La polémica de «Nóvaia Rabóchaya Gazeta» contra los seis diputados obreros adquiere últimamente un carácter cada vez menos serio, cada vez menos ideológico y cada vez más pendenciero. Tanto más necesario es reconducir esta polémica hacia un examen serio de las cuestiones en disputa; seguramente cualquier obrero consciente estará de acuerdo con nosotros en esto.

He aquí los «nombres sonoros» que esgrimen los liquidadores. Tsereteli y Geguechkori condenan a los seis; la «institución dirigente» de la Conferencia de Agosto (1912) también los condena. Por enésima vez insultan a los seis tildándolos de escisionistas y proclaman la «unidad».

Por enésima vez, sin inmutarnos por los insultos ni el ruido, exhortaremos con calma a los obreros a reflexionar y a estudiar la cuestión.

La unidad es necesaria para la clase obrera. La unidad se realiza únicamente mediante una organización única, cuyas decisiones sean aplicadas por todos los obreros conscientes no por temor, sino por convicción. Discutir la cuestión, expresar y escuchar distintas opiniones, conocer el punto de vista de la mayoría de los marxistas organizados, expresar ese punto de vista en una decisión adoptada en ausencia[30], cumplir concienzudamente esa decisión: he ahí lo que en todo el mundo, entre toda la gente sensata, se llama unidad. Y esa unidad es infinitamente valiosa, infinitamente importante para la clase obrera. Obreros dispersos no son nada. Obreros unidos lo son todo.

Cabe preguntarse: ¿existen datos tales que permitan a cualquier obrero consciente, deseoso de estudiar por sí mismo la cuestión en disputa, juzgar acerca de la realización de la unidad entre los obreros socialdemócratas en los últimos años?

Hay que esforzarse en recopilar esos datos, verificarlos y publicarlos como material para la ilustración, la cohesión y la organización de los obreros.

Desde abril de 1912 existió el periódico «Pravda», cuya orientación siempre (ningún adversario suyo lo ha negado) se correspondió estrictamente con aquellas decisiones que, desde entonces, fueron adoptadas en tres ocasiones (una en 1912 y dos en 1913) por la institución dirigente de los marxistas. ¿Por qué número de obreros fueron reconocidas esas decisiones (sobre todas las cuestiones de la vida obrera: en total fueron unas cuarenta decisiones) y llevadas a la práctica?

A esta pregunta —evidentemente muy importante e interesante— solo se puede dar una respuesta aproximada, pero basada en hechos completamente exactos, objetivos y no recopilados unilateralmente. En 1912 y 1913 hubo, la mayor parte del tiempo, dos periódicos obreros que exponían puntos de vista diferentes ante la masa obrera. En ambos periódicos se publicaban informes de los grupos obreros que realizaban colectas para apoyar a uno u otro periódico. Ni que decir tiene que los grupos obreros que enviaban colectas a favor de tal o cual periódico demostraban con ello de hecho (y no de palabra) su simpatía por su orientación, su decisión de defender las soluciones que compartían.

La publicación de estos datos en ambos periódicos en disputa es la mejor garantía contra errores, que son corregidos por los propios obreros interesados. He aquí esos datos, ya publicados muchas veces y jamás refutados por nadie, ni sustituidos por otros: en casi dos años, desde enero de 1912 hasta octubre de 1913, el número de colectas obreras de grupo fue de 556 para «Luch», de 2181 para «Pravda» y de 395 para el periódico obrero de Moscú.

Se puede afirmar sin temor que ninguna persona, salvo que esté cegada por algo especial, dudará en reconocer la mayoría (y una mayoría abrumadora) a favor de los pravdistas. Los pravdistas construyen —lentamente, pero de manera firme— la auténtica unidad de los propios obreros, unidos por decisiones únicas y que las aplican a conciencia. Por primera vez en Rusia, durante un período tan prolongado, un periódico marxista diario, que defiende cuidadosamente decisiones únicas y precisas, agrupa de manera cada vez más sistemática y sólida a los grupos obreros diseminados por todo el país.

¡He ahí la unidad de los obreros en los hechos, no de palabra! Esto, por supuesto, está lejos de ser todo, pero ya es un hecho, y no palabras, ni una vana propaganda.

¡Pero Tsereteli, Geguechkori, la «institución dirigente de agosto», al igual que todos los demás liquidadores, eluden obstinadamente los hechos!

¡Gritan sobre la «unidad», soslayando que precisamente los liquidadores, hallándose en una minoría manifiesta entre los obreros conscientes, son quienes precisamente violan la unidad, saboteando la voluntad de esa mayoría!

Ninguna exclamación, ningún grito, ninguna palabra injuriosa refutará este hecho simple y claro. Solo con una sonrisa podemos acoger la referencia de la «institución dirigente de agosto, etc.» a distintas «instituciones» y grupos. Piénsenlo, señores: ¿qué valor tienen «instituciones y grupos» si detrás de ellos no hay obreros en absoluto o hay una minoría manifiesta de estos? Tales «instituciones y grupos» son precisamente instituciones escisionistas, si no llaman a todos los obreros a cumplir la voluntad de la mayoría.

La experiencia de la animación de dos años en el movimiento obrero confirma cada vez más los puntos de vista de los pravdistas. La experiencia de la unión de los obreros en Rusia en torno a decisiones determinadas de los marxistas muestra cada vez con mayor claridad los éxitos, el crecimiento y la fuerza de nuestra organización. Es comprensible que avancemos con mayor osadía y más rapidez por ese mismo camino, sin inmutarnos ni por injurias, ni por gritos, ni por nada más.

«Za Pravdu» núm. 50, 3 de diciembre de 1913.

Publicado según el texto del periódico «Za Pravdu».