En Rusia, como en todos los países capitalistas, se produce la concentración de la producción, es decir, su agrupación cada vez mayor en un número reducido de empresas grandes y muy grandes.

Bajo el régimen capitalista, cada empresa individual depende por completo del mercado. Y con esta dependencia, cuanto más grande es la empresa, tanto más barato puede vender su producto. El gran capitalista compra más barato las materias primas, las utiliza de modo más económico, emplea mejores máquinas, etc. Los pequeños propietarios se arruinan y perecen. La producción se concentra cada vez más, se concentra en manos de unos pocos millonarios. Los millonarios suelen fortalecer aún más su poder mediante sociedades anónimas, que les entregan los capitales de los medianos propietarios y de la «pequeñoburguesía».

He aquí, por ejemplo, los datos sobre la industria fabril en Rusia en 1910 en comparación con 1901{44}.

Tal es el cuadro habitual en todos los países capitalistas. El número de pequeños establecimientos disminuye: la pequeña burguesía, los pequeños patronos se arruinan y perecen, pasan a las filas de los empleados, a veces de los proletarios.

El número de las empresas más grandes crece rápidamente, y aún más crece su participación en toda la producción.

De 1901 a 1910, el número de las fábricas más grandes, con más de 1.000 obreros, aumentó casi en una vez y media: de 243 a 324.

En ellas había en 1901 alrededor de medio millón (526 mil) de obreros, es decir, menos de un tercio del total, y en 1910 llegó a más de 700 mil, más de un tercio del total.

Las fábricas más grandes ahogan a las pequeñas y concentran cada vez más la producción. Masas cada vez mayores de obreros se reúnen en un número reducido de empresas, pero toda la ganancia del trabajo de los millones de obreros unidos va a parar a un puñado de millonarios.

«Pravda» nº 89, 12 de agosto de 1912. Firmado: T.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»