«Estamos acostumbrados a pensar —escribe el editorialista de *Rech*— que los marxistas reconocen a los kadetes el significado de un partido democrático, aunque sea con ese molesto añadido: “burguesa”» (es decir: democrático-burguesa).

Es difícil imaginar una ignorancia política más profunda por parte de «personas cultas» que leen literatura marxista. Involuntariamente surge la pregunta: ¿no será que a veces el cálculo los obliga a fingirse ignorantes?

Desde 1906, nosotros hemos explicado cientos y miles de veces que los kadetes no son demócratas, sino la burguesía liberal-monárquica. En la primavera de 1907, las decisiones oficiales de los marxistas de todos los confines de Rusia, conocidas por toda persona políticamente instruida, confirmaron esto y declararon a voz en grito que los kadetes son el partido de la burguesía liberal-monárquica, que su democratismo es «hipócrita», que tras los kadetes va una parte de la pequeña burguesía «sólo por fuerza de la tradición (la costumbre ciega a lo habitual, a lo viejo) y siendo directamente engañada por los liberales»{155}.

Desde entonces, estas ideas se han repetido y desarrollado cientos y miles de veces.

Y los kadetes aseguran, como si nada, ¡que están «acostumbrados a pensar» que los marxistas los consideran demócratas! En verdad: peor que cualquier sordo es aquel que no quiere oír.

Los liberales se distinguen de los conservadores (centurias negras) en que representan los intereses de la burguesía, la cual necesita progreso y un orden jurídico más o menos estructurado, observancia de la legalidad, constitución, garantía de cierta libertad política.

Pero esta burguesía progresista teme aún más a la democracia y al movimiento de masas que a la reacción. De ahí las eternas aspiraciones de los liberales a hacer concesiones a lo viejo, a pactar con ello, a defender muchos fundamentos esenciales de lo antiguo. Y todo esto conduce a la completa impotencia del liberalismo, a su timidez, a sus medias tintas, a eternas vacilaciones.

La democracia representa a la amplia masa de la población. El demócrata no teme al movimiento de masas, sino que cree en él. En Rusia, la democracia son los trudovikí y, en general, los «narodnikis» de izquierda. Los marxistas los llaman demócratas burgueses no por «ofender», sino porque ningún reparto de la tierra ni ningún cambio del Estado en el sentido del democratismo elimina aún la dominación del capital, la dominación del régimen burgués.

La política de los demócratas obreros es clara. Reconocemos acuerdos con los liberales contra la derecha sólo en la segunda etapa de las elecciones y sólo allí donde no es posible vencer a los liberales junto con los demócratas. Luchamos junto a todos los demócratas burgueses mientras éstos sean fieles a su democratismo.

«Pravda» n.º 75, 26 de julio de 1912.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».