casi la mitad de este fondo ya está ocupada por colonos, y una parte considerable se encuentra en lugares donde, como confirma asimismo el virrey, es físicamente imposible para un agricultor no acostumbrado llevar una hacienda.

El diputado Chjeidze caracterizó también cómo el gobierno instala a los nuevos colonos en los lugares de destino. «El insuficiente abastecimiento de agua y riego de las parcelas de los colonos -se dice en el memorándum del virrey-, principalmente en las regiones orientales de Transcaucasia, es una de las causas principales de la partida de retorno de colonos ya asentados allí. De la región del Mar Negro, los nuevos colonos huyen por la falta de caminos aptos para el tráfico rodado, no sólo entre los distintos puntos poblados, sino dentro de los límites de las propias parcelas de los colonos. A esto se debe agregar que las condiciones climáticas desfavorables, no acostumbradas por los colonos, acompañadas en muchas localidades del Cáucaso de enfermedades palúdicas que aniquilan no sólo a las personas, sino también al ganado, a su vez, contribuyen, no menos que la falta de caminos, a la huida de la región de los colonos menos resistentes. Bajo la influencia de las causas expuestas, se observa incesantemente la emigración desde las gobernaciones de Elisavetpol, Bakú y la provincia de Daguestán, así como desde las gobernaciones de Tiflis y del Mar Negro».

Como resultado, he aquí cómo valora los resultados de la colonización en el Cáucaso el propio virrey: «La actitud practicada hasta los últimos tiempos hacia la población caucásica en sus asuntos de tierras -dice el virrey- no puede ser tolerada por más tiempo, y ya porque, indudablemente, desempeña un papel bastante visible en el temple revolucionario de la población rural».

Tareas completamente análogas persiguen el gobierno y las clases dominantes al colonizar a los campesinos en Siberia; también en este caso, persiguiendo fines políticos, no se toman en cuenta en absoluto ni los intereses de los colonos ni los derechos de los antiguos residentes.

En los lugares de emigración, en Rusia, el encargo de la empresa colonizadora está encomendado ahora a las comisiones de ordenación de tierras, a los jefes de zemstvo y a los gobernadores. Profundamente interesados en diezmar al campesinado local con poca o ninguna tierra, en dejarlo en las regiones de origen sólo en la medida necesaria para las necesidades de la gran propiedad territorial (como proveedores de fuerza de trabajo asalariada), las comisiones de ordenación de tierras «desalojaban» a los pobres con tanta energía que incluso suscitaban las quejas de la Administración de Colonización. «Las comisiones de ordenación de tierras -protestaba un funcionario de colonización- forman grupos de indigentes completos, que ya en el lugar de partida necesitan subsidios de viaje, préstamos no para construir una casa, sino para alimentarse; pero si, como excepción, se encuentra algún colono con pequeñas reservas de dinero, lo gasta todo en el viaje y la alimentación».

Y estos «débiles», hijastros de una política agraria que proclamó como lema la «apuesta por los fuertes», son transportados en masa a Siberia en vagones de ganado no acondicionados, atestados de ancianos, niños y mujeres embarazadas. En estos mismos vagones de ganado (con la famosa inscripción: «40 personas, 8 caballos»), los colonos preparan la comida, lavan la ropa; aquí mismo yacen a menudo enfermos contagiosos, a quienes los colonos suelen ocultar por miedo a que los bajen del tren y se queden rezagados del grupo. En los puntos terminales y en las estaciones, a los colonos los desembarcan, en el mejor de los casos, en tiendas instaladas especialmente; en el peor, directamente a la intemperie, bajo el sol y la lluvia. El diputado Vóiloshnikov contó en la Duma cómo él mismo observó en el puesto de Srétensk enfermos de tifus que yacían sin protección bajo la lluvia. Y condiciones de viaje de los colonos como las citadas más arriba, dos ministros (Stolypin y Krivoshéin) las consideraban «soportables»: «las condiciones sanitarias del traslado de los colonos son soportables -informan ellos en su más humilde comunicación al trono-; en el camino, muchos encuentran incluso comodidades a las que no están acostumbrados». ¡En verdad, no hay límites para la autocomplacencia burocrática!

Padeciendo tales tribulaciones en el camino hacia «la tierra prometida», los colonos más pobres no encuentran la felicidad tampoco en Siberia. He aquí, por ejemplo, cómo caracterizaba el diputado Vóiloshnikov, con citas de los informes oficiales, su instalación en los nuevos lugares.

Un funcionario (funcionario para misiones especiales de la Administración de Colonización) escribe: «La mayoría de las parcelas están dispersas en lugares pantanosos y de bosque denso, sin agua, sin tierras de cultivo, sin pastos». Otro añade: «La cuestión de los préstamos ha perdido por completo su carácter de ayuda para la construcción de viviendas; el monto de los préstamos en sí mismo es demasiado pequeño para prestar una ayuda sustancial para la construcción de la casa. El orden establecido de concesión de préstamos ha convertido este asunto en pura filantropía: es imposible construirse una casa y alimentarse durante dos años con 150 rublos de préstamo».

Y he aquí, como ejemplo, la descripción de las condiciones sanitarias de los nuevos colonos en esos mismos informes oficiales.

«Después del tifus -escribe un funcionario[33]-, no menor extensión adquirió aquí el escorbuto; en casi todas las aldeas, en todas las cabañas hay enfermos de esta enfermedad o candidatos a ella. A menudo, en una misma cabaña yacen enfermos de una y otra enfermedad. En la parcela Okur-Shaski me tocó ver el siguiente cuadro: el dueño de la casa yace con tifus en la fase de descamación, su mujer embarazada está extremadamente débil por falta de alimentación; el hijo, un muchacho de unos 12 años, con las glándulas hinchadas y escorbuto; la hermana de la mujer, con escorbuto, no puede caminar, tiene un niño de pecho; su hijo de diez años, con escorbuto, hemorragia nasal y debilidad en las piernas; y sólo su marido está sano de toda la familia.

Tras el escorbuto y el tifus viene la ceguera nocturna. Se pueden encontrar aldeas en las que literalmente todos los colonos, sin excepción, están ciegos. Los grupos de parcelas a lo largo del río Yemná están formados en medio de un bosque denso y pantanoso continuo, donde no hay ni tierras de labor ni prados de siega, y en dos o tres años los nuevos colonos apenas habían podido roturar sus solares y construir míseras chozas. De pan propio, ni hablar; se alimentaban exclusivamente con el préstamo, y cuando éste se agotó, sobrevino una espantosa falta de pan; muchos literalmente pasaban hambre. A la falta de pan hay que añadir la falta de agua potable.»

Semejantes informes se encuentran a cada paso. Por muy horribles que sean estas comunicaciones oficiales, es evidente que, aun así, no cuentan todo lo que hay y, de ese modo, embellecen la realidad. Por ejemplo, el príncipe Lvov, que visitó el Lejano Oriente como delegado de la organización general de los zemstvos, hombre, como se sabe, de opiniones moderadas, caracteriza así la colonización en el territorio de Priamurie:

«El aislamiento del mundo, como en una isla deshabitada, en medio de los montículos pantanosos de la taiga impenetrable, de valles y montañas empantanados, las condiciones completamente salvajes de vida, trabajo y alimentación naturalmente abruman al colono pobre y débil de espíritu. Cae en la apatía, después de agotar su pequeña reserva de energía al comienzo mismo de la lucha con la naturaleza severa, construyéndose una vivienda miserable. El escorbuto y el tifus se apoderan del organismo agotado y lo llevan al cementerio. En muchas aldeas de 1907 hay una mortalidad sencillamente increíble, del 25 y 30 por ciento. En ellas hay tantas cruces como hogares, y no pocas aldeas están condenadas a ser trasladadas en masa a nuevas parcelas o al cementerio. ¡Cuántas lágrimas amargas de familias desdichadas, qué entierros costosos a cuenta del Estado en una remota periferia, en lugar de colonización! No se repondrán pronto los restos, quebrantados por la taiga, de la intensificada ola de colonos del año pasado. Muchos morirán todavía, muchos huirán, regresarán a Rusia, desacreditarán la región con relatos de sus calamidades, asustarán y detendrán la colonización ulterior. No en vano este año se produce un movimiento de retorno sin precedentes desde la provincia de Primorie y una afluencia de colonos cinco veces menor hacia ella.»

El príncipe Lvov se horroriza, con razón, del aislamiento y el abandono del colono en las inmensas taigas siberianas, especialmente con la falta de caminos de Siberia. Se puede uno imaginar con qué brillo se lleva a cabo allí ahora la implantación de haciendas aisladas y la parcelación en lotes individuales (otruba), pues los mismos dirigentes de la política agraria proclamaban «la necesidad de un viraje decisivo (!) en la política agraria en Siberia», «la creación y consolidación de la propiedad privada», «la consolidación de las parcelas en manos de campesinos individuales sobre la base del decreto del 9 de noviembre de 1906», «la asignación de parcelas a los colonos, en lo posible con la distribución de la tierra en *otruba*»[34], etc.

Es completamente natural que, en tales condiciones de colonización, según los datos de la Administración de Colonización, del número de colonos asentados en los años 1903-1905, el 10% no tenía ni una sola cabeza de ganado de trabajo, el 12% tenía sólo una cabeza de ganado de trabajo, el 15% no tenía vaca y el 25% no tenía arado (del discurso del diputado Gaidárov en la 1ª sesión, quien intervino entonces en nombre de la fracción socialdemócrata). Con pleno derecho, por lo tanto, el diputado Vóiloshnikov, apoyándose también en las comunicaciones oficiales, resumió la política de colonización en los años 1906-1908 de la siguiente manera.

«En el transcurso de tres años, 1906, 1907 y 1908, fueron trasladadas más allá de los Urales 1.552.439 almas de ambos sexos, la mitad de ellos indigentes, atraídos por la propaganda gubernamental a regiones desconocidas, condenados a merced del destino. De ellos, se asentaron —según escribe la Administración de Colonización— 564.041 personas, regresaron 284.984 almas de ambos sexos. Así pues, según los datos de la Administración de Colonización se sabe de 849.025 personas, ¿adónde han ido a parar las demás? ¿Dónde están esos 703.414 personas? Señores, el gobierno conoce perfectamente su triste suerte, pero no dirá nada sobre ellos; una parte de ellos se ha inscrito en las aldeas de los antiguos residentes, otra parte ha engrosado las filas del proletariado siberiano y anda con la mano extendida.

Pero a una parte enorme el gobierno les ha hecho costosos funerales, y he ahí por qué el gobierno calla sobre ellos.»

Así se justifican las esperanzas de Markov 2º de «resolver la cuestión agraria» mediante la colonización. Ante tales hechos, incluso los representantes octubristas del gran capital se vieron obligados a reconocer «los defectos de la empresa colonizadora». Ya en la 1ª sesión, los octubristas expresaron el deseo (y la Duma aceptó ese deseo) de que se «modificaran y mejoraran las condiciones de traslado de los colonos», se «crearan en las regiones de asentamiento las condiciones necesarias para su desarrollo cultural y económico», y se «respetaran, al asignar las tierras y asentar a los colonos, los intereses y derechos del campesinado local y de la población alógena». Por supuesto, estos deseos cautelosos y deliberadamente equívocos han seguido siendo hasta ahora «voz que clama en el desierto». Y los pájaros carpinteros octubristas los repiten pacientemente año tras año…

«Nevskaya Zvezdá» nº 11, 3 de junio de 1912. Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico «Nevskaya Zvezdá»

Anuncio de la conferencia de V. I. Lenin «El auge revolucionario del proletariado ruso». – 13 de junio de 1912. (Reducido)